Desfile bélico, ajos y harina

Por Venezuela Real - 6 de Julio, 2007, 17:56, Categoría: Dimensión Social

RAFAEL DEL NARANCO
El Mundo
06 de julio de 2007

Ayer, aprovechando el sosiego del día patriótico, ejecutamos algo anómalo en nuestra forma cotidiana: efectuar un mercado perecedero, deseando comprender su intríngulis y percibir cierto signo de esas teorías de concepciones sociales que reflejan la existencia estructural de la oferta y la demanda.

En el supermercado de la urbanización no había, por este orden: leche (ni pasteurizada ni en polvo), carne, huevos, azúcar, pollo y aceite. Ingenuamente pregunté a una doña la razón de tal desabastecimiento. "¡Ay, mi hijito!, eso es permanente. Hacer el mercado se ha convertido en una odisea y la única manera de obtener algo, es realizando un tour por los abastos de media ciudad o zonas periféricas". A esa hora, en el Paseo Los Próceres, brillante y pulido como una patena u oropel (se acaban de invertir miles de morocotas en su remodelación), epicentro de las glorias épicas del régimen militarista que nos gobierna a paso de vencedores, desfilaban, por tierra y aire, todos los cachivaches bélicos adquiridos a mansalva al precio de un sinnúmero de millones de dólares.

Rubén Darío lo dijo más conspicuo en su conocida oda "Marcha triunfal": "¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines. / La espada se anuncia con vivo reflejo; / ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines".

En la tarima refulgente repleta de heroicos gallardetes, el Invicto Comandante en Jefe de los Ejércitos, buchón y ufano, con aire marcial, soñaba con campos de batalla que hicieran crepúsculo a las cruzadas de Alejandro o Napoleón, hendidos reflejos de pólvora, sangre, gloria, mientras el dios de las batallas, Marte, colocaba sobre su egregia cabeza una corona de laurel refulgente.

En esa hora nona (regla monástica entre las 2 y las 3 de la tarde), la doña de nuestra crónica, se las veía y deseaba -empezó el peregrinaje mendigante a las siete de la mañana- para conseguir unos ajos y un poco de harina. Bueno: ella, en su fuero interno y en lo más insondable del corazón lo sabía en demasía: todos los sacrificios son pocos si redundan en el bien de la Inmortal Patria Bolivariana y ayudan a sostener en lo más alto de la pértiga el eslogan imperecedero escrito en letras de oro y orgullo magnánimo de las generaciones futuras: "Socialismo, Patria o Muerte".

Cierto: no se deberían hacer tantos melindres: el desabastecimiento es una prueba de la capacidad de un régimen espartano para elevar la revolución al vértice de su heroísmo.

¡Gloria por tanto al pueblo bravo que el hambre aguantó!






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