¿Qué hay detrás de la reforma constitucional?

Por Venezuela Real - 29 de Junio, 2007, 20:58, Categoría: Estado de Derecho

Virginia Contreras
WebArticulista.net
29 de junio de 2007

Desde hace meses se viene escuchando hablar de la reforma de la Constitución Bolivariana. Al parecer, ésta, hecha a imagen y semejanza del jefe de Estado, adolece de algunas deficiencias que requieren ser retocadas en estos tiempos de “Socialismo del Siglo XXI”. ¿Será verdad que el presidente Chávez requiere de otra Carta Magna para desarrollar lo que durante 8 años ha venido ejecutando con ella?

A raíz de la convocatoria a la Asamblea Constituyente en 1999, Hugo Chávez, propició
la modificación de la Constitución de la República, logrando sustituirla por otra que le facilitara controlar los hilos del poder. Vigente la Constitución Bolivariana y a solicitud del mismo presidente, se procedió a re legitimar a todos los poderes públicos a fin de adecuar sus autoridades al mandato de esta nueva Constitución. Esto le permitió al gobierno nacional el control total de los mismos, sustituyendo a los anteriores miembros por otros cercanos a los intereses presidenciales.

En esta operación de cirugía mayor el gobierno contó con el bisturí de una Asamblea Nacional mayoritariamente afecta al gobierno. Es así que el poder legislativo materializa el proyecto totalitario del presidente Chávez, permitiendo el secuestro no solo de los poderes
públicos tradicionales, sino de los dos nuevos, creados por la recién nacida Constitución:
el Poder Electoral y el Poder Ciudadano.

Fue a partir de allí que el gobierno comenzó a conculcar infinidad de derechos reconocidos
precisamente en la Carta Magna. Instigó a la invasión de tierras y al apoderamiento de propiedades; confiscó bienes particulares, como el reciente caso de las antenas y demás instrumentos de trabajo de RCTV; ordenó la expropiación de tierras e inmuebles; limitó la libre circulación de la divisa norteamericana; ha cercenado la libertad de expresión y perseguido a los críticos del gobierno; ha constituido organizaciones irregulares de amedrentamiento a los ciudadanos contrarios al régimen mediante el uso de la violencia; ha intentado destruir a la Fuerza Armada Nacional mediante el establecimiento de la tesis “Patria; Socialismo o Muerte”; ha pretendido ideologizar la educación; ha creado organizaciones sociales paralelas, desconociendo las legales ya existentes; ha pisoteado la soberanía popular mediante la utilización del Consejo Nacional Electoral; y para ello no
ha necesitado cambiar la Constitución.

Si esto ha sido así, ¿Para qué necesita modificarla ahora? Muy sencillo: para perpetuarse
en el poder. Los venezolanos se encuentran alarmados por la cantidad de modificaciones que se pretenden imponer en la Constitución; las cuales van desde el establecimiento de nuevos conceptos del derecho de propiedad, hasta una redistribución del territorio nacional. Muchos discuten la naturaleza jurídica de estos conceptos; pero nadie parece considerar que lo único que le falta al presidente para gobernar a sus anchas, no es cambiar a la propiedad privada, ni crear a tres nuevos Vicepresidentes, sino mantenerse indefinidamente en el poder, como única garantía de que su proyecto bolivariano va a continuar. El sabe mejor que nadie que la revolución es él; y que sin él, simplemente no hay revolución.

Para ello Chávez, conocedor de la idiosincrasia venezolana, ha creado toda una parafernalia que le permita hacer olas de cosas sencillas, impidiéndole al grueso del pueblo ver el bosque. Y es que dentro del bosque es en donde está la clave de esta quimera. Allí, camuflado por funcionarios genuflexos, se esconde un Consejo Nacional Electoral parcializado, imposible de ser un árbitro confiable; capaz de organizar un Registro Electoral Permanente con más de un millón de personas inexistentes; con un mecanismo tecnológico imposible de auditar por los medios regulares; con un sistema de identificación a espaldas de los venezolanos; y ayudado por un sector de la oposición encargado de gritar ¡democracia! cada vez que alguien recuerda que mientras existan estos mecanismos perversos no habrá posibilidades, ni de escoger a nuestros gobernantes, ni mucho menos de votar en contra de una nueva Constitución.

La reforma de nuestra Carta Magna ha sido pospuesta para los primeros meses del próximo año. El tiempo corre. Todos discuten, como en una Torre de Babel, sobre este o cual concepto a ser modificado. Pero nadie exige el restablecimiento de las condiciones mínimas que garanticen el respeto a la soberanía popular representado en el voto. Quienes callan creen ingenuamente que algún día ellos tendrán la posibilidad de pernoctar en Miraflores;
y que por tanto, les conviene permanecer bajo una oposición liviana frente al trono.

Olvidan que cuando el presidente logre sus fines ya no los necesitará.

Y nosotros: ¿Qué estamos esperando?

 
   







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