TODOS LOS MALES REUNIDOS EN UN MERCADO LIBRE DE EL CEMENTERIO

Por Venezuela Real - 19 de Junio, 2007, 20:22, Categoría: Dimensión Social

MARIAHÉ PABÓN
El Mundo
19 de junio de 2007

La salud del buhonero
Contaminación sónica, alergias, molestias intestinales, depresiones, irritaciones oculares y de la piel, afectan a la población de la economía informal, expuesta a las inclemencias de su entorno

Son las 12.30 de un domingo asoleado en los predios del mercado libre de El Cementerio.

Nos ubicamos en la esquina del edificio Ramírez, en pleno corazón de la economía informal, el 17 de junio de este año. Recorremos la zona a la búsqueda del cumplimiento de algunas de las muchas leyes que se han promulgado para el libre ejercicio de la buhonería y no encontramos su cumplimiento, en ninguna de las ventas alineadas a lo largo de la inmensa avenida, por donde se entrecruzan autobuses, motocicletas, taxis y hasta patinadores.

Frente al edificio Ramírez hay una venta de refrescos, cerveza, licores y chucherías. En los bajos del propio edificio se encuentra una venta organizada de charcutería, en donde se puede conseguir lo que no se ve en los mercados del este: pollo y huevos en cantidades, quesos y carnes, bien manejadas por los expendedores. La hora invita a beber cerveza y pese a que en la puerta del establecimiento (enrejado, por cierto, como una cárcel) en donde se expende hay un contenedor para colocar las botellas vacías, algunas se lanzan a la calle sin ningún respeto.

Con frecuencia se registran accidentes con botellas rotas. Lo dice una mujer joven que vende aguacates en una zona cercana y que debió llevar a su hija al hospital, por una herida profunda producida en su pie derecho, debida a un envase de cerveza que un motorizado lanzó desde su trono. Me invita a que regrese al anochecer, para que vea el cementerio de botellas azules regadas por todas partes.

Ella misma relató que al autorizarse el paso de vehículos por las calles, los accidentes se han multiplicado, ya que circula una enorme cantidad de gente que debe torear a taxis, autobuses y motos: "a un hombre le quitaron un brazo", cuenta con angustia, mientras su hija de 4 años se chupa los dedos sucios, luego de haber ingerido una dudosa hamburguesita de carne, adquirida en una venta ambulante, en la que sus expendedores ni por asomo utilizan uniforme, ni guantes para manipular los alimentos y menos un contenedor en donde guardar la carne y demás ingredientes que se agregan al "manjar".

LA MÚSICA ENSORDECE

Unos altoparlantes dejan escuchar alegres vallenatos, justo al lado de una niña que no debe alcanzar los dos años. Más adelante, un espontáneo bailarín derrocha su gracia corporal, mientras se baja media botellita de ron. Dos niñas duermen plácidamente en un contenedor vacío, de los que se usan para colocar bolsas de basura. Una madre amamanta a su hijo, mientras el padre a todo pulmón ofrece los últimos éxitos fílmicos en versión pirata. Cada puesto tiene una música diferente, cada vendedor echa mano de su ingenio para anunciar su mercancía. Algunos de esos anuncios están grabados y se mezclan en el ambiente de mercado persa. Caminar entre las ventas, los vehículos y la gente es una pesadilla. Muy cerca de allí hay un centro comercial bien organizado, bajo techo, con ventas de comida y de ropa de moda. Al final, se encuentran los centros de ventas al mayor, muy solicitados por revendedores del interior del país. Sí hay contrabando por todas partes y pese a la prohibición de vender cigarrillos en estos sitios, se expenden sin rubor.

LAS ENFERMEDADES

No se necesita ser experto para determinar, a ojo de buen cubero, qué enfermedades pueden atacar a este grupo humano, que debe levantarse de madrugada a montar su puesto de buhonero, llevando consigo a parte de su familia, especialmente si el dueño o empleado del puesto es mujer.

Allí hay contaminación sónica, alergias, infecciones estomacales por la ingesta de alimentos mal preparados, irritaciones en la piel y ojos, por la enorme cantidad de polvo que se acumula; heridas y accidentes debido al tránsito de vehículos por el sector. La intoxicación etílica ha de ser una fija, por la cantidad de licores que se consumen. La salud de los niños está en juego. No existen baños públicos. Dejar el automóvil en las calles adyacentes es un peligro, y no por los habitantes del sector, sino por las bandas que se organizan para desvalijarlos y, de paso, asaltar a los distraídos. Se ven muchos uniformados por todos lados. Pasean a pie y en moto, esperando quizá el accidente, el robo, la pelea callejera. No deben estar autorizados para hacer cumplir las leyes establecidas para la actividad buhoneril, porque en cada esquina se incumplen.









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