La diferencia

Por Venezuela Real - 10 de Junio, 2007, 14:58, Categoría: Política Nacional

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
10 de junio de 2007

A mí tampoco me gustó que los líderes estudiantiles se retiraran de la Asamblea Nacional. Vi cuando Celia Flores apartó con la mano el micrófono y creo que leí sus labios diciendo coño, mientras yo también, mirando la pantalla del televisior, soltaba un coño perplejo y sonoro. Quién sabe si, políticamente, fue un acierto o fue un error abandonar así el Capitolio. En todo caso, desde la esquina del desconcierto, hubiera preferido que se quedaran o que, simplemente, no hubieran aceptado ir en esas condiciones. Todo espectáculo tiene sus reglas. Si aceptas participar en el show de Don Francisco, no puedes –antes del primer corte a comercial– decir que no te la calas, que tú venías a hablar de economía política con el Chacal de la trompeta.

Claro que cualquiera puede argüir que, tras la salida de los representantes estudiantiles, quedó al descubierto toda la maniobra montada por el oficialismo, apareció el sonido del pensamiento único.

Era como asistir, en el teatro, a un repertorio del monólogo del conocido autor, Hugo Chávez Frías, interpretado por diferentes voces. Algo así como "Los jóvenes cantan a Leonardo Favio". Sin embargo, eso no logra justificar la salida de los estudiantes contestatarios. No hace falta ninguna estrategia para desnudar lo evidente. Cierto. Después de que los jóvenes se marcharon, sólo quedó en pie el gran circo del eco. El poder, embebido, boquiabierto, maravillado ante sí mismo, escuchándose, aplaudiéndose, repitiendo sus razones hasta hacer de la sordera un deleite. Aquello que fue planeado como una cayapa bolivariana, disfrazada de debate, sin pudor y sin escrúpulos, terminó convirtiéndose en una gran jornada onanista. Probablemente, nadie ganó ni perdió nada. Sólo la audiencia. Como siempre.

Seguimos en lo mismo.

Es realmente asombroso constatar cómo el Gobierno está empeñándose en actuar como lo hizo cierta oposición hace unos años: desesperadamente, busca negar la realidad. No la aceptan. No la quieren ver. Así como un sector del país pasó un largo tiempo haciendo lo imposible por demostrar que el chavismo era una fantasía, un espejismo; así ahora el Gobierno hace lo imposible por probar que los estudiantes de las protestas no existen, que son pocos y privados, que no son nadie. Nunca avanzamos. Sólo intercambiamos errores.

Porque, ahora, a esos jóvenes oficialistas que se coronaron este jueves pasado, el país podría decirles lo mismo que –durante mucho tiempo– dirigentes como Jesse Chacón o Diosdado Cabello le han señalado a algunos supuestos líderes de la oposición: vayan a hacer trabajo de base, en las universidades, en vez de andar saliendo en la televisión. Quieren construir una acción política desde el canal 8 y no desde el estudiantado. Así parece ser. Porque ellos –solos, sin maquinaria, a punta de sus propia representación y de su propio liderazgo– no convocaron a ninguna marcha multitudinaria. Su acción revolucionaria parece ser más mediática. Son líderes de transmisiones en cadena. Los delfines del poder.

Cualquiera que revise la presencia del oficialismo en las universidades públicas puede dar cuenta de su debilidad. Basta con ver la derrota abrumadora que sufrieron en las elecciones, apenas hace dos semanas, en la Universidad de los Andes. Son líderes que parecen nutrirse, sobre todo, del poder. Mientras los otros obligaron a la Asamblea a recibirlos, éstos parecen haber sido casi buscados por los diputados, tratando de fraguar un contrapeso. Tal vez, sólo pueden tener rating a través de una cadena nacional.

Confieso que me alivia sospechar que esto es así.

Confieso que me alivia sentir que los estudiantes que se entregan, sin un gramo de espíritu crítico, al "comandante", que los estudiantes a los cuales Chávez llama "tropa", son una minoría.

Los nuevos privilegiados de siempre, eso sí. Pero siguen siendo una minoría.

Si fueran muchos, si fueran todos, no habría sido necesario este interminable maratón en la Asamblea. Y si los estudiantes contestatarios, que patearon las calles y poblaron las ciudades, fueran tan insignificantes, tan peoncitos del imperio, tan instrumentos de la oligarquía, tan nada, tampoco entonces habría sido necesaria la segunda parte de la película, también interminable, desde el Palacio de Miraflores. Como diría un discípulo de Antonio Gramsci: "Por más que te tongonées siempre se te ve el bojote".


Le tienen terror.

Le tienen mucho miedo a la diferencia.

No saben qué hacer. Prefieren negarla antes que reconocerla.

No saben cómo manejarla.

No saben cómo vivir con nosotros









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