La Restauración

Por Venezuela Real - 27 de Junio, 2007, 13:38, Categoría: Oposición/Resistencia

Antonio Cova Maduro
El Universal
27 de junio de 2007

La oposición es un sentimiento que se desborda por cada intersticio del tejido social

Como tantas otras cosas, es una herencia de Roma y se refiere a la acción y el efecto de "restaurar". Es decir: "volver a poner algo en el estado o estimación que antes tenía"; esta es la fundamental entre otras propuestas que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, nuestro infaltable DRAE. Es este significado, precisamente, lo que los últimos acontecimientos nos imponen.

Para cualquier estudiante más o menos enterado, la "Restauración", así con mayúscula, como lo manda el mismo DRAE, designa el período histórico que nace con la caída de Napoleón en Francia: la "restauración de los Borbones" en 1814 y que se extiende hasta su final con la revolución de 1830, cuando serán reemplazados por la Casa de Orléans.

Para un observador superficial, e incluso para los Manuales "express" que utilizan los cursos de Historia, ése fue un período muy conciso y nítido de la historia de Francia, en la que todo lo anterior -el turbulento período de la Revolución, y el imperio napoleónico en la que ella desembocó- fue borrado y reemplazado por "una vuelta al pasado". ¡Borrón y cuenta vieja, pues!

Basta con leer la biografía de Alexis de Tocqueville, (cuyo padre, Hervé de Tocqueville, fue un alto funcionario de esa restauración borbónica) para saber lo difícil que fue intentar conciliar las tres herencias: los viejos aristócratas desplazados, que ahora volvían cargados de facturas; la rápida y gruesa camada de recién vestidos que a toda máquina había instituido Bonaparte y, no faltaba más, los fieles de la república revolucionaria, que ahora debían bajar la cerviz y calarse al hermano del mismo al que ellos habían llevado a la guillotina. Como bien lo aclara François Furet, (página 25 del tomo II de La Révolution, 1814-1880)" mientras que la Revolución francesa se veía a sí misma sin pasado; [para poder gobernar] la monarquía restaurada debía perder la memoria".

Pero no es de la lejana Francia de la que hoy queremos hablar -aunque ella y su pasado estén tan cerca de nosotros en tantas cosas- sino del más reciente e inmediato pasado de Venezuela. Del de apenas antier, como quien dice. Y lo queremos hacer, no por nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue. No, no es por esa razón, es porque nos lo imponen los acontecimientos que, todavía incrédulos, estamos viviendo.

Estamos viviendo -aunque no nos sea fácil reconocerlo- una verdadera restauración. La restauración de lo que precedió al Referéndum revocatorio de aquel pesaroso 15 de agosto de 2004. Hagamos memoria. Para aquel entonces estábamos tabla, como quien dice. Ni el régimen podía imponernos su "Proyecto", ni nosotros lográbamos derrumbarlo: simplemente se lo impedíamos. Y llegó el Referéndum, y la devastación se llevó aquel muro de contención, en medio del estruendo de su dudosa victoria.

Como ya venía siendo el estilo de la opinión opositora, en vez de comprender el valor profundo de aquel muro, todo fue interpretado de una forma que calzase con un poderoso prejuicio: para el proyecto chavista había llegado el momento de "echar hacia adelante", como estaba contemplado desde siempre en su infalible estrategia. ¿Les suena familiar?

Nadie parece haber visto que al caer nuestra resistencia, era casi que mandatorio para el chavismo avanzar raudo; ni que le sucedió lo peor: interpretó la cosa como no era. Es ahora que puede verlo con meridiana claridad. Y es ahora que, para su infortunio, comienza a cosechar los amargos frutos de haber pelado gajo.

Engolosinado, no tanto por haber logrado permanecer en el poder, cuanto por haber asestado un golpe que creyó mortal para sus enemigos, Chávez se preparó para el 3D. Ansiaba culminar la tarea cuando sus enemigos apenas se reponían de la postración de la derrota. No entendió que, al igual que para los prusianos de Jena, "las derrotas enseñan". Y de qué manera.

Lo más grave, ni él ni José Vicente han entendido nunca , que la oposición es un sentimiento que se desborda por cada intersticio del tejido social -y cultural- venezolano. Que es mucho más que los partidos desplazados, que los catiritos ojiverdes hijos de papá, que los empresarios oligarcas que invitan a jueces españoles para que expliquen qué es un juez probo y una justicia digna de tal nombre. Nunca han comprendido que la oposición es¿ ¡el siglo que viven!

Un siglo para el que medios mudos, periodistas ciegos y sordos, abogados bandidos y en nómina, estudiantes con "representación" presidencial, nunca estudiantil, y militares "haciendo y, sobre todo, dirigiendo" una revolución.

Por eso, cuando creía que los "motores" iban a millón, el muro derribado¿ ¡ha sido restaurado! Se ve, se siente, se oye. Es una lástima que el único que parece no captarlo es Chávez y el obsequioso silencio que su imparable voz impone a su nómina.








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