El precio del silencio

Por Venezuela Real - 1 de Julio, 2007, 17:17, Categoría: Libertad de Expresión

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
EL NACIONAL
 01 de Julio de 2007     

La libertad de expresión en Venezuela está seria y gravemente amenazada. Por consiguiente, vivimos en un momento de definiciones más allá de la adhesión o discrepancia que se pueda tener frente al proceso de la revolución bolivariana. No se puede confundir adhesión con sumisión, ni ideas revolucionarias con enajenación de las prerrogativas del ser humano. Respetamos a los revolucionarios que postulan cambios en la sociedad, pero no podemos respetar, porque no son respetables, a aquellos que guardan silencio frente a la aniquilación de la libertad y del derecho a expresar nuestras ideas y abogar por nuestras creencias.

La libertad de los venezolanos no fue un regalo de los dioses, la libertad tuvo un alto precio, fue el resultado de arduas batallas y no fueron pocos los que murieron en el camino por su conquista. Si la libertad tuvo un alto precio, también el silencio lo tuvo, lo tiene y lo tendrá. No hay cuestión, es el antiguo dilema: se es o no se es. La lucha por la libertad de expresión dividió a los venezolanos en las épocas más oscuras de nuestra historia. La libertad de expresión fue siempre la piedra de toque de los regímenes políticos. Después del golpe de Estado contra el presidente Cipriano Castro en 1908, el general Juan Vicente Gómez vivió un periodo de luna de miel hasta que a un periodista se le ocurrió lanzar una candidatura presidencial que teóricamente pondría en peligro sus aspiraciones reeleccionistas, prohibidas por la Constitución.

El periodista fue a la cárcel y el candidato presidencial tuvo la fortuna de huir de Venezuela. Gómez se eternizó en el poder, pero para lograrlo no tuvo otra alternativa que abolir la libertad de expresión y perseguir a periodistas e intelectuales. Entonces quedó establecida la incompatibilidad entre libertad de expresión y autocracia. Los periódicos de la época de Gómez pueden leerse ahora con la terrible sensación de que eran periódicos muertos escritos por almas muertas, sobre un país muerto. Desde el 19 de diciembre de 1935 hasta el golpe de Estado militar de 1948, los venezolanos disfrutamos de libertad de pensamiento y libertad de expresión, durante el resto del siglo, con el paréntesis de Pérez Jiménez.

El 23 de enero de 1958 significó un estallido de libertad.

Unas horas apenas separan los periódicos muertos de los periódicos libres. Si alguien desea medir lo que es un país sin libertad de expresión, nada puede ilustrarlo de manera más elocuente que consultar las colecciones de los diarios de la década dictatorial. Parecen periódicos de países y de épocas distintos. La censura y el terror de los tiempos de Gómez y de Pérez Jiménez secuestraron la historia cotidiana que se registró y se registra en las páginas de los diarios.

Valdría la pena hacer un solo ejercicio. Ver qué se permitió entonces informar a la prensa sobre las concesiones petroleras otorgadas por la dictadura a las compañías trasnacionales, cuando las corporaciones tenían concesiones en 6 millones de hectáreas, explotaban menos de 224.180, y concentrar más no era sino una operación reñida con los intereses de Venezuela, como entonces lo escribió el doctor Juan Pablo Pérez Alfonzo. Ni una palabra, ni la más leve discrepancia. Sólo quienes estaban en el exilio, como el fundador de la OPEP, pudieron opinar pero, por supuesto, en vano. Este episodio ilustra lo que para los países y para las sociedades significa la libertad de expresión.

Ni la prensa podía discutir el asunto, ni el dictador se dignaba informar a los venezolanos qué se proponía con enajenar adicionales zonas del subsuelo a quienes disfrutaban de cantidades ilimitadas. ¿Se comprende por qué las dictaduras o las autocracias o los regímenes de fuerza de cualquier color o catadura, aborrecen la libertad de expresión? Las presiones que ahora se ejercen contra esa libertad, contra una prerrogativa enraizada en la tradición venezolana de medio siglo, no tienen otra explicación que el reconocimiento de que los proyectos de reformas de la Constitución, no encubren otros postulados que la suplantación del Estado de Derecho (teóricamente) democrático, la implantación de un régimen autoritario y el control absolutista de la sociedad.

Es obvio y es explicable el asedio a los medios independientes. Es obvio y explicable que se quiera eliminar la libertad de expresión porque los estrategas de la revolución bolivariana comprenden que con libertad ese proyecto no será posible. Como expresó Octavio Paz: "Sin libertad la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es una quimera".







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