Farmacias Independientes, Franquicias y la Industria Farmacéutica...Parte Final

Por Venezuela Real - 13 de Junio, 2007, 10:42, Categoría: Economía

Enrique R. González Porras.
Banca y Negocios
13 de junio de 2007

Un tema crucial para el correcto diseño de políticas públicas y regulatorias en la industria farmacéutica en su conjunto y especialmente aguas arriba, es entender la importancia de los mecanismos de incentivo que garantizan la continuidad de una industria que cumple una labor social, pocas veces reconocida. Resulta curioso que por lo general, la población posee una altísima credibilidad hacia los medicamentos, muchas veces asociándolos al profesional que los prescribe y no a la industria que ha acometido enormes inversiones en innovación y desarrollo, y los produce.

El valor social de los medicamentos es incuestionable, así como el de la industria que los desarrolla y produce. Hilar fino resulta una estrategia inteligente si se pretende garantizar a la sociedad la dotación y oferta de medicamentos efectivos e incluso novedosos.

Una visión regulatoria miope, de extracción de rentas a corto plazo desde la industria hacia los consumidores a través de controles de precios puede producir, al menos tres efectos tremendamente negativos:

1.- Destrucción de Incentivos para la Investigación y el Desarrollo: Aun cuando alguien pudiera pensar que las inmensas inversiones en la investigación y desarrollo farmacéutico constituyen costos hundidos una vez el medicamento se encentra desarrollado, no hay nada más peligroso que asumir esta posición. Si bien pudiera resultar cierto que los costos marginales son bajos una vez que el medicamento se encuentra desarrollado y clínicamente testeado, el asumir las inversiones en investigación y desarrollo como costos hundidos, mitiga todo incentivo para continuar desarrollando nuevos medicamentos. Especialmente, cuando se teme que el desarrollo y la innovación menos costosa, en la invención y producción medicamentos considerados “frutos bajos”, se van agotando, requiriendo cada vez, mayores inversiones en investigación y desarrollo.

2.- Entrada tardía de nuevos medicamentos: El riesgo que corre una sociedad que vía regulaciones estrangula a la industria farmacéutica y que asume que los costos de I & D se acometen en otros países, radica en la entrada tardía de nuevos medicamentos y la ausencia de los mismos. Así las cosas, existe una tremenda carga y efecto nocivo dinámico en las regulaciones excesivas hacia este sector. Por lo general, los países que cuentan con mayor institucionalidad en favor de los derechos industriales, así como menores controles de precios, resultan ser aquellos en los cuales entran por primera vez los nuevos medicamentos. Esto sin duda constituye un beneficio para estas sociedades que terminan contando con mayor rapidez en la introducción de nuevos medicamentos. Por el contrario, aquellos países con menores instrumentos de patentes y de monopolios legales o que aplican férreos controles de precios, ralentizan la entrada de los nuevos medicamentos. Por nombrar un ejemplo en el mundo desarrollado y más específico en la Europa continental, encontramos a España, país que cuenta con fuertes regulaciones y controles de precios, lo que mitiga los incentivos para la entrada de nuevos medicamentos, resultando uno de los países de ese hemisferio donde entran los medicamentos de forma más tardía. Recordemos que el mezclar objetivos y naturalezas de políticas públicas puede crear distorsiones no deseables. En este caso, el empeño de implementar objetivos de equidad y redistribución por medio de instrumentos no-idóneos pueden afectar negativamente a un sector. Por excelencia, los problemas de equidad y redistribución deben ser combatidos por instrumentos fiscales e impositivos y no por medio de regulaciones sectoriales. Al menos, el caso anterior plantea el dilema de buenas intenciones con resultados no deseables.

3.- Incentivos para exportaciones paralelas y contrabandos (desabasteciendo al mercado interno): Aquellos países que aplican fuertes controles de precios a los medicamentos (y a cualquier producto en general), atentan contra el abastecimiento del mercado interno. Una vez que artificialmente los precios son fijados, se crean tremendos incentivos para la aparición de arbitristas que trasladan estos productos hacia mercados vecinos. Lo peor de esta situación es que primero, la industria es absolutamente inocente, y segundo, resulta lesionada porque destruyen parte de su mercado que pudiera garantizarle algún subsidio cruzado para compensar las eventuales pérdidas en los mercados altamente controlados.

La nota de prensa de El Universal a este tenor comentaba:

“Ante la regulación de precios impuesta por el Ejecutivo Nacional en 1.300 medicamentos, se ha producido una extracción de medicinas hacia otros países, informó Edgar Salas.

Explicó que las ganancias de la industria, las cuales se ubican en 14% aproximadamente, se desintegran ante los costos de producción, por lo que a los laboratorios les resulta más rentable vender los medicamentos en el exterior.”

Esta situación se repite reiterativamente en aquellos países que pretenden extraer cualquier renta-incentivo a la industria en favor de los consumidores en el corto plazo, sin percatarse que se destruyen los incentivos al largo plazo. Asimismo, este tipo de lesiones al bien social que significaría el contar con suficientes y novedosas medicinas, son producto de gestiones gubernamentales que pretenden realizar políticas redistributivas por medio de controles de precios y regulaciones sectoriales y no por medio de su aparataje fiscal y sus políticas de generación de empleos y control de la inflación.

Así las cosas, debe tenerse cuidado, porque el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Por lo general, políticas redistributivas que no son llevadas a cabo por medio del aparato impositivo, sino directamente por medio de regulaciones y controles de precios sectoriales, tienden a generar desabastecimiento y destrucción de incentivos para la producción y la innovación.

4.- Valoración Polémica de los Actores del Sector Farmacéutico:

En muchos países en los cuales se aplican regulaciones y controles de precios de los medicamentos basados en métodos de cost-plus, inexorablemente realizan un ejercicio de juicios de valor a la hora de asignar rentabilidades, márgenes y precios. Una vez que el regulador tiene un precio target en mente, en ocasiones se reconoce márgenes superiores a los comercializadores de los medicamentos, en detrimento de las rentabilidades de los productores de los medicamentos. Así las cosas, la “sociedad”, por medio del regulador, está valorando, al menos “indirectamente”, de forma preferente a quienes simplemente comercializan el medicamento y no a aquellos que investigan, desarrollan y asumen el riesgo de crear e innovar con nuevos medicamentos que beneficiaran a toda la sociedad.

De nuevo, el tema resulta polémico, en la mayoría de las sociedades, la población posee alta estima a los medicamentos, sin embargo tiende a asociar sus bondades y beneficios con aquellos profesionales que las prescriben, o incluso vía otorgamiento de buenos márgenes comerciales, a aquellos quienes las comercian. Rara vez la sociedad y los individuos valoran a aquellos que han desarrollado dichos medicamentos de tan alta valoración social. Lo prolífico de las notas de prensas a nivel mundial sobre conflictos con la industria farmacéutica, constituye una evidencia del divorcio que existe entre la bondad de los medicamentos, la valoración social que poseen, y la aceptación de la industria la cual los crea.

Conclusiones:

Primero que nada debe tenerse muy claro cuales son los eventuales objetivos que una política pública hacia el sector estarían persiguiendo. Segundo, quedaría diseñar, solo en el caso que efectivamente se justifique, la regulación y los instrumentos regulatorios.

La desaparición de un número importante de oficinas de farmacia podría resultar evidencia de una sana competencia, lo que racionaliza la estructura comercial para los medicamentos, o podría ser eventualmente el producto de efectos o conductas no deseadas por la sociedad.

En el primer caso, la sociedad en su conjunto resultará beneficiada por lo que no debería existir justificación alguna, para una intervención, a menos que se quiera sacrificar eficiencia por equidad entre los comercializadores de medicamentos y en detrimento de los consumidores finales.

Segundo, en la situación en la que la desaparición de oficinas de farmacia sea producto de distorsiones o conductas restrictivas, deberá, identificarse los casos de distorsiones que generarían la pérdida de factibilidad en ciertas zonas, derivando en riesgos de certeza en el servicio de comercialización de medicamentos (estos casos deberán tener un tratamiento particular de regulación). Luego, en el caso en que eventualmente se estén desplegando conductas restrictivas a la competencia, la Superintendencia para la Promoción y Protección de la Libre Competencia debería iniciar una investigación de oficio para evaluar la situación del sector de oficinas de farmacia y eventualmente comprobar la existencia de indicios suficientes que hagan sospechar un eventual despliegue de conductas restrictivas del tipo cierre de mercado o prácticas predatorias. Adicionalmente, debería investigarse las acusaciones de eventuales prácticas restrictivas asomadas por el representante de la Federación Farmacéutica de Venezuela, del tipo mutual forbearance.

Por último, en lo que respecta a la industria farmacéutica deberá adoptarse una visión dinámica que no ponga en riesgo la disponibilidad y entrada de medicamentos, ni que incentive la aparición de arbitristas que ponen en riesgo el abastecimiento de medicamentos en el mercado interno. Asimismo, debe fortalecerse las instituciones de respeto a la propiedad industrial, mientras se conciencia que los objetivos y las políticas redistributivas deben ser llevadas adelante por medio del respectivo aparataje fiscal y no por medio de regulaciones sectoriales, ya que de lo contrario se podría estar tomando decisiones sociales que no valoran la importancia ni de los medicamentos, ni de la industria que los desarrolla y los produce.

Autor: Enrique R. González Porras. Economista UCV. Master en Economía Industrial. Especialización en Economía del Sector Farmacia. Universidad Carlos III de Madrid. Experto-consultor en Derecho y Economía de la Competencia y la Regulación Económica.


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