"La generación del siglo XXI"

Por Venezuela Real - 3 de Julio, 2007, 14:43, Categoría: Política Nacional

José Toro Hardy
El Universal
03 de julio de 2007

"¡Qué bueno que existan personas que piensen distinto a mi!"

Con admiración los venezolanos estamos observando a nuestros estudiantes. Ellos se perfilan como uno de esos eventos inesperados que a veces tuercen el rumbo de la historia. Durante muchos años nuestros jóvenes lucían apáticos y desentendidos de las realidades del país. No era así. Estaban formándose. No había les había llegado el momento de actuar.

¿Cuándo surge una generación excepcional? ¿Qué la caracteriza? ¿Cuáles son sus perspectivas?

El primer síntoma que pone en evidencia la aparición de un grupo destinado a introducir cambios importantes en una sociedad es el inconformismo. Una nueva generación florece cuando sus integrantes, conscientes o no del vínculo que los une, se rebelan ante el estado de cosas imperante y demuestran con su capacidad que están dispuestos a cambiar el rumbo.

De hecho es un fenómeno que puede ocurrir en cualquier rama del quehacer humano. Por ejemplo, en la literatura española, nos maravillamos con la llamada Generación del 98, que alude a aquella pléyade de escritores y pensadores que florecieron en 1898 y que incluían a Blasco Ibáñez, Antonio Machado, Pío Baroja, Ortega y Gasset, Unamuno, Valle Inclán, etc. También se reconoce la Generación del 27, integrada por intelectuales de la talla de Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Federico García Lorca y otros.

En política, aquí mismo en Venezuela tuvimos el ejemplo de la Generación del 28, cuyas figuras más destacas marcaron el rumbo fundamental que habría de tomar el país durante varias décadas. Se habla también de la Generación del 58, que tanta influencia tuvo en los sucesos que dieron al traste con el gobierno de Pérez Jiménez.

Yo diría que una generación florece, cuando sus integrantes tienen la voluntad y la "magia" para llenar un vacío imperante en la sociedad.

El movimiento generacional que comienza a perfilarse toma por sorpresa a la sociedad venezolana. De alguna manera surge -en alianza con periodistas- casi como un imperativo histórico, para llenar el vacío de liderazgo que se evidencia en la oposición. Estos muchachos se encuentran con el campo fértil de una sociedad que tiene los motivos y la disposición para movilizarse, pero que no tiene líderes que la conduzcan. El país los estaba esperando.

El brote de una nueva generación política no es más que la respuesta natural a la pretensión antihistórica de imponer ideas que pretenden venderse como revolucionarias, pero que no son más que refritos de un socialismo ya fracasado, que condujo a la pobreza a las sociedades que tuvieron la desgracia de padecerlo.

Un caudillo con vocación mesiánica y verbo encendido ha pretendido desde Venezuela transformarse en el delfín político de otro líder socialista que, en el ocaso de su vida, sólo deja como herencia un pueblo sumido en la miseria. Nuestro caudillo heredará sin duda ese fracaso. Cuando le toque abrir el testamento, descubrirá que es un legado indeseable y cargado de pasivos.

Y frente a una realidad histórica que ya nadie puede desconocer, en Venezuela hace su aparición -en el momento justo- una generación que ya empieza a evidenciar el contraste entre lo que está por irse y lo que está por venir. Entre el hedor del fracaso y el aroma de la esperanza.

Lo inusual de esta generación es que su rebeldía no se traduce en un lenguaje de ruptura como a veces sucede con la juventud. Todo lo contrario, están inconformes y se están rebelando en contra de la intolerancia, en contra del discurso que siembra discordias y odios, en contra de la violencia, en contra del sectarismo, en contra del aislamiento del país, en contra de los obstáculos que pretenden imponerse a la libertad de expresión, en contra de la progresiva pérdida de la libertad, en contra de las políticas empobrecedoras.

Su discurso es inclusivo y claro. Hablan de reconciliación, se oponen a la violencia, no son desestabilizadores. Hablan de valores. En realidad son la materia prima con la cual se construyen las sociedades exitosas.

A Geraldine Álvarez, miembro destacado de esa generación, le escuché una frase que constituye una lección de tolerancia política y que resume el sentir de estos jóvenes admirables:

"¡Qué bueno que existan personas que piensen distinto a mi!"

Vaya diferencia con el lenguaje de quienes se dicen revolucionarios.

Estos jóvenes constituyen el réquiem para el "socialismo del siglo XXI". Se les abre la posibilidad de que nuestra historia, por contraste, los reconozca como la "Generación del siglo XXI".





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