Ni soldados ni labriegos

Por Venezuela Real - 8 de Julio, 2007, 16:07, Categoría: Temas Militares

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
08 de julio de 2007

En su despacho, que debe ser enorme, el general Cruz Weffer, director de Alistamiento del Ministerio de Defensa, seguramente mordió la punta de un lápiz y miró al techo buscando en las probables molduras de yeso una idea. No cualquier idea. Una fulguración capaz de resolver, con una sola iniciativa, varios conflictos de urgente solución: 1) dar algo que hacer a los soldados, 2) echar una mano con el desabastecimiento alimentario y 3) contribuir a sacar del foso la producción de productos agrícolas, pecuarios y pesqueros.

¡Claro!, habrá exclamado el general Cruz Weffer, si no hay alimentos es porque faltan brazos para arrebatarlos a la tierra y al mar. Y resulta que a la Fuerza Armada y a su creciente Reserva lo que le sobran son brazos, que, por lo demás, seguirán inertes mientras el imperio no se digne pasar por aquí para justificar su existencia, puesto que las otras invasiones extranjeras las que ya desembarcaron, no las que estamos esperando-, ésas no movilizan los brazos militares. Prueba de ello es que no ponen coto a los asesinatos, secuestros y extorsiones en las fronteras; crímenes perpetrados por una fuerza extranjera. Así como tampoco se han ocupado de escribir un informe donde describan y rechacen la invasión de funcionarios cubanos en puestos que deberían ser de exclusivo desempeño nacional, como son las gestiones de Extranjería, Salud y Defensa. En vez de protestar con la energía que estas irregularidades requerirían, los soldados han optado por el silencio y la aceptación de estas humillantes imposiciones. Es comprensible, pues, que sea preciso buscar una terapia ocupacional para los militares.

Y FUE ASÍ COMO EL GENERAL CRUZ WEFFER DEBIÓ TENER SU EPIFANÍA : concluido el proceso de alistamiento, mandarán a los soldados a conformar batallones de producción para que se dediquen a la agricultura, la ganadería y la pesca.

Eufórico por su hallazgo que, desde luego, llevará el nombre de Plan Zamora-, el general debe haber repasado los detalles de su idea y experimentado plena satisfacción, porque cumple con dos requisitos básicos de la revolución: 1) desplaza una función de estricta competencia civil hacia el estamento militar y 2) desvía el problema por un atajo retórico, improvisado, estatistapara no enfrentarlo con la planificación que demanda.

Listo. El general Cruz Weffer tenía su plancito armado. Todo estaba calculado. Tras 20 meses de alistamiento, los soldados se irán a los batallones de producción para trabajar a tiempo completo. ¿Con qué incentivo? Con su sueldo de alistados (el salario mínimo) y su comidita, que correrá por cuenta de la FAN. No se prevé que los miembros de los batallones de producción sean lo suficientemente productivos como para costear sus tres golpes. Los abarrotes de Mercal ya no provendrán de la siembra portuaria, sino de manu militari. Estamos hechos.

EN SU PROLÍFICA IMAGINACIÓNY ENORME FE EN LA NATURALEZA HUMANA , el general Cruz Weffer debe estar convencido de que los soldados cuentan con preparación para cualquier labor y, en particular, para la productiva. O debe pensar que la agricultura es una especie de caimanera que, además de entretener a los muchachos y mantenerlos alejados del ocio y los vicios, al final genera un lote de cebollas.

No parece tomar en cuenta que la llamada industria a la intemperie es una actividad muy compleja, que en las décadas transcurridas tras la II Guerra Mundial se ha ido industrializando y, por tanto, sus trabajadores han disminuido en número, pero aumentado en calificación. Además de que, en un contexto mundial de urbanización de la población, los jóvenes no quieren labrar el campo ni arrear vacas al ordeño mecánico. Mas el general confía en que los soldados serán la excepción a esta tendencia porque obedecerán órdenes. Bueno, me temo que está equivocado. Para dedicarse a estas tareas no basta ponerse firmes y mirar fijamente una mata de papas. Es preciso cumplir con alguno de estos requisitos (mejor dos): provenir de una tradición familiar, tener mucha vocación, sentir pasión por el paisaje productivo, estar dispuesto a mantener el lomo doblado a pleno sol, así como conocer muy bien la tierra, los ciclos, los animales y los muchos riesgos de estas faenas. No basta con ponerse una franela que ponga Plan Zamora y recibir una red o un azadón. La producción es cosa seria. No es, me temo, asunto de militares.





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