¿Magnicidio subliminal?

Por Venezuela Real - 13 de Junio, 2007, 10:41, Categoría: Estado de Derecho

Alberto Arteaga Sánchez
El Universal
13 de junio de 2007

El derecho penal como instrumento de terror es recurso de extrema eficacia

El derecho penal como instrumento de terror es recurso de extrema eficacia ya que implica amenazar con penas de cárcel a quien incurra en violación a sus normas.

De allí el celo por resguardar los principios que lo rigen, entre otros, la legalidad estricta o la inequívoca descripción de los hechos punibles, excluyendo menciones vagas o la penalidad por actitudes internas, pensamientos o deseos, siendo así que solo se sanciona por hechos externos, siendo necesario que se lesionen o pongan peligro bienes jurídicos y no se trate de actos inocuos, imponiéndose además la exigencia de la intencionalidad de la conducta, salvo los casos expresos de responsabilidad culposa.

Pero además, en el plano procesal, debe respetarse el principio de libertad como regla, la presunción de inocencia, el derecho a la defensa, el contradictorio y el control de las pruebas, la igualdad entre las partes y la absoluta imparcialidad de quien juzga.

Todo esto implica que no pueda recurrirse a la amenaza con normas penales por la simple literalidad de un código y que menos pueda creerse que cualquier expresión, actitud o comportamiento, pueda ser constitutivo de delito.

Si admitimos esta absurda posición nos colocamos en la época de la Inquisición o en el contexto de un derecho penal de voluntad o de autor, que ve en el delito una simple expresión interna un acto de infidelidad a la voluntad del supremo jefe, lo que se impuso en la época del nacional-socialismo.

Dentro de este contexto se enmarca la denuncia de una pretendida instigación subliminal al magnicidio, constituida sobre la base de una asociación de imágenes y música que sería interpretada por "expertos semiólogos" como una forma de inducir a un hecho tan grave como el de tratar de dar muerte al Presidente de la República.

Una interpretación de este tenor es realmente de extrema gravedad y hace que la libertad de una persona y la posibilidad de ser juzgada por un delito como el de instigar a cometer un delito pueda depender de la subjetividad de apreciación o de cualquier asociación de elementos o de expresiones que hagan pensar en una instigación subliminal.

Pero debe quedar en claro que la correcta, pacífica y unánime interpretación del delito de instigación a cometer un delito o una infracción determinada debe tener características imprescindibles de seriedad, de claridad, de orientación inequívoca hacia la comisión de un hecho y de dirección hacia determinadas personas y no a un público en general.

El tipo delictivo, en tal sentido, no ofrece lugar a dudas. Se trata de instigar o de mover la voluntad de otras personas -determinadas- con la intención de que éstas realicen el hecho al que se les instiga, bien sea haciendo surgir en ellos la voluntad de hacerlo o reforzando su resolución. No hay una instigación culposa, indeterminada, vaga, imprecisa o producto de cualquier asociación de imágenes que puede hacer pensar en un hecho reprochable. Esto nunca sería una instigación punible, que implica en el instigador, como decía Carrara, "la voluntad determinada de procurar la consumación del delito y que con el fin de obtener este intento trató de impulsar hacia él al instigado".







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