El periodismo y William Echeverría

Por Venezuela Real - 29 de Junio, 2007, 20:20, Categoría: Libertad de Expresión

RAFAEL DEL NARANCO
El Mundo
29 de junio de 2007


Tuvo coraje. Fue bizarro en medio de un círculo que al principio aplaudió y al final le lanzaron oprobios, reflejo del país que hoy tenemos: vivero de odio a conciencia de un gobierno cuya obligación es mantener a Venezuela ensamblada, pero terminó convirtiéndola en un descalabro de intolerancia.

Si de equidad se debe hablar en esta profesión, William Echeverría se levanta cual la esbeltez de un faro en lo alto de un espigado farallón siempre embestido por la tempestad creciente.

Su programa de entrevistas en Globovisión como productor independiente, es la ecuanimidad llevada a la máxima expresión, y precisamente por ese don admirable -difícil y algunas veces hasta imposible de mantener en esta especie de marabunta en que se nos ha terminado convirtiendo el país- recibió el Premio Metropolitano de Periodismo "Aquiles Nazoa".

Asumió decencia, rareza escasa en el tiempo actual en que los antiguos garrapateros de esta profesión se visten de ratones con la sola avidez de hartarse de queso a la sombra del Gran Tótem que, cual gasterópodo, cayó sobre esta tierra haciendo añicos el decoro de un pueblo pávido ante tanto bravucón a sueldo.

Le dijo no al premio en medio de un escenario saturado de una atmósfera enrarecida, al considerar que hoy la "libertad de expresión en Venezuela es un derecho parcial y los argumentos estrictamente políticos utilizados para justificar el cierre de Rctv son el ejemplo más tangible". En el expresivo decir criollo, a Echeverría lo llamaron de todo menos bonito, y nadie en aquella masa compacta -autoridades, jurado y público- tuvo una pizca de decencia para reconocer la ecuanimidad del periodista.

Expresó algo que pudiera parecer irreflexión, pero no: fue el lugar oportuno para decirlo: "Las mejores intenciones que pueda tener la nueva televisora de servicio público pierden todo su valor al nacer sobre las ruinas de otros medios de comunicación".

Ahí tocó la espina dorsal del régimen y el acto terminó convertido en un pandemónium. Esto nos lleva a una reflexión: No seremos el "cuarto poder" tan mencionado, ni falta que hace. Sí debemos ser la calma del afligido, el soporte del solitario, la mano blanda y tendida cuando el vendaval del despotismo suelta un manotazo y el inquisidor de turno mancilla sus derechos.

Si Aquiles Nazoa en persona hubiera estado en el acto, se regocijaría de lo sucedido. Mientras Gilberto Alcalá en el cielo, cuya esposa rechazó dignamente el premio post mortem, estará orgullo del gesto de William.










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