Así se vive en la Torre Viasa

Por Venezuela Real - 25 de Junio, 2007, 15:00, Categoría: Testimonios

MIRELIS MORALES TOVAR
EL UNIVERSAL
25 de junio de 2007

Habitan entre butacas y bandejas de avión, pero con el temor de ser desalojados
El orden impera en las habitaciones, donde no faltan los ventiladores, televisores y DVD

Una puerta de hierro con remiendos de soldadura marca el límite entre el exterior y el "mundillo" que existe en el interior de la Torre Viasa, a raíz de que el 6 de enero de 2006 ingresaron 100 familias damnificadas de San Bernardino y sus alrededores.

Allí, el acceso a personas extrañas está restringido. Sólo la coordinadora del edificio es quien da la autorización para entrar y conversar con los inquilinos. Eso sí, siempre que sea bajo sus términos. Lo que significa que la conversación debe ser grabada, nuestros rostros fotografiados y nuestra rúbricas plasmadas en un acta, donde se deja constancia de lo ocurrido en la visita.

Las exigencias se interpretaron como signos de desconfianza. De allí que durante unos minutos, el ambiente se tornó tenso. Más aún, cuando los inquilinos comenzaron a cuestionar las denuncias de los vecinos de Bellas Artes, que se publicaron el pasado jueves 14 de junio en El Universal.

"Primero tenemos que aclarar que aquí no tenemos drogas", aseveró Elizabeth, coordinadora del grupo. "La droga está en la calle, pero en este edificio no. Tampoco tenemos trabajadores sexuales. Aquí lo que hay son padres de familia, gente sana", dijo con voz enfática.

"También queremos que sepan que nosotros no somos invasores", agregó Leidys. "Somos damnificados que es diferente. Y estamos conscientes de que estos bienes no nos pertenecen", acotó.

De inmediato, un "guayoyo" aligeró el ambiente y abrió paso a una conversación, que permitió conocer los detalles de su llegada.

Según cuentan, ese 6 de enero de 2006 entraron dos grupos a la Torre Viasa, motivados por el decreto de ocupación temporal que dictó la Alcaldía Metropolitana. Unos, los trajo el Gobierno. Otros, los arrastró la necesidad.

"Cuando llegamos lo que había era basura e indigentes", recuerda Elizabeth, quien siempre lleva el mando de la conversación. "Esa noche dormimos todos en el piso. Ya después hicimos un listado, distribuimos a las familias en los 14 pisos y cada quien limpio su espacio (...) Pero hoy sólo quedamos 50 familias, pues muchas se han ido por temor a que nos saquen".

En aquel entonces, ninguno se conocía. Lo único que tenían en común para ese momento era la necesidad de una vivienda. Hoy, luego de año y medio de convivencia, se consideran familia. Incluso, establecieron lazos de compadrazgo entre ellos que los mantendrá unidos.

Ahora, cada quien cumple una función dentro del edificio: Elizabeth se encarga de coordinar y de alquilar a sus vecinos la lavadora por 15 mil bolívares al día. Ruby hace la manicura por 12 mil. Leidys da clases de baile a las niñas. Y Julio, alias el artista, se encarga de amenizar las veladas con su acordeón.

Un recorrido piso por piso permitió constatar las condiciones en las que viven y presenciar cómo el recuerdo de la extinta Viasa los rodea. Y es que por doquier se ven vasos con el logo de la aerolínea, bandejas y hasta envases de comida.

Hay cajas con insumos de la empresa por todas partes, las cuales hoy sirven de soporte para acomodar sus colchones. Los estantes que antes guardaban carpetas, ahora almacenan ropa. Y dos viejas butacas pasaron a formar parte de una sala que llaman "El Avión".

Bernardina -por citar un caso- vive en lo que fuera el área de máquinas. A su vecina, en cambio, le tocó acomodarse en la sala de conferencias, así que convive entre un mesón de grandes proporciones y un baño VIP.

A simple vista, no viven mal. Al menos, tienen la seguridad de un techo, que no cederá ante las lluvias. Sin embargo, tuvieron que acostumbrarse a la incomodidad de cargar tobos de agua, al calor que genera la falta de ventilación, a la necesidad de comprar comida por día por falta de nevera y, sobre todo, tuvieron que aprender a vivir con el miedo de ser desalojados.

"Aquí nunca estamos seguros, porque siempre está la amenaza de que nos van a sacar ", comentó Elizabeth. "Nosotros estamos en un limbo, porque no hemos recibido respuesta ni del Vicepresidente ni del Ministerio de Vivienda (...) Juntos estamos haciendo los trámites en Conavi y ya formamos una Organización Comunitaria de Vivienda. Esperamos que en diciembre tengamos nuestras casas. De lo contrario, nos tocará irnos a vivir debajo de un puente y ser unos indigentes más".






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