Retrato en familia

Por Venezuela Real - 8 de Julio, 2007, 16:04, Categoría: Política Internacional

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
08 de julio de 2007

Quienes oyeron al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela durante su quinta visita a Moscú entonar plegarias por la resurrección de la Unión Soviética, aconsejando paralelamente a los rusos que volvieran a recitar sus antiguas oraciones a Lenin, o ensalzando al presidente Vladimir Putin porque finalmente "estaba desafiando al imperio norteamericano", debieron suponer que, si bien no resucitaba tan repentinamente la vieja URSS, al menos estaban reapareciendo en la escena los duelos insidiosos de la Guerra Fría. Sobraban razones para que las almas cándidas perdieran la brújula ante la proliferación retórica del discurso.

Sin embargo, pocas horas después, los hechos nos mostraron otra versión no sólo diferente, sino opuesta, con lo cual aquellos alardes bélicos terminaban en fiasco. La tarde del domingo 1º de julio, el presidente de la Gran Rusia llegaba a Kennenbunkport, en Maine, para ser recibido como huésped de la dinastía de los Bush en la muy exclusiva residencia veraniega donde ofician el pater familias y la muy gentil doña Bárbara.

Fue justamente Bush padre quien esperó al estadista ruso en la escalerilla del jet presidencial, y quien lo acompañó en helicóptero hasta la residencia familiar. El antiguo escolta nunca había sido mejor escoltado. Además de una visita privada, Vladimir Putin era el primer jefe de Estado extranjero que gozaba del privilegio de la dinastía. Durante la visita, Putin y sus anfitriones disfrutaron de las maravillas del paisaje que se asoma al océano Atlántico. El tiempo inteligentemente repartido. Tiempo para la pesca y tiempo para los diálogos políticos. "Pescar es bueno para el espíritu", dijo Putin. "Pescar es bueno para que las personas se conozcan entre sí". Fue, al parecer, una pesca milagrosa. Ambos interlocutores quedaron satisfechos porque, en verdad de verdades, además de disfrutar de los placeres del verano, del espectáculo oceánico, Vladimir Putin y George W. Bush tenían que poner sobre la mesa asuntos de índole estratégica entre potencias nucleares que sólo se resuelven si entre los protagonistas existe la convicción de que privan intereses de mayor entidad. Esto fue lo que ocurrió en Maine.

Entre los asuntos que creaban tensiones figuran el proyectado sistema misilístico de defensa situado en la República Checa y en Polonia, y la cuestión de las sanciones a Irán por sus planes nucleares. En la posición rusa sobre este asunto ha privado el pragmatismo porque son considerables los nexos económicos de Moscú con Teherán. A pesar de esto, la obsesión por el programa de enriquecimiento de uranio de los iraníes ha llevado a los rusos a pensar que no existen posibilidades de negociación con el régimen de Ahmadineyad.

El diálogo Bush-Putin tenía lugar horas después de que los miembros del Consejo de Seguridad se planteaban mayor rigor en las sanciones a Irán.

Hasta ahora, Irán ha logrado eludirlas. Entre las sanciones previstas se contemplan las presentadas por Gran Bretaña de impedir que aviones iraníes vuelen sobre territorios o aterricen en países miembros de la ONU. Obviamente, estas serían extremas, y no pocos dudan de que sean aplicadas ahora. Quedarían, no obstante, como una probabilidad si la crisis no logra ser superada. Para algunos aliados estratégicos de Irán, como Venezuela, la situación sería dilemática. Como miembro de la ONU, no podría eludir la aplicación de las sanciones que imponga el Consejo de Seguridad. Por lo general, las alianzas estratégicas tienen un alto precio. (Algunos parece que no lo saben, y las suscriben como si se tratara de aquellos juegos de guerras imaginarias que se estudian en las academias militares).

Según los observadores, las tensiones entre Moscú y Washington estaban llegando a niveles desconocidos en la última década. De ahí que aquellos que sienten nostalgia de los tiempos de "la destrucción mutua asegurada", cuando los arsenales nucleares estaban listos para borrar la humanidad de la faz de la tierra, se ilusionaran con la vuelta de la Guerra Fría.

Aun cuando las conversaciones de Maine fueron secretas, y tanto la Casa Blanca como el Kremlin se esmeraron en advertir que las discrepancias no se resolverían por arte de magia, no obstante, se restableció el clima reinante desde el primer encuentro BushPutin de 2001, en el rancho de Crawford, Texas. Ambos presidentes tienen ya el sol en la espalda y probablemente se propongan que el legado que puedan dejar se vincule más con el futuro que con el pasado. Aviso: está visto que el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela no puede gobernar el mundo.






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