EN LA AVENIDA SAN MARTÍN LOS MENDIGOS HACEN DE LAS SUYAS

Por Venezuela Real - 13 de Junio, 2007, 20:15, Categoría: Dimensión Social

ROCÍO CAZAL
El Mundo
13 de junio de 2007

Indigentes sobreviven entre cartones, crack y aguardiente
Pedir limosnas, fumar drogas a la vista de todos, desvariar por una borrachera o un "pasón", y pasar la resaca en una siesta bajo el sol ardiente es el ritual de un pordiosero que lleva marcadas las cicatrices de un mundo mezquino

Caracas. El cielo es su techo, las calles sus paredes, el crack (llamado también "piedra") su vía de escape, los cartones su cama y abrigo, las esquinas, plazas y puentes sus refugios, una botellita de aguardiente su mejor acompañante, la basura su usual plato de comida... Van deambulando de calle en calle llevando una forma de vida mundana con ropas harapientas, barbas mugrientas y miradas desorbitadas.

Son los hijos perdidos de alguna familia venezolana que llevan ese vestuario durante años como su coraza que demuestra un pasado oscuro y un futuro negro. Son indigentes, mendigos, recogelatas, locos, pedigüeños, pordioseros, vagabundos, andrajosos, menesterosos -como muchos le llamanque llevan su vida divagando en muchas ocasiones solitarios, con pocas sonrisas en el rostro y cicatrices de un mundo mezquino.

La avenida San Martín, de punta a punta, es uno de los escenarios donde más se les ve recogiendo latas, fumando "piedra", vagando por cada acera y durmiendo la borrachera o el "pasón".

Es una realidad que se puede apreciar en ese popular sector y en cada esquina de la ciudad capital, a pesar de los esfuerzos gubernamentales en recuperarlos.

DONDE LOS AGARRE LA NOCHE

La estación de Metro El Silencio da inicio a la mencionada avenida. A sus afueras, se encuentra un señor haraposo de cabello gris, sentado en un banco con la mirada perdida hacia el suelo y con ganas de dormir una siesta. A su alrededor pasan decenas de transeúntes con una visual de total indiferencia.

Fue el primero que se dejó ver de los 77 que deambulaban o dor- mían en su aposento de cemento hasta la Plaza Artigas -que comunica con la urbanización Bella Vista-, durante dos horas de recorrido vespertino, sin tomar en cuenta las transversales y recovecos.

Otros dos más con sus respectivas barbas grises y enredadas estaban sentados con sus bolsas negras de basura y palos de madera en mano con aspecto de beodos a plena luz del día en uno de los bloques de El Silencio.

Sin embargo, también se veían otros indigentes más enérgicos cruzando cada esquina de la San Martín, emitiendo discursos que vociferaban para ellos mismos, pues para quienes pasaban a su alrededor les causaba risa o simplemente indiferencia.

Las féminas de ese mundo cruel tampoco pasaron desapercibidas: una tomándose una "birrita", otra sentada en un muro pidiendo limosna, otra desvariando la borrachera, una durmiendo a la vista de todos y dos cocinando en latas que servían de ollas.

Tampoco faltó quien tuviera a su lado al fiel amigo del hombre: un perro callejero a quien ayudó a cruzar bajo sus brazos en plena vía principal, frente a la Maternidad Concepción Palacios.

Pero mejor aún se dejó ver el llamado "colector de camionetas", quien dice trabajar los siete días de la semana para subsistir en la calle, a la cual no le tiene ni una pizca de miedo.

PLAZAS ABARROTADAS

Para los indigentes el mejor refugio a la intemperie con camas improvisadas y sábanas de cartón son las plazas. La de Capuchinos es la más concurrida: Dieciocho de ellos estaban allí -en un espacio de 10 metros-, de los cuales la mitad estaba pasando la resaca.

"Estás de mala suerte porque esto siempre está full de ellos metiéndose piedra, marihuana y todo lo que le pase por delante a la vista de sus propios hijos", comenta un comerciante de la zona.

Otro vecino del lugar afirma que la Plaza Capuchinos ahora le llaman "la plaza del guaguancó" por lo candela que se ha puesto: "Aquí se ven muertos todas las semanas".

Más allá, en la Plaza General José de San Martín, mejor conocida como Plaza La Maternidad, unos 16 mendigos se mezclaban entre visitantes, buhoneros y niños que jugaban con carritos y pelotas.

Cinco de los indigentes se encontraban en la esquina del lugar demarcando el área donde viven y otros dos más dormían hacia el otro extremo.

Otra situación ocurre en la Plaza Artigas, donde Miriam y El Mocho, una pareja de indigentes, sobreviven al frío, la lluvia y el calor sin que nadie los moleste. Y es que, luego de ser víctimas de atropellos por parte de efectivos de Policaracas, como denunciaron, ahora son protegidos por los Tupamaros, quienes le dan comida y atención.

Así se vio la principal arteria vial de San Martín durante dos horas de recorrido. Mientras, en el Parque Los Caobos, en la sede de la Misión Negra Hipólita, se percibe buen trato a una veintena de indigentes que se encontraba debajo de una carpa, con atención médica incluida y sillas de rueda para quienes las necesitaban.

Sin embargo, la infraestructura de esta acción social no se da abasto para la demanda de personas como éstas, que siguen a la intemperie, arrastrados por la desidia y sin rumbo fijo.









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