Acciones y reacciones hacia el totalitarismo mediático

Por Venezuela Real - 18 de Junio, 2007, 14:21, Categoría: Testimonios

ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
18 de junio de 2007

Diversas manifestaciones en defensa de la libertad de expresión han realizado los movimientos universitarios
Ladrones, hombres que se prostituyen, escritores venales. Esa es nuestra gran prensa"

"Ladrones, hombres que se prostituyen, escritores venales. Esa es nuestra gran prensa", acusaba Vladimir Ilich Ulianov al referirse al papel de los medios de comunicación en la Rusia revolucionaria de los primeros años, cuando aún subsistían los diarios de la burguesía. Luego, cuando ya dispuso del poder total y pudo liquidar a esos medios", descubrió el inmenso poder de la radio, creó su propio programa "¿Qué es el poder soviético?" y llevó las emisiones, de obligatoria escucha, a todo el país por medio de la onda corta y el cable. Una sola estación con un mensajes único. Llegado Stalin las técnicas propagandísticas se perfeccionaron y Radio Moscú, con sus programas en 70 idiomas, llegó a ser la emisora más potente de Europa y quizás del mundo.

Tanto Carlos Marx como Lenin consideraban a los medios privados de comunicación como aparatos reproductores de una superestructura dominante cuyo objetivo consistía en perpetuar el modo de producción capitalista y explotador de los trabajadores. Para Stalin la prensa era un instrumento propagandístico, "la correa de transmisión entre las masas y el partido", es decir, el mecanismo para liquidar los residuos del capitalismo en sus conciencias y hacerlas parte activa de la revolución. Por eso el concepto de libertad de expresión no existía, ni existe, en un gobierno comunista y Lenin lo dejó muy claro cuando afirmó que "la prensa soviética será libre en la medida en que se libere del capitalismo, del profesionalismo y del individualismo burgués y anárquico".

Alguien podría considerar exagerado ubicar, en ese marco histórico, el estado de la libertad de expresión en Venezuela, pero los hechos y los dichos de la "superestructura dominante" nos colocan, pese a notables diferencias de tiempo, espacio y metodología (metódica dicen los teóricos chavistas a la manera rusa), en una situación similar, no sólo porque cada día nos acercamos más al modelo cubano, hijo directo del mal llamado comunismo soviético, sino porque todas las revoluciones socialistas, así a ésta le otorguen un carácter distintivo, se han establecido sobre el requisito común de aplastar no sólo la libertad de expresión, sino el derecho a la información, como partes integrantes básicas de los derechos sobre los cuales se funda la democracia. En otras palabras, y esto parece de perogrullo, sin libertad de expresión no hay democracia.

Una estrategia inédita

Llegados a este punto y pese a la indignada protesta oficial, ante el mero hecho de enunciarlo, uno se pregunta: ¿Acaso no existe libertad de expresión en Venezuela? Un sabio de la comunicación como Antonio Pasquali podría responder que efectivamente la posibilidad de expresarse está allí, sólo que cada vez se nos cierra más la capacidad de comunicarnos masivamente. El cierre de RCTV resulta revelador en ese sentido, aun cuando algunos medios todavía están en capacidad de comunicarse y retroalimentar esa comunicación con los receptores en canales de ida y vuelta. En otras palabras, el cerco se cierra y seguirá cerrándose en la medida en que la sociedad lo permita. Pero ese proceso, que forma parte de un diseño, será contenido, como arece que está ocurriendo, mientras esa sociedad esté movilizada y dispuesta a defender sus derechos.

Ese proceso, que forma parte de un diseño, es el aporte de la revolución chavista a sus antecesores, porque partiendo de la llegada al Gobierno por la vía electoral, tan denostada por los clásicos, ha implicado el desarrollo de una estrategia original por inédita y compleja por la multiplicidad de sus desarrollos, a veces por etapas, a veces simultáneamente, pero al final dirigida a los mismos objetivos: la toma total del poder y el dominio absoluto de la sociedad en su conjunto y de cada individuo en particular.

En una democracia como la que se encontró Hugo Chávez al posesionarse de la presidencia, resultaba imposible la utilización, al calco, de los procedimientos (brutales, directos) ruso, chino o cubano ante el tema de los medios. Se presentaba, además, un factor adicional: muchos de esos medios se habían sumado a la victoriosa campaña electoral del candidato Chávez y existía una verdadera luna de miel comunicacional.

El conflicto se planteó cuando muy pronto comenzaron a notarse las verrugas del régimen, los hechos de corrupción, el carácter autocrático de una Constituyente manejada desde Miraflores, la sombra del autoritarismo en ciernes y un desusado apetito de poder puesto en evidencia cuando se ordenó aprobar la reelección presidencial (seis más seis).

La reacción de sorpresa dio paso al estupor y luego a la indignación, pero mientras más despotricaba el Presidente de los medios y de los periodistas, mayor era la carga crítica contra un gobierno que se revelaba abrumado por unas responsabilidades que lo desbordaban permanentemente. No obstante, el peso de la palabra de los poderosos tendría sus primeros efectos y Chávez verificó cómo su palabra no sólo polarizaba al país, sino que se convertía en una orden directa, por cadena nacional, para agredir físicamente a sus detractores mediáticos.

Comienza la primera etapa de la cruzada contra la libertad de expresión. Se crean los grupos de choque y los círculos bolivarianos más agresivos la emprenden contra periodistas y directivos de medios por el expediente más simple: apalearlos, sitiarlos y utilizar el descrédito canalla de atrabiliarios voceros con patente de corso mediático. La finalidad era aun más simple: acallar la crítica y fomentar la autocensura por el expediente primitivo del ataque físico contra personas y bienes, procedimiento similar al utilizado por los fasci de combattimento de Mussolini.

Una metódica algo más refinada

Ocho años después, esa "metódica" no ha desaparecido y si para el año 2004 las ONG defensoras de derechos humanos contabilizaban 762 agresiones, Espacio Público indicaba que el año pasado se produjeron 106 casos donde se restringió el derecho a la libertad de expresión e información a través de la intimidación, la agresión, la amenaza y el hostigamiento judicial.

Sólo que, paralelamente, las formas más bien primitivas se han ido sofisticando a medida que pasa el tiempo y el Gobierno ha podido consolidar su injerencia en los demás poderes. Es así como se acude a los tribunales para hostigar a los periodistas con juicios prefabricados que muchas veces, en apariencia, no tienen que ver con el ejercicio profesional, se utiliza al Parlamento para aprobar leyes que reducen los márgenes de libertad de expresión y se ordena a los organismos gubernamentales que, a través del halago o la manipulación de las pautas publicitarias, induzcan a la autocensura o a la neutralización de los espíritus cuestionadores.

Allí está la Ley de Contenidos y la reformas del Código Penal, debidamente adaptados a la estrategia de ir cerrando el cerco sobre medios y periodistas en una combinación Poder Judicial-Poder Legislativo, que da cuenta de cómo desde el Ejecutivo se controla toda la estructura del Estado haciendo de la independencia de poderes una farsa evidente hasta para el menos avisado de los ciudadanos. De manera que ahora ya no se trata de controlar los medios, sino de neutralizarlos apoderándose de ellos.

En ese cambio de estrategia, quizás el arma más refinada haya sido la "persuasión", mediante el uso bastardo de la pauta publicitaria del Estado, para conquistar conciencias y poner al servicio de la revolución grandes, pequeños, poderosos y vulnerables medios de comunicación, radioeléctricos y escritos. Mercadeando las líneas editoriales, comprando líneas informativas, ofreciendo sobrevivencia y publicidad, el Gobierno ha avanzado en su objetivo de dominar la totalidad del espectro comunicacional. En fin, ha mostrado el abanico de opciones que presenta su músculo represivo en lo que se consideraba que sería la ofensiva final.

Así, después del triunfo electoral y cuando se creía en posición invulnerable, decidió que era hora de dejar caer el hachazo sobre uno de los irreductibles, RCTV, cuya directiva se negó a transar sus principios y prefirió el cierre a una ignominiosa tregua. Ahora, una abrumadora mayoría del país (69,9%) se pronuncia contra el cierre de RCTV, 75% rechazan la posibilidad de aplicarle la misma medida a Globovisión y 56% creen que lo ocurrido atenta contra la libertad de expresión. Sobre ese estado de ánimo de la población se montó la dirigencia estudiantil declarada en rebeldía y, por ahora, la tentativa del totalitarismo mediático ha fracasado.





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