En Maracaibo - Juego y crítica

Por Venezuela Real - 30 de Junio, 2007, 21:16, Categoría: Oposición/Resistencia

El Editorial
El Nacional
30 de junio de 2007

Hasta en las fastidiosas cumbres presidenciales que se celebran en América Latina, los manifestantes tiene derecho de salir a la calle y protestar contra el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y, por supuesto, George W. Bush. Pero aquí en Caracas, desde luego, nadie se atrevería a organizar un encuentro paralelo por la democracia mientras el Presidente de la República se reúne con el dictador Mugabe, o con el presidente argelino Buterflika, o el intragable mandatario iraní. De inmediato serían acusados de estar al servicio del "imperialismo norteamericano", y de fraguar un "plan desestabilizador".

En realidad, estos encuentros paralelos que se celebran en América Latina, distan mucho de tener la autenticidad de aquellos que marcaron la historia moderna de América y Europa, por su frescura y su aire juvenil. Hoy se ha caído en una repetición estéril, producto de un guión pre-establecido entre Cuba, Venezuela y los diversos grupos izquierdistas itinerantes, que viven del subsidio de esos regímenes. En este punto, las democracias están en desventaja porque no cuentan con la capacidad ni la experiencia de sus enemigos para dar vida a su propaganda.

En el caso de Venezuela, el flujo de petrodólares ha ayudado a que la figura de un militar se propague por el continente americano y el mundo, como un defensor de los valores democráticos, de los derechos humanos y de la fe revolucionaria. Nada más contradictorio que adoptar el paradigma de un militar como prócer de la nueva democracia, como si la historia de Latinoamérica no tuviera ya suficientes momentos desgarrados por la ferocidad de las dictaduras.

Veamos, por ejemplo, como este viernes, en Asunción, Paraguay, se llevó a cabo la Cumbre de los Pueblos del Sur, una copia al carbón de todas las citas paralelas que los autodenominados "movimientos sociales y revolucionarios" montan en cada ciudad donde se dan cita los jefes de Estado. Así ha venido sucediendo en Cochabamba, en Mar del Plata, en Santiago de Chile, Québec, etcétera. Pero nunca en La Habana, donde se supone que debería haber espacio para que los jóvenes y los luchadores sociales (sea cual fuere su tendencia) se expresaran con toda libertad en plazas y calles cuando Fidel convoca sus cumbres.

Allí es donde queda al descubierto la verdadera esencia y la hipocresía política e ideológica de estos encuentros contestatarios, que sólo cumplen una función dirigida y preestablecida por otros. De allí que no pueda haber una cumbre paralela en La Habana, porque nunca se puede morder la mano del amo.

La historia enseña que estas manifestaciones, cuando son auténticas, nacen espontáneamente y no se las puede detener ni encausar con bastardía.

Ayer, un despacho de la AP informaba en el exterior cómo el jueves, en un juego de la Copa América "miles de hinchas venezolanos se pusieron de pie y corearon ¡Libertad, libertad! y ¡Este gobierno va a caer!, en evidente desafío al presidente Hugo Chávez". Y es que nada ni nadie puede parar la rebeldía.






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