Con los medios en contra

Por Venezuela Real - 29 de Junio, 2007, 22:35, Categoría: Libertad de Expresión

Antonio Sánchez García
Web Articulista.net
29 junio 2007  

A William Echeverría, ejemplo de dignidad

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Si un presidente venezolano ha disfrutado de las mieles del unánime respaldo informativo y ha ascendido al poder en andas de una matriz de opinión puesta a su favor por los medios impresos, radiales y televisivos, ése ha sido sin duda ninguna Hugo Chávez. Fue el consentido de tirios y troyanos. Todos los anteriores, desde Rómulo hasta Caldera II, contaron con unos medios relativamente indiferentes. Incluso: refractarios. No se ha tratado de una cuestión personal. Se ha tratado de una tradición. La política ha sido vista desde el cristal mediático y la óptica periodista como una fuente de conflictos, de abusos y corruptelas. De allí la autonomía e independencia mediática, siempre dispuesta en contra de los gobiernos de turno. De allí también el rencor político con que el establecimiento político se acercó a los medios. Herrera, ducho en los entresijos del periodismo y periodista él mismo, navegó sin grandes contratiempos en las procelosas aguas de los medios de comunicación, pero no gozó de especial complacencia. Lusinchi pasó con más pena que gloria, repudiado por sus presiones editoriales y su chantaje cambiario: el dólar preferencial como instrumento de censura. Caldera ha odiado a los medios y ha vivido quejándose de incomprensión y desamor. Su tara congénita. De Carlos Andrés Pérez no se hable: fue literalmente crucificado en el mercado mediático.

Los medios y muchos de los periodistas que hoy se rebelan contra esta inclemente ofensiva contra la libertad de expresión fueron quienes llevaron la voz cantante en contra del entonces presidente de la república. Y contribuyeron de manera decisiva a la construcción de un nuevo mito político: el vengador. Hugo Chávez recibió así el mayor espaldarazo que político y figura alguna recibieran en la historia de la república de parte de periódicos, estaciones de radio, canales de televisión. Chávez, el consentido. ¿Cuántos de los periodistas críticos de hoy estuvieron tras del montaje del Chávez victorioso y triunfador? Entonces fueron venerados por el consentido: hoy son execrados, vilipendiados y zaheridos. ¿Entonces?

 
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La glamorosa luna de miel de Chávez con los medios continuó funcionando mucho más allá de toda sana medida. Chávez copó todos los titulares, todas las portadas, todos los espacios estelares. Fue el hombre rating, el mago de la palabra y la imagen, el genio de la comunicación. El espectáculo principal de la política, cuando la política se convirtió en espectáculo. Adonde fuera, allí le seguía un enjambre de reporteros, camarógrafos, comentaristas y opinadores de oficio: era el primer hombre espectáculo de nuestra historia. No necesitaba ordenar cadenas televisivas: la televisión venezolana se había encadenado motu propio a quien le diera todos los puntos del rating: una auténtica vedette nacional.

En andas de los medios, Chávez pudo imponer todos sus proyectos, concentrar todos los poderes, arrasar en todas las elecciones. Insatisfecho con tanto respaldo, decidió promover su propia empresa de espectáculos y montó Aló Presidente. Utilizó los medios más allá de toda sana medida y encadenó el país a su imagen, a su palabra, a su semejanza. La relación proporcional del uso de los medios ha sido de 20.000 a 1 favorable a Hugo Chávez. Ningún hombre público venezolano ha invadido los hogares de manera más implacable, acuciosa y arrolladora que Hugo Chávez. Ha sido el convidado permanente, obligado e inevitable de nuestros hogares. Convirtió la nación en un gigantesco y multifacético espejo de si mismo. Como en un cuento de hadas, se introdujo incluso en nuestros sueños. E insatisfecho con la caducidad de la imagen televisiva y la palabra radiada,  reprodujo su retocado rostro en miles y miles de gigantescos anuncios publicitarios. Chávez con niños, Chávez con viejecitas, Chávez con trabajadores y obreros. Chávez estadista, Chávez líder, Chávez maestro de juventudes. No hay barrio, poblado, aldea, pueblo o ciudad de Venezuela que no esté tapizado de gigantescas vallas publicitarias de este extraño producto de mercantilismo político llamado Hugo Chávez. De pronto, Venezuela se convirtió en una caja de ilusiones. En una empresa-ficción. En el confesionario, el altar y el púlpito de Hugo Chávez. Fue entonces, ante tanta desmesura y tanto culto a la personalidad, que comenzó a aparecer el monstruo demagógico, despótico y autocrático, delirante e irracional que algunos temíamos. Aliado, para mayor INRI, con Fidel Castro y poseído por el delirio de montar un paraíso rojo-rojito al estilo cubano.

Es el momento en que se produce el divorcio. Los medios habían divinizado a un vengador para mejorar nuestra maltrecha democracia y se encontraban de pronto con su sepulturero. Despertaron súbitamente del embrujo y comprendieron la pesadilla real que se ocultaba tras el cuento de hadas. Chávez era la manzana envenenada. Detrás de los millones y millones de espejos enchufados a nuestros hogares se ocultaba la amarga, la triste, la cruenta y sangrienta verdad. El reino de la felicidad era una patraña sin otro sentido que eternizar en el Poder al vengador, convertido en déspota. Al reivindicador convertido en verdugo. Al entertainer convertido en sepulturero. La revelación fue inmediata: su imagen era un bluff. El producto ofrecido con su ambigua sonrisa y su falsa seriedad de pastor de almas una vil estafa.

Y tal como sucede en la vida real, al amor total y a la entrega sin compromisos comenzó a suceder el despecho por una promesa incumplida, la insatisfacción por saberse usado, el rencor y el odio por tanta traición, tanto engaño y tanto castigo. Los fabricantes de sueños e ilusiones, los administradores de la verdad, los reporteros de la denuncia y la esperanza comenzaron el paciente y prolijo desmontaje de la operación mediática que lo encumbrara a las alturas. Ahora comenzaron a mostrar la verdad desnuda del personaje, sin maquillajes ni artificios. La matriz de opinión se aventuraba por otros derroteros. Comenzaba a voltearse a favor de un cambio de gobierno, de un regreso a las tradiciones democráticas, de un fin a la incuria, el abuso, la corrupción y el miedo. El maquillaje se derretía como fundido por tanto candelero.

Chávez perdía los medios. Y con ello se hundía en el descrédito. El mago estaba al desnudo. El hechizo se esfumaba para siempre.

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Como la bruja del cuento de hadas no resiste la tentación de hacer añicos el espejo que se niega a considerarla la más bella del reino, Chávez no ha resistido la tentación de liquidar a RCTV. En rigor, el canal que más hizo por ayudarlo en su ascenso al poder. Y el que más caro le ha cobrado su traición.  Mientras sufría de la cómoda prisión de Yare, Por estas calles cautivaba a los hogares venezolanos inoculando el deseo por un cambio radical. Sentando una pauta asumida e imitada luego por todos los medios. Con contadísimas y muy honradas excepciones, ninguno de ellos alertó acerca de la inmensa, la infinita gravedad que se cernía sobre Venezuela. El grave riesgo de un retorno a los peores fantasmas de nuestro pasado: el caudillismo militarista y autocrático que él personificaba. Una deuda lo suficientemente pesada como para tenerla presente.

Para inmensa fortuna de la democracia que vive tan profundamente en nosotros, ha comenzado a ser saldada. De una manera que honra al gremio periodístico y a algunos medios que no han aceptado arrodillarse ante la dictadura. Como quedara demostrado en esa maravillosa marcha ciudadana, ejemplarmente cívica, profundamente reflexiva y pacífica que se celebró este 27 de junio, día del periodista, cuando decenas y decenas de miles de venezolanos desfilaran en defensa de RCTV  y la libertad de expresión.

Muchos, muchísimos de quienes marcharon este miércoles estuvieron entre quienes le abrieron con inmensa generosidad sus corazones al teniente coronel. Muchos le prestaron su desinteresado auxilio en momento de penurias, cuando atravesaba el desierto de la soledad. Muchos le dieron su voto cuando respaldado por la izquierda, la ultra izquierda y la ultra derecha y escudado en el caballo de Troya de una alianza lideraba por el MAS decidió entrar al poder por la puerta ancha de las elecciones presidenciales. No sólo en esas, sino en muchas otras de sus elecciones. Y no satisfechos con darle solamente su voto, muchos de ellos pusieron su pluma, su palabra y su oficio a la orden de su gobierno.

Tienen, por lo tanto, un doble derecho moral a exigirle respeto y a apostar por un cambio de gobierno. Y ya han logrado el milagro de comenzar a cambiar la matriz de opinión. Que hoy luce irreparablemente negativa para el presidente de la república. Nacional e internacionalmente. ¿Se puede gobernar con una matriz de opinión tan adversa? Algunos gobernantes lo han logrado. Han terminado sus períodos bandeándose entre los extremos de la represión y la compra de conciencias. O han debido dejar el Poder abrupta y sorpresivamente, como Fujimori. Lo que es absolutamente indiscutible es que con esta matriz nacional e internacional tan negativa, no hay régimen que se sostenga indefinidamente ni revolución que pueda imponerse ni a la larga ni a la corta. A no ser al precio de la más feroz represión. Paradójicamente es entonces cuando más se aproximan al abismo. Que casos como el de Fujimori y Milosevic sirvan de ejemplo: cuando los medios nacionales e internacionales inician una cruzada, no hay autócrata que la resista. Cuando el movimiento estudiantil le pone la proa a una dictadura, no hay satrapía que se sostenga. Y Chávez se haya acorralado por los grandes medios del mundo y el estudiantado venezolano. Imposible imaginar una situación más compleja y difícil para el otrora consentido de los medios de comunicación. Y sólo es el comienzo.

Es hora de que el presidente Chávez se entere. Es hora de que Eleazar Díaz Rangel, José Vicente Rangel y Desirée Santos Amaral, que Ernesto y Vladimir Villegas, que Jesús Romero Anselmi y los restantes periodistas con quienes en el pasado lucháramos contra las injusticias de turno y hoy se han montado en el destartalado aunque suculento y dispendioso carro del régimen abran los ojos y comprendan lo que antaño practicaran con hidalguía: que la lucha por la libertad de expresión, la justicia y la democracia no es un asunto de oportunidad personal. No es un asunto de ambiciones y acomodos individuales. Es una obligación moral, un compromiso ético y profesional. Que los favores no son eternos, que los gobernantes suben y bajan y que la matriz se les ha volcado dramáticamente en contra. Basta de premios de cartón piedra, de aplaudirse en la turbia farsa de los espejos, de pagarse y darse el vuelto jurando que están haciendo una revolución, cuando no están más que montando una ominosa e intolerable dictadura. Indigna de sus propias trayectorias y sus antaño notables y honrosas ejecutorias. De no hacerlo, mancillan su nombre y provocan una tragedia. Todavía es hora de evitarla.





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