Orlando Albornoz: "Se pretende fiscalizar a las universidades en lo ideológico"

Por Venezuela Real - 18 de Junio, 2007, 14:29, Categoría: Educación

GUSTAVO MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
18 de junio de 2007

Entrevista // Orlando Albornoz, investigador emérito de la UCV
"La única defensa posible de la universidad es la de promover la creación y difusión de ideas, de conocimientos..."
Para el docente la universidad debe rebelarse desde el plano de las ideas, de los conocimientos y los saberes

Entre uno de los tantos argumentos que han justificado sus recientes movilizaciones, los estudiantes han exigido el respeto de la autonomía universitaria. Alertan que está condición sine qua non de las casas de estudios está en la mira del Gobierno. Pero la preocupación no es sólo de los bachilleres, sino de la comunidad académica en general.

Defensor y crítico de la autonomía, el investigador emérito de la UCV y con una dilatada obra, el profesor Orlando Albornoz se extiende sobre esta condición de la universidad, al tiempo que reflexiona. "La autonomía se ha convertido en moneda de trueque político y la emotividad es muy elevada".

-¿Según usted la universidad ha creído, erróneamente, que la autonomía se basa en una territorialidad, en el derecho a la elección de sus autoridades o la administración de sus recursos. Cuando realmente se trata de la independencia de las ideas. Hasta qué punto esa libertad está en peligro?

-Está en peligro cuando se dice que la universidad debe estar en consonancia con el modelo del socialismo del siglo XXI o cuando un ministro levanta la mano y exclama ¡Socialismo, Patria o Muerte! Cuando se habla de muerte se refiere a la muerte de la universidad, como institución en cuanto a la creación y difusión de conocimientos e ideas que debe ser plural y no estar bajo una especie de tutoría ideológica.

-La autonomía ha sido, entre otras, una de las banderas de las protestas estudiantiles.
-A mi juicio, la defensa de la universidad se ha transformado en una defensa política. Si se cae en la trampa política pierde su autonomía, su esencia. La única defensa posible de la universidad es la de promover la creación y difusión de ideas, de conocimientos, con el debate plural y la diversidad.

-¿Pero siendo un problema político, dada la sempiterna confrontación con el Gobierno, la universidad no debería responder de la misma manera? Además, el rol de la universidad ha sido importante en momentos claves de la historia contemporánea.
-Si la universidad es agredida debe responder con una fuerte agresión pero desde lo conceptual y lo teórico. Desde sus aulas e institutos con ideas y posturas críticas pues esa es su naturaleza; en momentos de disputas políticas entonces debe prevalecer eso las ideas, el diálogo, el debate, insisto, si va a la calle pierde su esencia. La rebelión de la universidad debe ser en el plano de las ideas, de la persuasión. Por otro lado, el rol de la universidad en ciertos momentos políticos siempre fue en el marco de la sociedad, no como algo aislado.

-¿Ante un Gobierno que desprecia el diálogo, el único camino de la universidad es potenciar su esencia?
-No hay diálogo porque el Gobierno tiene una mentalidad corporativa y no ve a las universidades como parte de la sociedad, sino como parte de su proyecto político. Pensar que por el hecho que las financie las universidades deben estar a su pleno servicio es parte de esa deformación. Las universidades son de la sociedad, y es, si se quiere, una concesión que hace el Estado a una porción de la sociedad, la académica. Ese convenio hace suponer que es para el interés público que haya un espacio en donde se entrena a las capas técnicas, tecnocráticas y humanísticas de la sociedad y se produzca el conocimiento que la misma necesita para sobrevivir. Como todo convenio este es regulado: el Estado financia, la comunidad responde a las necesidades de la sociedad, pero no las que fije quien financia sino según la agenda que fijen los académicos. Ese es un difícil ejercicio que las sociedades aceptan y entienden cuando ha madurado el papel de las instituciones dentro del Estado. Como ciudadanos todos tenemos el derecho de velar que la autonomía sea en el marco de transparencia, de higiene administrativa, pero en modo alguno la comunidad académica puede subrogar sus obligaciones en terceras personas ni aceptar la tutela de un gobierno, grupo político o religioso y mucho menos cualquier ideología que quiera imponer su predicamento a la comunidad.

-Ahora bien, más que una certeza, el ataque a la autonomía sigue siendo una amenaza. Para muchos el Gobierno más bien las ha apoyado económicamente y se ha enfocado en crear un sistema paralelo.
-Esa es su obligación. Pero no olvidemos que ha modificado artificialmente la educación superior dentro del objetivo de controlar la academia. Su único propósito es fiscalizar la universidad autónoma desde lo ideológico. Para el Gobierno la mejor universidad es la obediente y sumisa, pero eso no le conviene al país. Están los casos de universidades militarizadas como la Unefa o instrumentales como la Universidad Bolivariana de Venezuela, ambas apéndices del proyecto de país que tiene el Gobierno, que no es necesariamente es el de la nación.

Para nadie es un secreto que al interior de las universidades hay muchas desviaciones bajo el amparo de la autonomía, y que es harto difícil combatirlas. Esta situación alimenta el discurso del Gobierno y sus adeptos contra las universidades por las anomalías en su funcionamiento tanto académico como administrativo. ¿Cómo mejorar esa situación y responder al reto que implica ser autónomo?
-La calidad es la mejor defensa de la autonomía. No se trata sólo de la producción de conocimientos o de formación, sino de organización interna. La universidad autónoma esta debilitada por la burocracia interna que la ha llegado a dominar de manera tal, que es el poder interno de la institución sobre el poder académico. La mejor defensa de la universidad es su autorregulación, transparencia, decencia, sentido ético. La autorregulación debe corregir numerosos defectos. Lamentablemente son los menos productivos, los menos competentes quienes usan la autonomía como excusa.

-En estos ochos años las instituciones cedieron al control del Gobierno. ¿Por qué no ha acontecido lo mismo con las universidades autónomas?
-Porque en su interior se conservan las fortalezas y reservas morales, y el pensamiento libre y crítico. Si bien una porción ha cedido al Gobierno, hay dos grupos que salvan la capacidad crítica en Venezuela: los intelectuales y las universidades.

-¿Hasta dónde llegarán las amenazas del Gobierno?
-Quedarán en eso: amenazas. Vista la imposibilidad de penetrarlas creó un sistema paralelo cónsono con su proyecto, y dejará a las autónomas que funcionen, claro está, siempre en clima de tensión. No las va a cerrar. Seguirá presionando, pero no se atrevería a clausurarlas proque es un tema muy sensible.

El país se queda sin capital académico y técnico

-¿Cómo evalúa el desempeño de las universidades experimentales después de ocho años de intervención?
-La situación es lamentable. Fueron creadas en mal momento sólo para responder a intereses políticos y partidistas. Si el Gobierno tuviera algún criterio de urgencia en el área de la educación superior las declararía en emergencia para reformarlas. Lo que conozco, desde hace años, por ejemplo, de los niveles cualitativos de los núcleos de la Universidad Simón Rodríguez, es de espanto académico. En tono positivo recomendaría que se designase una comisión de expertos para que evalúe estas instituciones, igual a la Unefa y la UBV.

-¿Cómo ve la generación de conocimientos?
-Venezuela está a punto de perder su capital académico, al no renovarlo y reforzarlo. El Gobierno tiene que rectificar, si quiere que el país avance en la materia del conocimiento. Cuando estábamos a punto de ingresar honorablemente en la sociedad del conocimiento, las políticas públicas nos arrastran a la rémora de la sociedad corporativa, en donde todo funciona como en el ejército, además que nos retrotraen a la sociedad del entrenamiento.

-¿Cuál es su opinión de la gestión del ministro Acuña?
-Creo que ha optado por su posición ideológica y política, en sustitución de la académica. Alzar el puño derecho y gritar en el Teresa Carreño el slogan de Patria, Socialismo o Muerte, me ahorra toda otra consideración. Eliminar la PAA es penoso, porque él, mejor que nadie, conoce el valor técnico de la selección. El sistema de educación superior, supone estrictos procesos.







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