Abadón y la cultura

Por Venezuela Real - 1 de Julio, 2007, 20:15, Categoría: Cultura e Ideas

RICARDO BELLO
El Nacional
01 de julio de 2007

El sector cultural carabobeño se enteró por carambola de la eliminación de los subsidios que entregaba el Gobierno a sus instituciones. Desaparecieron no sólo los menguados premios para el Salón Arturo Michelena, la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra y el Premio de Ensayo Enrique Bernardo Núñez, todos organizados por el Ateneo de Valencia, sino también los aportes para el Salón de Artes del Fuego, la Casa Páez, la sociedad Amigos de Valencia, el Ateneo de La Isabelica y otros 50 millardos que fueron a parar a la dimensión desconocida.

La opacidad fiscal del Ejecutivo regional es absoluta: un hueco negro de información que no emite radiaciones, ni deja rastros o acepta dar explicaciones.

Al quejarse la directiva ateneísta, el oficialismo provocó la rebelión de un grupo de empleados chavistas que tomaron violentamente su sede, acusando al doctor Oropeza por no recibir los aportes que la misma gobernación debía otorgar y nunca lo hizo. Protestó entonces la ciudad, desde monseñor Reinaldo Del Prette, nuevo arzobispo de Valencia, pasando por universitarios, artistas e intelectuales. El gobernador declaró a la prensa, textualmente: "Ese peo no es mío".

Luego, contraviniendo sus sencillas y diáfanas palabras, amenazó con expropiar el nuevo edificio de la institución e instalar en su lugar la Misión Cultura y una sede de la Universidad Bolivariana. Juega con pasar a la historia como el nuevo Abadón; elevó la entropía propia de la acción militar a programa de gobierno.

El país arrasado como norma y propósito, ausencia de reglas presentada al colectivo como una organización política que sólo oculta la desproporción de un espejismo. Felicitaciones extensivas al Ministerio de la Cultura y sus autoridades.

Se lucha contra la sociedad civil por una razón sencilla, ella pretende evaluar la administración gubernamental y promover accountability, el deber que tiene el Ejecutivo de hacerse responsable por sus acciones, sobre todo cuando tienen connotación negativa y están las finanzas nacionales de por medio.

El Gobierno ha pretendido sustituir las iniciativas del sector privado por la filantropía. No otra cosa son las misiones: prácticas asistencialistas que nunca han servido para generar el impacto necesario capaz de erradicar la pobreza. Véase Fe y Alegría, por ejemplo; al inicio de su gobierno, Chávez coqueteó con quitarle los fondos y luego cayó en cuenta del inmenso esfuerzo de esa franquicia venezolana que ya existe en 18 países: más de 300.000 alumnos anuales en diversas instituciones educativas (Instituto Universitario Jesús Obrero, centros de capacitación laboral, etc.). El Estado no puede competir con esa eficiencia, pero a veces, como en Carabobo, la envidia busca imponerse.

Si los empleados chavistas del Ateneo aspiran a sustituir a la actual junta directiva deben someter su propuesta en las próximas elecciones y de acuerdo con los estatutos. El Estado de Derecho debe prevalecer, todavía estamos a tiempo.

Toda intervención social es una hipótesis, un salto al vacío en función de la confianza que genera la experiencia.

El Salón Michelena lleva medio siglo de vida, ¿y cuántos años llevan aquellos organizados por el Estado? No hay comparación.

La retaliación se devela como el criterio de una intervención que dejará su huella, acorde con la estética del silencio propuesta por la Unión de Artistas y Escritores de Cuba. Demuestren lo contrario.






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