Fin de una tiranía

Por Venezuela Real - 2 de Julio, 2007, 21:01, Categoría: Dimensión Social

EARLE HERRERA
El Mundo
02 de Julio de 2007

«En nuestra América, la interrelación cultural ha sido impedida, obstaculizada y mediatizada por los grandes emporios comunicacionales. La fragmentación es el espejo roto que nos imponen y donde nos vemos. »

En la aldea global que profetizara el brujo tecnotrónico de Mc Luhan, cultura y comunicación son dos dimensiones inseparables. Sin embargo, no es nada inocente seguir hablando de "la cultura", en calculado singular, cuando existen y coexisten tantas y tan diversas culturas. En nuestra América, la interrelación cultural ha sido impedida, obstaculizada y mediatizada por los grandes emporios comunicacionales. La fragmentación es el espejo roto que nos imponen y donde nos vemos.

Algunos comunicólogos suelen parangonar comunicación con medios de comunicación. Y a éstos los presentan como expresión o vehículos de cultura, cuando, por lo general, son su negación. Los enlatados audiovisuales, provenientes de Estados Unidos y Europa, evidencian que estamos frente a un bombardeo que conspira contra nuestra identidad cultural y esencia como pueblos. Agréguese a esto que buena parte de la producción nacional califica dentro de lo que se conoce como "televisión basura", para no hablar del amarillismo y el sensacionalismo que caracterizan las informaciones impresas y radiales. No estamos descubriendo el agua tibia. La bibliografía al respecto es prolija.

Para que los medios se conviertan en vehículos culturales, su democratización es condición sine qua non. Sólo así pueden ser el ámbito y escenario donde se encuentren, confronten y relacionen las distintas culturas y se oigan las voces múltiples de que nos hablaba el viejo y desechado informe Mac Bride. Bajo la actual estructura monopólica de poder mediático, ello no es posible. A despecho de lo que pregona el neoliberalismo, en el campo cultural la "mano invisible del mercado" es funesta y letal.

El Estado tiene la obligación y responsabilidad de intervenir para promover, estimular y garantizar la democratización del espacio radioeléctrico. En el plano internacional se deben retomar las experiencias que permitan una real y efectiva integración comunicacional y, por ende, cultural, mediante la creación y sustento de medios y agencias informativas subregionales. Sin integración cultural entre nuestros pueblos, toda otra forma de relación –política, económicaresultará frágil y vulnerable.

En lo interno de cada país, la democratización comunicacional significa la apertura del espacio radioeléctrico a los sectores que, hasta ahora, no han tenido voz. El espacio radioeléctrico, sin negarle el usufructo de parte del mismo, no puede ni debe ser monopolio de una o pocas familias millonarias en América Latina. La comunicación comunitaria, alternativa, libre e independiente debe recibir todo el apoyo del Estado y los gobiernos para que se concrete, exprese y expanda.

Todo esto significa abrir el espacio radioeléctrico a las comunidades, colectivos y a la sociedad en general. Sólo entonces podremos hablar de democratización de los medios.

A partir de esta realidad, ya no se hablará, en singular, de la cultura de los medios, sino de las culturas en los medios. Este simple planteamiento, hoy día, invoca una utopía. Ello no es extraño.

Los grandes cambios se construyen de imposibles conquistados. La tiranía mediática mundial observa todo esto con incredulidad. Le resulta inaceptable que las campanas estén doblando por su fin desde un pequeño país llamado Venezuela.








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