Una flor que se marchita

Por Venezuela Real - 7 de Junio, 2007, 18:37, Categoría: Economía

Ramón Sahmkow
TalCual
07 de junio de 2007

Aunque suene contradictorio, beneficiar a los importadores de harinas de oleaginosas es la estrategia que sugieren los productores de girasol para evitar el naufragio del incipiente rubro

Hace tres años era más fácil conseguir girasoles en una floristería que en los campos venezolanos. Eso cambió después de dos ciclos de buenas y abundantes cosechas, promovidos por productores e industriales.

Sin embargo, el experimento podría fracasar si el Gobierno no exonera de aranceles a los importadores de harina oleoproteicas, derivada de la semilla.

El destino principal de la harina de girasol son las industrias de alimentos balanceados para animales, pero sus representantes indican que no pueden pagar precios mayores al “valor alterno de importación” –equivalente a la cotización internacional más los costos de flete–, sólo para impulsar un cultivo nacional.

Los subsidios fijados este año para el sorgo y el maíz –insumos adicionales de las mezclas– evitaron trasladar más costos, los productos de animales entraron en la lista del control de precios y el margen de ganancia se redujo a 10%, dijo Luis Hernández, presidente de la Asociación Venezolana de Fabricantes de Alimentos Concentrados para Animales (Afaca). “Antes era más flexible”, lamentó.

Los promotores del girasol deben luchar además contra la soya, – “componente oleoproteico infinitamente mejor”, según Hernández–.

Las procesadoras de alimentos para animales anualmente requieren 850 mil toneladas de harina de soya, la cual en su mayoría se importa de Bolivia, Estados Unidos, Brasil y Paraguay. En Venezuela, la mayor producción de los últimos años fue de sólo 23.400 toneladas, indicó Hernández.

Para obtener las licencias de importación, las procesadoras deben comprar todo el cereal nacional que se produce, aseguró Hernández.

Aun así, los promotores del girasol aseguran que el cultivo es rentable como segundo cultivo durante el verano en las plantaciones de maíz en los estados occidentales de Barinas, Cojedes y Portuguesa, pues la soya sólo se produce en el Oriente. De la semilla de girasol se extrae 38% de aceite y 42% de harina.

El déficit de soya se puede saldar con girasol, pero en Afaca ignoran cómo. “No hemos tenido ninguna cotización ni dispongo de un volumen que conduzca a una negociación. Se habló en una reunión en el Ministerio de Agricultura y Tierras, pero no sa- bemos de volumen ni de precios”, dijo Hernández.

Además, el abandono del cultivo de girasol durante años dejó obsoleta la infraestructura de procesamiento de la harina, y sólo queda un extractor del Consorcio Oleaginosa Portuguesa (Coposa).

En la Comisión de Desarrollo Económico desconocen la solicitud de los productores, indico el diputado Bernardo Jiménez.

SIEMBRA Y ERROR

Con la dificultad de colocar la harina, los productores de girasol, como Ramón Elías Bolotín, presidente de la Asociación de Productores Agrícolas Independientes (PAI), ven en peligro el futuro del rubro.

Hace dos años, se sembraron tres mil hectáreas de girasol con un rendimiento de mil kilos. En un acuerdo con los agroindustriales, fijaron el precio en mil bolívares por kilogramo, de los cuales 800 bolívares cubrían los costos y otros 200 correspondían a un bono, ofrecido por la industria para incentivar el cultivo.

Estimaron que los costos por hectárea se mantendrían en 700 mil bolívares y el rendimiento aumentaría a 1.200 kilos.Pero fue a la inversa. Ahora, la hectárea cuesta un millón de bolívares y produce la misma cantidad.

En ese esquema, el acuerdo de precios es inviable, dijo Ramón Elías Bolotín, presidente de la Asociación de Productores Agrícolas Independientes.

La situación pone en peligro la cosecha de 2007, que se proyectaba en 50 mil toneladas, más del triple que la del año anterior. De las 14 mil hectáreas de 2006, se extrajeron tan sólo 6 mil toneladas de harina, menos del 1% de los requerimientos de la industria de alimentos de animales.

“Necesitamos por lo menos 1.300 kilos por hectárea para cubrir los costos, y 1.600 para tener una rentabilidad”.

Argentina, campeona mundial de girasoles, alcanza 1.800 kilos por hectárea, debido a que cuenta con mano de obra más barata, productos agroquímicos a la mitad, mayor seguridad y una red ferroviaria que abarata los fletes.

Además, el girasol es oriundo de climas templados subtropicales.

“Debe haber una política de compensaciones para bajar esos costos. Estamos comprometidos a subir la productividad, pero no podemos trabajar a precio alterno de importación”, dijo. En las estimaciones iniciales, los agricultores pensaban que la industria podría comprar la harina con sobreprecio “con ayudas fiscales del Gobierno y que el precio pasara al consumidor”.Pero la regulación cambió los planes.

Ahora Bolotín solicita al Gobierno exonerar a las industrias de alimentos de animales de los aranceles para importar harina.

“Con cualquier beneficio ellos podrían pagar el doble a los fabricantes de harina de girasol”.

Si los planes de los agricultores fracasan, los únicos girasoles adornarán la sala de sus casas.






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