La mala leche de la carne

Por Venezuela Real - 21 de Junio, 2007, 8:06, Categoría: Economía

Alexander Guerrero
El Universal
21 de junio de 2007

Como ya es costumbre y en posesión de su conocido e institucionalizado esquema de amenazas y de siembra del miedo envuelto en la acostumbrada diatriba política de sus programas de radio y TV, el presidente de la República carga de nuevo contra la propiedad privada, ahora va contra la leche, la carne y los quesos; la revolución tiene hambre. La culpa de la caída de la producción de leche, carne y quesos, es según la curiosa lógica del Presidente de empresarios agropecuarios que no la quieren producir.

Siendo demasiado evidente que las causas de la caída de la producción y la productividad de esos bienes está  profundamente conectada con las políticas económicas y de los esquemas de intervención del Gobierno en la economía, en un marco de debilidad jurídica y política de los derechos de propiedad, de leyes restrictivas de la producción y productividad agropecuaria, pareciera entonces que la revolución ahora se prepara para cargarse los activos -los animales de cría- de la misma manera como se tomaron los activos de RCTV.

¿Cuál es el método de esa apropiación? La violencia, sin que se tenga que diferenciar entre violencia institucionalizada jurídicamente o violencia revolucionaria que emerge de su discurso político; para los efectos sobre la caída de la producción y la productividad agropecuaria, resulta lo mismo. Es imposible producir sistemáticamente con pérdida y deterioro de esos activos, la ruina es entonces inminente, el Estado ahora se dispone a cargarse esos activos y las fuerzas armadas a ejecutar el edicto presidencial.

De materializarse ese deseo presidencial, los venezolanos tendremos que prepararnos, ya hay evidentes señas de ello, para las colas y el racionamiento sistémico de carne, leche, quesos, pero no por causas circunstanciales de corto plazo, sino por definición del propio sistema, el cual, traído desde y como en Cuba, el comunismo somete a los cubanos por varias décadas al racionamiento sistémico y sistemático de esos bienes esenciales.

La situación es aún más patética porque el esquema de políticas económicas y medidas de control de las libertades económicas, controles de precios, de cambio, aplastamiento sistemático tributario, terror institucional en manos de organismos públicos y de los ministerios de la Economía y Trabajo, y en cola los soviets o consejos comunales, apuntan a inducir quiebras y mayor ruina económica en sectores de la economía nacional, del capital privado.

A esos esquemas ad hoc, por intervención sistemática del Gobierno y con el ventajismo de la renta petrolera y tributaria del Estado, se agregan los factores de la violencia política, y dentro de estos últimos, con persistente presencia y mal uso, la diatriba política presidencial, sus amenazas, cuyos programas de radio además de las abusivas cadenas, han venido creando un entorno de temor y miedo, que hoy se esgrimen como factores que junto a los primeros mencionados, se organizan institucionalmente para reducir la voluntad familiar y personal de empresarios pequeños  y grandes.

Ese objetivo inmediato que se devisa del discurso presidencial va acompañado de una especie de "economía de lo pobre" donde los incentivos naturales de creación y desarrollo empresarial son mutilados y sustituidos por ese canto a la pobreza, y de acoso a los naturales incentivos de la gente para crear riqueza.

En resumen, aunque el poder político se tomó por votos, más allá de las naturales dudas por legitimidad y legalidad que aún persisten en un importante sector de la opinión publica, la acción político-institucional del Gobierno en relación a las libertades económicas se hace sobre la base de la pérdida de las más elementales condiciones requeridas para la existencia de una sociedad controlable, de un gobierno con contrapesos institucionales.

Los naturales contrapesos institucionales del Gobierno no existen. La dependencia de quienes gobiernan en las naturales instituciones de contrapeso político institucional del Poder Ejecutivo no es sólo de ánimo sino ideológica, la representatividad popular ha sido descabezada y secuestrada por un proceso político institucionalizado ahora en decretos leyes, que se aproxima a tomar para el Estado los activos rentables y productivos en manos de la gente y sus empresas. El discurso presidencial es de deseconomías conocidas, cubre la ruta del amedrentamiento y  coadyuva la desvaloración de esos activos.

En lo económico, las consecuencias son protuberantes, la escasez y consecuente racionamiento de bienes y servicios básicos para la familia de consumo vital, emerge como "consecuencia intencionada" de las líneas trazadas por la revolución y que se expresan en la descapitalización masiva del capital privado. En el corto plazo, las consecuencias sociales son tapareadas por la renta petrolera, pero el hueco social y económico está allí, ya las finanzas del Estado muestran su desbalance estructural por caída del ingreso fiscal y expansión del gasto, por derroche y desquiciamiento del poder financiero central del Estado. La crisis fiscal  que se incuba pese al abundante ingreso fiscal de los últimos anos luce inminente.







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