Lo bueno de autoflagelarse

Por Venezuela Real - 27 de Junio, 2007, 13:59, Categoría: Libertad de Expresión

DIANA CAROLINA RUIZ (*)
El Mundo
27 de Junio de 2007
   

Créanme, no es cosa común en el gremio de periodistas agarrar por las crines al potro manso de la reflexión que muchas veces se aspavienta, sale despavorido y se pierde en medio de este difícil momento que estamos viviendo, donde el radicalismo, si no acobarda, llama cobardes y cómodos a los que prefieren sopesar un poco más las cosas, a los que optan por ubicarse en posiciones neutrales o desenmarcarse de la interminable lucha entre opositores y gobierno.

A los periodistas, además, puede someternos el diarismo. Tanto, que en ese seguimiento vertiginoso de las noticias abandonamos, sin percatarnos si quiera, el ejercicio de más valor en nuestra profesión. La autocrítica.

Podemos estar tan afanados en describir, cuestionar y valorar esta compleja realidad, que nos olvidamos de describirnos, cuestionarnos y valorarnos en el ejercicio de nuestra profesión. Algo vital cuando se sabe que a partir de uno de nuestros reportes muchos venezolanos toman decisiones que pudieran resultar cruciales en sus vidas, para sus familiares, en sus comunidades o, incluso, para todo el país.

Nuestras parcialidades políticas, de credo, culturales, raciales, sociales, de género, nuestro egos y pare usted de contar, también interfieren con esta labor de tan noble naturaleza. Y si bien es cierto que la objetividad pura y casta no existe pues, hasta en la elección de un sinónimo a la hora de redactar una idea se ejerce un oculto derecho a ser subjetivo, nuestro esfuerzo siempre debe apuntar a restarle "ruido" al mensaje, para que éste no se vea enturbiado por lo individual.

También resulta sumamente difícil manejar emociones de forma inteligente cuando un funcionario de gobierno, por ejemplo, nos ofende, nos injuria o nos desconoce en nuestra labor sólo porque le planteamos una pregunta incómoda. Y la verdad es que a uno le corre sangre por las venas, no guarapo de piña, y por eso muchos, a veces, nos dejamos llevar por la calentera. Sé que incluso la gente en la calle celebra esas cosas y hasta pueden llegar a exigirnos que la próxima vez le lancemos un microfonazo al sujeto o que le digamos cuán fea es su mamá. Pero no, obviamente no estudiamos 5 años en la Universidad, hicimos postgrados, entrevistamos quién sabe a cuánta gente proba y no tan proba (de la cual también se aprende mucho) y enfrentamos 8 años de triste polarización, para ahora dejarnos absorber por ella. Dejar que eso ocurra es pasar a formar parte de lo que tiene a nuestro país en medio de una constante e irresoluble diatriba entre los buenos y los malos, entre Dios y el Diablo, entre la vida y la muerte. Además, es demasiado sencillo ofender a otro, pues las dendritas de las neuronas ni si quiera tienen que hacer sinapsis para buscar en el cerebro un insulto. Todos nos sabemos las groserías de memoria, todos sabemos gritar e incluso todos podemos meterle un derechazo a cualquiera. Pero vaya, allí sí que no hay genialidad.

Así es como a veces se nos escapa el potro. Se nos pierde. Y luego nadie encuentra cómo hacerlo regresar a la calma, a la mesura, al paseo ecuánime por la realidad. A ese potro se le llama con autocrítica y sobre todo con la absoluta conciencia de que los periodistas podemos ser gestores de cambios en la sociedad.

Metámosle un fuetazo colegas a ese caballo. Que también somos responsables de lo que hoy ocurre en Venezuela.

 «Además, es demasiado sencillo ofender a otro, pues las dendritas de las neuronas ni si quiera tienen que hacer sinapsis para buscar en el cerebro un insulto »

(*) Periodistas Unidos por la Libertad de Expresión








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