Ayacucho vuelve a ser batalla

Por Venezuela Real - 12 de Junio, 2007, 14:46, Categoría: Educación

Patricia Clarembaux
TalCual
12 de junio de 2007

Medio millón de alumnos y 30 mil profesores, conforman el ejército de la Misión Sucre que lucha por democratizar la educación superior. Pero el campo está minado de puntos débiles

El Gran Mariscal de Ayacucho estaría orgulloso si viera las cifras de la misión Sucre: desde abril de 2007, más de 570 mil estudiantes concurren a las 1.400 aldeas educativas.

Pero quizás frunciría el ceño si escudriñara un poco más el asunto. Es cierto. Aldeas y estudiantes son números en crecimiento, pero hasta el más bolivariano de los compatriotas reconoce que la batalla de Ayacucho aún está en proceso y que todavía hay cosas por mejorar.

La primera y más común de las denuncias en la subcomisión de misiones de la Asamblea Nacional recae en el personal docente.

¿Capaz? ¿Incapaz? ¿Ideologizado?
¿Preparado? Todos son adjetivos posibles de escuchar.

Thaís Marrero, presidenta de la Fundación Misión Sucre, precisa las deficiencias, pero reconoce los esfuerzos: “Mil de ellos están haciendo postgrados y maestrías con docentes en grados de especialistas, magíster y doctorado”, explica. En las aldeas universitarias venezolanas laboran unos 30 mil profesores, es decir, que sólo el 3% continuó su proceso de preparación profesional. Sin embargo, ésta no parece ser la única razón que genera la crisis.

Un trabajador del programa social señaló que la cuenta de profesores desincorporados en Caracas iba por 30: “A ellos se les despidió por piratas o porque querían sabotear la misión. Son de esos grupos que no están de acuerdo con el proceso y quieren desestabilizar”, dijo. El dato fue reafirmado por Marrero, pero sobrepone “la extraordinaria fuerza académica que tiene la misión”.

En marzo de 2007, TalCual conversó en el Liceo Andrés Bello con la coordinadora de la Misión Sucre en el Distrito Capital, Belkis Sánchez. Ella reafirmó que el logro de los objetivos académicos es consecuencia del compromiso político de cuantos laboran en este programa de educación superior: “No podemos tener personas que no estén comprometidas con el proceso. Se dicta mucho trabajo político e ideológico y si el profesor no está comprometido con el proceso ¿cómo podría dictar las materias y entenderlas?”, dijo. También explicó que, después de llenada la planilla de solicitud de empleo en la página www.misionsucre.gov, viene la prueba de fuego: la entrevista.

Acto seguido, Sánchez mostró el formulario en el que destacaron preguntas como ¿está usted de acuerdo con las misiones sociales del Gobierno Bolivariano?
“Desconozco la planilla y pudiera pensar inclusive que un documento apócrifa elaborado por alguien que, posiblemente, tenga una intencionalidad que no es precisamente la pluralidad, la diversidad de pensamiento que se puede constatar en esos académicos”, analiza la presidenta de la Fundación. Marrero agrega que son las propias instituciones quienes eligen y postulan al personal docente.

SUCRE ADENTRO

Como cualquier otra, la misión Sucre tiene su corazoncito. Por fuera suena como un programa más del Estado venezolano. Por dentro, la catalogan como una estructura puesta a la disposición de los estudiantes “históricamente excluidos de la educación superior en Venezuela”. Desde que se constituyó el 8 de septiembre de 2003 –bajo el decreto presidencial 2.601– unos 335 municipios se han sumado al trabajo en este sistema de formación universitaria.

Las cifras continúan estando a favor de este programa gubernamental.

Más adentro aún, en los procesos de formación, se encuentra el segundo gran cuestionamiento de la misión. Thaís Marrero explica que cada estudiante recibe el título de universitario por la institución que lo formó: “La misión no elabora los currículos. Lo hace cada una de las casas de estudio y lo adecuan para que salga de los muros y llegue a la realidad, hacia las localidades como carreras pertinentes para el desarrollo de una determinada región”.

Sin embargo, en programas como el “Nacional” de Formación de Educadores para el 2007 –publicado en la página
www.misionsucre.gov.ve–, los estudiantes cumplen seis horas semanales de la materia “componente de vinculación profesional bolivariana”.

Marrero justifica la necesidad de asignaturas relacionadas con el pensamiento del Libertador: “Eso es pensamiento nacional, proyecto nacional, es ir a los fundamentos teóricos, filosóficos, a la conceptualización de un pensamiento educativo venezolano, latinoamericano.

No podemos pensar que eso es anacronismo”.

Las argumenta además tras la idea de que la formación de cualquier ciudadano debe ir de la mano de la fuerza “vivificadora” de Simón Rodríguez y de la Constitución Bolivariana, como un elemento que “rige la conducta de la ciudadanía. Desde el primer momento todo sujeto debe conocer sus derechos y sus deberes en materias como Pensamiento Nacional.

No entiendo por qué estos temas causan tanta extrañeza”.

 • ¿CUÁNTO CUESTA?
Anualmente, la Misión Sucre le cuesta al Estado venezolano unos 650 millardos de bolívares.

La generosa suma es puesta en las manos de la Fundación Misión Sucre con diversos objetivos: “Se distribuye a solicitud de la institución que ofrece la carrera; para reproducción y edición de textos; para todo lo relacionado con el material de estudio y computadoras; dotamos de muebles, mesas de estudio y para darle un incentivo a los profesores de 12.350 bolívares la hora”, declara Marrero.









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