Banca que camina por América Latina

Por Venezuela Real - 12 de Junio, 2007, 14:53, Categoría: Economía

Ramón Sahmkow
TalCual
12 de junio de 2007

Expertos de la banca de desarrollo multilateral consideran que el Banco del Sur y el Banco del Alba deben nacer con el consenso de los países de la región, pero las dudas de Brasil empañan la unanimidad de criterios

El Estado venezolano, que cuenta en el país con una robusta musculatura de entes financieros de crédito, irrumpe en el panorama de la banca de desarrollo regional con dos noveles instituciones promovidas por Caracas, mientras cavila su salida del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El pasado miércoles, los cancilleres de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba y Venezuela aprobaron la creación del Banco del Alba.Y entre ayer y hoy, comisiones técnicas de todos los países del Mercosur –permanentes y asociados– se reúnen en Buenos Aires como antesala a la constitución del Banco del Sur. Ambos organismos financieros llevan la firma del Gobierno venezolano.

La nutrida asistencia en Argentina esconde, sin embargo, las dudas de algunos países sobre el tamaño de su compromiso con el proyecto, especialmente Brasil. “No creo que Brasil y Chile hayan manifestado una disponibilidad de aportar. Eso tiene que estar muy claro”, indicó un analista financiero.

El presidente Hugo Chávez lanzó al mundo la idea del Banco del Sur durante la Cumbre del G77, en Qatar, en junio de 2005, tomando por sorpresa al mayor inversionista de la región: Brasil.

Cuando se asomó el tema en la Cumbre Energética en la Isla de Margarita, en abril, el presidente auriverde, Lula Da Silva, dejó claro que “la reunión no tenía como finalidad discutir” ese tema.

PAÍS CRUCIAL

“Un banco del sur donde no esté Brasil, no es del todo creíble. Brasil es eminentemente crucial para darle credibilidad y envergadura”, dijo un alto funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que prefirió mantener el anonimato.

Las autoridades brasileñas todavía preguntan si el organismo reemplazaría al Banco Mundial y al FMI, o al Banco Nacional de Desarrollo Social (BNDES) –la mayor entidad de fomento de ese país–. Los más críticos insisten en que el esfuerzo redundaría en la carga burocrática que ya existe en organizaciones similares, como la CAF, el BID y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata). Otros se preguntan si la región realmente necesita tantos “brazos internacionales”.

“Se quiere dotar a la nueva entidad financiera de las más diversas funciones, algo que por su gran indefinición no termina de entusiasmar al Gobierno de Brasil”, concluyó el analista Carlos Malamud, en un papel de trabajo del Real Instituto Elcano.

Ecuador, Bolivia y Argentina se adhirieron rápidamente a la iniciativa, porque constituiría una herramienta de desarrollo interno, desprendida de los órganos multilaterales existentes.Para Venezuela, además, es un nuevo gesto en el proceso de aislamiento que la separó de la CAN y el G-3 el año pasado.

“Me preocupa la proliferación de instituciones. Si tienes el Banco del Sur, por qué vas a tener el (Banco del) Alba si esto genera más recursos que aportar y más controles”, indicó un analista de la banca nacional.

ENTRE IGUALES

El organismo se constituirá inicialmente con un fondo de cerca de 7 mil millones de dólares, provenientes de las reservas internacionales de cada uno de los países. Se calcula en 500 millones de dólares por cabeza. Los primeros fondos se destinarían a financiar el gasoducto del Sur, un proyecto del cual se alejan las instituciones de desarrollo.

“Buscar recursos para un gasoducto implica demostrar que no afecta restos arqueológicos o comunidades indígenas; eso encarece el proyecto para trabajar en estos bancos tan rígidos. Es más fácil buscarlos en la banca comercial”, dijo una ex funcionaria del BID.

De esta forma, el Banco del Sur penetra en el escenario de desarrollo económico latinoamericano, lleno de instituciones financieras regionales, subregionales y nacionales, que impulsan proyectos en todas las áreas, desde infraestructura y vialidad, hasta educación, salud y ambiente.

Pero el banco no parece levantar recelos entre sus pares. “Las necesidades de financiamiento de América Latina son inmensas, y hay necesidad de cubrir estos campos con instituciones adicionales”, dijo a CNN Enrique García, presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF).

La CAF presta anualmente un promedio de 5.600 millones de dólares –hace tres lustros la cifra era de 400 millones– en proyectos de desarrollo de la zona andina, de los cuales un 40% se dirige a infraestructura, un 35% va al sector social y el resto está dirigido a la pequeña y micro empresa.

“Los recursos del BID (que superan los cien mil millones de dólares) son una gota en el océano.Hay lugar para muchos, incluyendo los bancos nacionales”, dijo un funcionario del organismo multilateral.

En la región la inversión apenas alcanza el 20% del Producto Interno Bruto, una cifra insuficiente para impulsar un crecimiento anual “de forma adecuada”, que debería rondar el 7% “en términos permanentes”, dijo García.

Para el presidente del organismo andino, la viabilidad del nuevo banco dependerá del pago “efectivo” del capital, una gerencia “sólida”, y de la posibilidad de acceder a recursos en los mercados internacionales de capital, “porque la situación de bonanza que tiene América Latina en estos tres años no es algo permanente”.

FONDOS Y FINES

Los países afectados por el Banco del Sur evalúan, como el dicho, que no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar. En los entes multilaterales, los que apoyan más son los que tienen más recursos, y eso se refleja en el directorio y la burocracia, aclaró la antigua delegada del BID. “Estas son las cosas que se deben considerar en el Banco del Sur. ¿Cómo entran Brasil y Argentina?
¿Cuál es la participación?
¿Cuánto aporta cada uno? ¿A qué sectores le darán prioridad? ¿Qué intereses van a cobrar? ¿Cuáles son las reglas para financiar a los más pobres?.

Eso en el caso del BID se llevó tres años definir todo eso”, dijo.

El monto inicial no garantiza, para algunos, la supervivencia. “Es posible poner un edificio y ponerle Banco del Sur. Si es de pequeña magnitud lo puede hacer unilateralmente Venezuela.

Para que sea viable, como operación grande, en magnitudes de decenas de millones de dólares, tomaría entre cuatro a cinco años”, dijo el alto jerarca del BID.

Para llegar a esos montos, dicen, el capital inicial debe funcionar como respaldo para acudir a los mercados de capitales. Para eso, la dependencia de un solo país tiene sus riesgos.

A principios de los noventa, el BID tuvo que impulsar una gran reposición de capital, luego que Estados Unidos se mostró indispuesto a seguir llenando las cuentas cada año.

La CAF, por su parte, prepara una ampliación de capital, que según su presidente, limitará la participación accionara a 16% y 17%, para buscar mayor igualdad entre los miembros.

Pero, por otro lado, pueden aprovechar el impulso de la novedad. Sin una burocracia establecida, aseguran los analistas, los bancos “bolivarianos” pueden actuar de forma más directa y más rápida, y acercarse con mayor flexibilidad a los proyectos. “Que se hagan su nichito”, recomiendan.








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