Desesperación y soledad

Por Venezuela Real - 10 de Junio, 2007, 13:15, Categoría: Oposición/Resistencia

Carlos Blanco
El Universal
10 de junio de 2007

"Los estudiantes se ve que están alertas al no caer en la bufonada preparada en la AN"

El hombre está que trina. El pueblo, mi-pueblo, no aparece. Sólo existe una brigada móvil transportada que se ve apremiada por un fuerte estímulo material para que acompañe al César en sus cada vez más desabridos delirios sobre la tarima, a falta de Chimborazo. No quiere decir que el monarca caribeño no tenga apoyos, sólo que el entusiasmo se derrumba. Un síntoma inequívoco de la soledad es esa sensación de que los tapones se le vuelan, cuando dice que los llamados a la paz de los estudiantes son, en realidad, sibilinas invocaciones a la guerra. De tal modo que, si se convoca a la confrontación, es porque hay golpismo; si se invoca la paz y la no-violencia es porque hay un golpismo peor, de esos que ha descubierto el semiólogo que asesora a Willian Lara; es un golpismo in-péctore, imaginario, incorpóreo y letal.

La vocación al ridículo que demuestran los jerarcas es sólo comparable a un cierto temor que les trepa por las canillas y se les instala en sus almitas redentoras. La sucesión de "cadenas" es puro, claro y simple miedo.

Oleadas.

Se decía que el país estaba apático. Sin embargo, todo cambió de repente. La vibrante energía estudiantil que recorre las calles ha tomado a más de uno por sorpresa. Artistas, periodistas, profesores, estudiantes, jóvenes al por mayor, caminan allá afuera. Dónde estaban -se preguntan los analistas- y se ensayan respuestas de altísima sociología; al parecer, no estaban bajo las piedras, ni idos ni ausentes; estaban allí, confundidos con el paisaje, en reposo, hasta que penetraron el silencio.

Así son las luchas de las sociedades. Por oleadas. Allá lejos, en 2001, comenzaron los trabajadores petroleros; vinieron otros sectores, se movilizó la clase media, el empresariado y más núcleos de trabajadores. Las organizaciones gremiales, sindicales y empresariales; los medios. Los partidos políticos. Súmate y el movimiento ciudadano. Unos, primero, otros después.

Ningún movimiento social está eternamente en la calle. Se inicia, toma fuerza, alcanza -o no alcanza- sus objetivos, y luego se repliega a reorganizarse, a lamerse las heridas, si la derrota lo ha acompañado; a construir el futuro, si la victoria le ha sido amable. Cuando hay calma, retroceso o reflujo, no es que los ciudadanos se resignan, sino que esperan el momento propicio. Cuando éste llega, nuevos grupos se incorporan. El de hoy, es el momento del estudiantado. Nadie sabe cuánto durará en el nivel actual, todo depende de sus dirigentes y de los objetivos. Sin embargo, está allí, con un gobierno descolocado, incapaz de entender cómo la juventud impugna los desvaríos de Chávez.

Vendrá otro tiempo en el cual se sumen los trabajadores como bloque. Cuando ocurra, la tierra temblará. Ese momento llegará. No será por una conspiración tenebrosa de algunos maquinadores, sino por la transparente convergencia en la lucha por la libertad. Obreros-y-estudiantes-unidos-adelante, es un viejo grito de combate que volverá a retumbar en su momento para hacer más evidente la soledad de una revolución senil y corrupta, carente de trabajadores y de juventud.

Patéticos.

Por allá, por los 60 y 70, los representantes de los gobiernos de AD y Copei solían enfrentar las luchas universitarias con algunos curiosos argumentos. Decían que los estudiantes estaban manipulados por los extremistas; amenazaban a los padres porque éstos debían asumir la responsabilidad de sus hijos; y denunciaban cómo los estudiantes e infiltrados provocaban la intranquilidad ciudadana. Eso ocurría hace unos 45 años.

Resulta que estos revolucionarios de ahora andan azorados, nerviosillos, con los mismos argumentos que supuestamente eran los de la godarria de la antigua república. Sin embargo, la cosa es peor: los que hoy parecen asustadizas matronas y guardas de las buenas costumbres, deambulaban con pistolas y fusiles, molotov y granadas, luchando contra la burguesía y el imperialismo en la puerta de la plaza Venezuela y en la plaza de Las Tres Gracias. Puntualmente, todos los jueves.

Los reyes de la pazguatada bolivariana ven a los estudiantes en la calle y lanzan el gritico de asombro: los golpistas, ¡uuuyy! Lo más fascinante es cómo Chávez ha perdido la intuición para entender lo que pasa. No discierne cómo los jóvenes se rebelan y, por supuesto, no puede sino atribuirlo a una manipulación. Piensa que los que lo siguen a él son conscientes, racionales y de elevados principios; y los que se le oponen son sabandijas, sujetos carentes de conciencia. Cuando esos estudiantes llaman a la lucha, son unos revoltosos contrarrevolucionarios descarados; cuando llaman a la paz, son unos tramposos que desarrollan un plan subliminal, de acuerdo con la mentecatez del golpe "suave". Usted sabe, un taco de dinamita con una mecha larguísima, reciente descubrimiento de la "inteligencia" oficial. La verdad sea dicha: la idiotez no tiene límites.

Chávez no concibe que una palabra que se refiere a un mundo complejo, a veces inefable, mueva los espíritus; pero ésa es la magia de la palabra libertad. El régimen no intuye cómo los de abajo se rebelan por ella. No capta que nada subordina el deseo de ser libre; no alcanza a comprender cómo vivir sin miedo puede ser un valor tan elevado como el que más; y, a veces, el más elevado. Chávez dejó de entender y ahora es el ególatra que ve la mano del imperio en lo que no es más que la eterna lucha contra la tiranía.

Dirección.

Si el Gobierno reprime, pierde; como se demostró con la acción enloquecida de la PM y la Guardia Nacional los días 27, 28 y 29 de mayo. Si no reprime, también pierde, porque la disidencia juvenil le tiene copadas las calles y cada día más. El drama de Chávez es que su movimiento perdió energía y lo que tiene ahora es un armatoste movido, en una alta proporción, a punta de billete. La desmoralización oficial debe ser alta cuando no sólo intentan armar un partido desde el Gobierno, sino también un movimiento estudiantil de laboratorio, desde el palacio de Miraflores. Patético.

Ante este desastre, el régimen se ha propuesto cansar al movimiento, desmayándolo. Cansarlo para que no llegue vigoroso a la Copa América, que es lo que el Gobierno teme. Suspenderlo por vacaciones. El desafío de los estudiantes es no dejarse envolver en la trama oficialista; se ve que están alertas al negarse a la bufonada que les trataron de montar en la AN, con un falso debate entre un movimiento estudiantil que existe y otro inventado desde el Gobierno.

Precisión en los objetivos, dirección clara y disposición al encuentro con los trabajadores, constituyen la clave de la resistencia pacífica. Chávez se ha hecho inviable. Perdió la sensibilidad para entender lo que pasa a su alrededor. No le falta mucho para envolverse en una túnica, tomar la lira, montarse en el techo de "palacio" y ver cómo arde Roma.







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