Garzón y la mano del imperio

Por Venezuela Real - 25 de Junio, 2007, 17:26, Categoría: Política Internacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
25 de junio de 2007

El espectáculo ha resultado lamentable. El vicepresidente Jorge Rodríguez, fuera de sí, vociferando desde una tribuna sin nombre que el juez Baltasar Garzón es "un payaso". La presidenta del TSJ, Luisa Estela Morales, acusándolo de ser "un mercenario". El ministro Nicolás Maduro afirmando que Garzón, convertido ahora en "un mercenario de la palabra", había venido a Venezuela "a cumplir un cobarde y triste papel". Todo porque tuvo la audacia de referirse a la justicia, a los excesos del poder, a la libertad de expresión. Y porque además de cometer el grave error de mencionar la soga en casa del ahorcado, tuvo la mala ocurrencia de sugerir que la mejor forma que un gobierno tiene de cercenar la libertad es cerrando medios de comunicación. ¡Ah, la perversa mano del imperio! El día anterior, Hugo Chávez había aclarado aún más la maniobra internacional al denunciar al ministro de Asuntos Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, porque en el Congreso de los Diputados reiteró el malestar del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por el cierre de RCTV y exhortó al gobierno venezolano a rectificar esta decisión.

"Una falta de respeto", sentenció Chávez, para luego lamentarse de que esas declaraciones dañan las relaciones entre los dos países, pues a partir de ellas "yo tomo distancia (del gobierno de España)... Me da tristeza". En esa misma línea de acción, Pedro Carreño anunció que mientras dure la Copa América quedan prohibidas todas las manifestaciones de protesta (las de apoyo no), como si en efecto él tuviera la autoridad constitucional para hacerlo. Más al sur, las oligarquías sudamericanas lograban arrojar una sombra de duda sobre el ingreso de Venezuela al Mercosur. De regreso en Caracas, el propio Chávez admitió que la escasez de alimentos en los mercados era cierta, se suspendían la firma del acta constitutiva del Banco del Sur (opción bolivariana frente a los desmanes del Banco Mundial) y el desfile militar del 24 de junio en el campo de Carabobo, para restringirlo a los espacios protegidos de Fuerte Tiuna y poner así a Chávez fuera de cualquier riesgo.

Desde la perspectiva de un régimen que, misteriosamente, se siente acosado aunque en su entorno real no se vislumbre la menor señal de peligro, éstas deben ser las lógicas respuestas del pueblo ante la conspiración en marcha para despojar al pueblo venezolano de su revolución liberadora de todos los males, incluyendo el del genocidio español hace 500 años. Sobre todo, porque como es natural, detrás de todas estas evidencias de la maldad, cuya más acabada manifestación es la súbita movilización estudiantil, está la conspiración de Bush.

Este es, según Chávez, el núcleo del gran problema nacional. Las múltiples piezas de un rompecabezas desestabilizador armado en Washington para arrebatarle la felicidad por venir a Venezuela. ¿No nos quieren en Europa? Allá ellos. "Yo no voy a darme mala vida, tengo mucho trabajo aquí." ¿Nos cierran las puertas del Mercosur? No nos interesa ese Mercosur viejo y oligarca. ¿Quieren sabotear con sus protestas los juegos de la Copa América? Ah, no, eso sí que no. Ahí sí se equivocan, porque de ninguna manera vamos a permitirlo.

En el fondo, este espectáculo que ha tenido a Garzón como protagonista de la semana se afinca en tres factores que comienzan a descomponer, no la estabilidad del gobierno de Chávez (de ello se encarga esa terrorífica mezcla de incompetencia, corrupción y despilfarro que sufre el país), sino del equilibrio mental de la población. El primero de ellos es, por supuesto, el imperio, que como Dios se halla en todas partes y nada escapa de su influencia.

El segundo es su consecuencia más directa: el maniqueísmo del discurso oficial. O estamos con Chávez, en cuerpo y alma, sin medias tintas ni pendejadas, o somos, como Garzón o los estudiantes, instrumentos trarifados del imperialismo.

Y tercero, fruto amargo de esta intolerancia desmesurada e insolente, nada parece detener a Chávez en su esfuerzo personal por imponernos su pensamiento porque le da la gana. Tal como alguien tan oportunamente vinculado a él como Eleazar Díaz Rangel, pensando quizá en las incertidumbres del futuro, acaba de declarar: "Chávez no midió las consecuencias (de sacar del aire a RCTV)... como la mayoría de sus decisiones, no fue producto de un estudio." Esta es, duélale a quien le duela, la verdadera conspiración contra Venezuela.





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