MISIÓN NEGRA HIPÓLITA EN LOS CAOBOS ES EL PRIMER PASO HACIA LA HUMANIZACIÓN

Por Venezuela Real - 15 de Junio, 2007, 17:14, Categoría: Dimensión Social

ROCÍO CAZAL
El Mundo
15 de junio de 2007

Dejaron las calles para seguir vivos
Durante su recuperación, los indigentes reflexionan sobre la forma de vida que han llevado y hacen votos por que no tengan que regresar a ella

Caracas. Unos llegaron por sus medios, otros tantos por la acción de los educadores de calle. Saben que después de tantos años de adicción a las drogas, lo que viene es una dura desintoxicación, pero no les importa la abstinencia: prefieren retomar una mejor vida que amanecer algún día con un mosquero en la boca.

En la carpa de la Misión Negra Hipólita, en Los Caobos, más de una veintena de personas de la vida callejera pasaba la resaca. Los facilitadores y educadores nunca dejaron de prestarles apoyo, a pesar del excremento que pudieran expulsar encima de un colchón, los malos olores que llegaran a emitir sus cuerpos impregnados de alcohol o alguna queja que susurraban por no querer respetar las normas.

Sin embargo, la esperanza era lo que más se percibía en todos los que estaban debajo del toldo.

Roberto Monsanto cuenta con 36 años de edad, de los cuales 28 los ha dedicado a la drogadicción: toda una vida. Desde hace más de cinco años se dedicó a vagar por las calles debido a este problema y por "mala conducta", como lo define.

Residía en un apartamento en Guarenas y cuando sus padres fallecieron, en 2002, se fue por su cuenta sin rumbo fijo para no ser carga de sus ocho hermanos y hacer "lo que venga en gana", a pesar de ser progenitor de dos niños: uno de 12 y otro de cuatro años. "No le tenía miedo a la calle, pero allí conocí la violencia. En varias oportunidades el hampa me ha dado siete tiros en el cuerpo.

Ahora estoy vivo de broma. Por eso vine hasta la Misión, porque me cansé de esa vida y quiero experimentar mejores cosas. Quiero seguir vivo", asevera.

Y es que también quiere dejar en el olvido lo duro que le tocó vivir en las cárceles, donde ha caído más de 20 veces por los delitos de robo, droga, porte ilícito de arma e intento de homicidio. Al asumir las culpas recibía beneficios, pero la única salida que veía era de nuevo la vida en la calle.

"¿Qué si puedo aguantar la desintoxicación? ¡Claro que sí y por el tiempo que sea! Dios cambia todo y la Biblia es mejor que el crack, la marihuana y la cocaína. No pienso dejar la Misión porque espero llegar a ser un hombre útil a la patria".

Así también piensan Marlene Alfonzo (48 años) y Juan José Valcaceda (38), conocido como "El Bombillo", quienes se conocieron en las calles hace un año y decidieron ser pareja a punta de estupefacientes.

Ella cayó en ese mundo hace cinco años por una decepción amorosa (el padre de sus seis hijos, con quien estuvo casada durante 20 años, la abandonó) y él comenzó esa vida mundana hace ocho años por "mala conducta".

"Yo vivía en Valencia en una quinta y tenía una finca de 18 hectáreas, pero después de esa decepción me tiré al abandono, comencé a beber y me junté con drogadictos. Empecé a vivir en las calles hasta que conocí al `Bombillo’, quien me sacó de la soledad y la prostitución en la que caí.

Ahora ambos pensamos divorciarnos de las drogas por el resto que nos quede de vida", asegura Alfonzo.

Valcaceda, quien trabajaba como artesano, también piensa de esa manera, pues quiere elevar su nivel de vida e integrarse a la sociedad junto a su pareja.

Todos reflexionaron acerca de sus vidas y exhortaron a todos los padres a que cuiden a sus hijos y los estimulen a que no caigan en ese mundo oscuro de las drogas.







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