¡Sálvese quien pueda!

Por Venezuela Real - 4 de Junio, 2007, 17:28, Categoría: Seguridad/Inseguridad

Willmer Poleo Zerpa
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04 de Junio de 2007

Las autoridades parecieran haber decretado desde hace algunos meses una tregua unilateral en la guerra contra el hampa. La policía no termina de subir a los cerros, donde la ley la imponen las bandas armadas, que incluso se dan el lujo de allanar viviendas. Los hampones se pasean desafiantes exhibiendo sus armas de fuego en busca de alguien a quien matar, sea o no su enemigo. El patrullaje policial en avenidas y urbanizaciones es escaso, casi imperceptible. Ya no existen los policías punto a pie. Los planes de seguridad quedaron reducidos a los puntos de control. Los arrebatones están a la orden del día. A los ladrones de vehículos y a los motobanquistas no hay quien los detenga. El ciudadano común y silvestre camina apuradito por las calles, las viejitas aprietan con fuerza su cartera; el uso de cadenas y prendas de oro está totalmente prohibido. Los celulares son guardados en los bolsillos; los que van en sus vehículos, los hacen con los vidrios arriba y los seguros activados y apenas se detienen en un semáforo comienzan a ver para todos lados en una actitud pre-paranoica. Las autoridades conocen de la situación, saben de la magnitud del problema, pero no se animan a retomar la guerra y romper la tregua. Siguen a la espera de la promulgación de la Ley de Policía Nacional, ahora en manos del Presidente de la República. Parecieran confiar en que esa es la panacea para resolver todos los males. !Sálvese quien pueda¡, grita Paula histérica.

Alarma.

Desde hace años debieron sonar las alarmas en el país. Algo muy, pero muy grave, está pasando y lo más grave es que no hay respuestas de ningún tipo. Una mujer fue abandonada por su esposo y comenzó relaciones sentimentales con una jovencita. La mujer, sin más ni más, le pidió a su hijo que contratara a unos sicarios para matarlos a los dos. El marido se salvó porque cuando los criminales acribillaron a la muchacha, la policía los agarró, porque después iban a por él. Hace unos meses un simple choque de automóviles desencadenó en la muerte a balazos de uno de los involucrados, que resultó ser un ingeniero. También, hace cosa de ocho meses, un hombre al que su mujer había abandonado y se negaba a reanudar la relación, contrató a dos policías para que la matasen y en efecto, éstos subcontrataron a dos hampones que le dieron muerte. Todos los días ocurren casos similares.


La vida no vale nada.

De un tiempo a esta parte todo pareciera resolverse a plomo limpio. La mayoría de los asaltos terminan en asesinatos. Las simples peleas en las barriadas, que anteriormente se resolvían "como los hombres" a puños, ahora culminan en prolongadas balaceras. Todo esto me hace recordar una consigna muy empleada por nuestra generación, por allá por las décadas de los 70 y los 80, ante las arremetidas de los cuerpos policiales en contra de los estudiantes: "Policía, pregúntale a tu mamá cuanto vale un hijo". El Estado (gobierno, iglesia, medios de comunicación, la empresa privada, la escuela y demás instituciones) debería emprender una campaña agresiva en rescate de los valores morales, en defensa de la vida, a favor de la paz. Es cuestión de poner las barbas en remojo. La experiencia de nuestro vecino país (salvando las distancias) es demasiado triste y dolorosa como para que nos hagamos la vista gorda y volteemos la mirada hacia la otra acera. Hay que apostarle al diálogo, a las negociaciones y buscar nuevas vías para resolver los conflictos. Lo otro, es confeccionar, de una vez por todas, el desarme de la población. Definitivamente no puede ser que en este país todo el mundo quiera estar armado y que las balas y municiones sean de fácil acceso, como comprar un tornillo en una ferretería.


El retorno del descaro.

Este jueves dos antisociales asaltaron en un centro comercial de Chacaíto a dos custodios de una empresa de transporte de valores y se apoderaron de una remesa de Bs. 250 millones. Se desplazaban en una motocicleta, que habían dejado aparcada en el estacionamiento. Cuando escapaban, fueron escoltados, por un hombre, trajeado con un uniforme de la Policía Metropolitana, que se desplazaba en una motocicleta XT de color azul, similar a las utilizadas por el organismo de seguridad. Para los investigadores de la policía científica no hay dudas de que se trata de un agente policial activo.


Es el colmo del descaro. Esas son las consecuencias de la impunidad.

 "... no hay duda que se trata de un funcionario policial. Es el colmo del descaro. Esas son las consecuencias de la impunidad"









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