Mireya Lozada: "Se pone sobre los jóvenes una carga que corresponde a todos"

Por Venezuela Real - 10 de Junio, 2007, 10:14, Categoría: Política Nacional

ELVIA GÓMEZ
EL UNIVERSAL
10 de junio de 2007

Entrevista Mireya Lozada, Coordinadora de la Unidad de Psicología Política de la UCV
Mireya Lozada recuerda que la manera de ser del venezolano privilegia lo individual sobre lo colectivo y así es difícil construir ciudadanía
Lo que se expresó (en la sesión del jueves en la AN) es una lucha por el reconocimiento desde un monólogo"

Mireya Lozada es coordinadora de la Maestría de Psicología Social y de la Unidad de Psicología Política de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Con sus investigaciones le toma el pulso permanentemente a la sociedad venezolana, de allí que dice no haberse sorprendido con la movilización popular ante la medida contra RCTV, aunque sí con la magnitud de la reacción juvenil. Esta docente, con especializaciones en la Universidad de Toulouse (Francia), advierte la existencia de un eje discursivo que mantiene al país en un "rosa-rojito": la manipulación dramática propia de las telenovelas y la polarización y crispación política.

-¿Qué tecla tocó la salida del aire de RCTV que produjo esa movilización masiva?
-Lo que moviliza es un apego afectivo, de identificación, no con la empresa, sino con unos espacios que suponen una historia común construida a través del discurso mediático. Los mensajes de la TV tienen funciones sociales, de identificación con los personajes, de catarsis y de escape de la cotidianidad; se generan y se reafirman unos imaginarios sociales, como es el caso de las telenovelas o los espacios humorísticos transmitidos por 50 años.

-¿Por qué la reacción mayor vino de los jóvenes?
-Ellos se mueven con mucha fuerza en el consumo mediático en todas sus formas: tecnología, música, estilos, grupos, deporte. Las últimas generaciones han estado expuestas con muchísima más intensidad que nosotros a la TV, que termina socializando más que la familia y la escuela, cosa que es grave. La TV ha funcionado como una guía de acción que no siempre es la más adecuada y saludable. No todos los valores que emite la televisión son reivindicables, es necesario hacer una lectura crítica de los medios, públicos y privados, porque en este último período también se han polarizado. Entonces, en la respuesta social confluyen factores simbólicos que moviliza la televisión, como también aquellos que tienen que ver con el clima de polarización política. El cierre (de RCTV) no sólo limita el acceso a un determinado mensaje y rompe hábitos y rutinas sin decisión de la persona, sino que revela decisiones del Estado que resultan no consensuadas.

-¿A usted le sorprendió la reacción popular?
-No, no me sorprendió, porque eso venía preparándose, quizás sí me llamó la atención la magnitud de la protesta de los jóvenes. Desde diciembre se supo de la no renovación y se fueron caldeando los ánimos y radicalizando posiciones. En ese contexto era de esperarse una respuesta social, porque hay factores a favor y en contra. Sí resulta sorpresiva la movilización de los sectores juveniles, dado que ellos no habían tenido una figuración como actores claramente diferenciados.

-Los estudiantes dicen responder a motivos que no son políticos, cuando es una acción eminentemente política. ¿Eso se debe al desconocimiento o a la vergüenza?
-Es destacable que ellos se presenten como apolíticos, porque ese apoliticismo ha tenido consecuencias en el país, incluso antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. El discurso en detrimento de la política y el desencanto de la política eran las características predominantes del discurso público: la deslegitimación de las instituciones partidistas, la pérdida de credibilidad de los actores y de sus propuestas y de sus estrategias y pasamos luego a un período de intensa politización. Recordemos aquella canción "Me voy para Choroní", esa canción lo que estaba revelando era el agotamiento de un sector de la población con el discurso polarizado. Yo creo que no es tanto con la política, sino con la polarización con la que los jóvenes están ahora marcando distancia, porque lo que hacen es una acción absolutamente política. Me parece que los jóvenes deberían reivindicar lo político desde otra dimensión, que es la negociación de la diversidad, de las diferencias, ese es un desafío. Eso pasa porque ellos solicitan ser reconocidos y escuchados, pero tienen, a su vez, que reconocerse unos a otros. Ese desafío de aceptar al otro es fundamental y supone construcción de ciudadanía, entendida como el derecho a tener derechos.

-Pareciera que se espera demasiado de los jóvenes.
-Por supuesto. Yo saludo esa emergencia, esa apropiación de los espacios públicos, pero preciso es reconocer que se produce en un contexto de un conflicto sociopolítico muy polarizado. Pretender que esa salida de los jóvenes permita dirimir las diferencias entre ellos mismos y negociar, llegar a consensos y dialogar en esta primera oportunidad, es ilusorio, es poco realista. Pero, además, es irresponsable desde el punto de vista de los actores políticos o de otros sectores sociales que han estado involucrados, porque es poner sobre los jóvenes una carga que hemos construido todos y que nos corresponde a todos. Creo que no podemos exigir de los jóvenes lo que no hemos podido construir el resto del colectivo. Como en otras ocasiones, la sociedad venezolana pone en evidencia su carácter ilusorio que nos ha llevado a sobrevalorar la acción de los jóvenes. Hay también que admitir el peso del monitoreo de sectores políticos, del Gobierno y de la oposición, sobre ellos, que tiene una incidencia sobre sus estrategias.

-"Incidir" es diferente a "manipular", ellos se han enfadado por la descalificación
-Sí, es diferente. Ellos tienen derecho a defenderse de esas acusaciones que están siendo usadas en los dos sectores. Lo que sí no podemos obviar es que hay intereses para coartar esos grupos, porque son un potencial político extremadamente importante, sobre todo en un país mayoritariamente joven. No podemos ser ingenuos y pensar que los dos sectores políticos en pugna no tienen intereses, ¡claro que los tienen! La cosa es hasta qué punto los jóvenes pueden construir sus propias agendas y discursos y, sobre todo, desarrollar un mecanismo de negociación de la diferencia.

-¿Necesitarían ellos un repliegue para reflexionar?
-Es lógico, incluso estratégicamente es necesario que puedan detenerse a pensar y eso no es posible sólo en el espacio público. La calle es el lugar esencial de lo público, pero en estos últimos años la calle ha resultado en un espacio de confrontación y no de encuentro, la hemos sobreestimado. Ellos deben reivindicar su espacio natural, el educativo. La acción estudiantil no puede estar sólo centrada en una movilización defensiva, es necesario generar una acción propositiva.

-Ya viene el período vacacional y eso significará desmovilización
-Esa es otra cosa en la que debemos pensar: ¿Cuáles son nuestros hábitos? Culturalmente hemos ido reafirmando que actuamos epilépticamente. Tenemos una reacción muy fuerte e intensa que luego decae, no hay una acción continuada ni autocrítica que sirva para generar un cambio de rumbo. Si una acción se queda sin continuidad, no va a trascender como acción colectiva responsable. Es impresionante cómo podemos pasar de una situación de extremo conflicto a otra de absoluto placer, aún en períodos difíciles, como ocurrió tras la tragedia de Vargas. Esa es una forma escapista de asumir lo colectivo.

-¿Qué evaluación hace de lo sucedido el jueves en el Parlamento?
-A mí me parece que lo que expresó es nuestro contexto sociopolítico, que es el no reconocimiento del otro y la ausencia de diálogo. Es una lucha por el reconocimiento desde un monólogo.

-Esa es la negación de la democracia, defender sólo el derecho particular.
-Una de las consignas que se usa mucho en estos días es "Libertad", ¿para qué?, ¿para consumir lo que quieras?, ¿es la reivindicación del consumidor mediático y no del ciudadano?, ¿o es también una lucha por la igualdad, por la equidad, por la diversidad? En Venezuela tenemos unas características culturales, unas formas de ser que privilegian el sí mismo por encima del colectivo y hemos desarrollado muchas maneras de legitimar eso. Venezuela es un país anárquico y debemos revisarnos críticamente como sociedad y esa creo que es una de nuestras mayores tareas. La evasión de nuestras responsabilidades ciudadanas nos lleva siempre a atribuir la culpa de lo que pasa al otro, sea el Gobierno, sea el Estado, sea el jefe, pero no nos reconocemos nosotros mismos como copartícipes de ese hecho.

-El presidente Chávez parece molesto porque le han salido competidores profesionales en el manejo de las emociones de los venezolanos.
-Sí. Vivimos una exacerbación emotiva de toda la política. Ese factor juega un rol importante tanto en la reacción y el impacto que tuvo la medida contra RCTV, como en la respuesta prolongada que ha tenido de manifestaciones y protestas en la calle. Si bien la política tiene una carga importante de emotividad y de pasión, la utilización de eso, consciente o inconscientemente, no nos conduce a buen rumbo porque eso nos dificulta asumir de forma realista nuestro contexto sociopolítico. Nosotros o nos exaltamos y asumimos una visión heroica de las soluciones, o vivimos en un repliegue cargado de una retórica de impotencia y de victimismo. Nos movemos como dentro de una telenovela, en un eje que es rosa-rojito: el rosa de la telenovela y el rojo heroico. Ese continuo emotivo y tan dramático de puesta en escena de la acción política y social contribuye aún más a la polarización.






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