Rusia se reencarna en América latina

Por Venezuela Real - 9 de Julio, 2007, 17:58, Categoría: Prensa Internacional

José Claudio Escribano
La Nación  - Argentina
09 de julio de 2007

Enrique Krauze esbozó un paralelismo entre la URSS y el presente de la región

MADRID.- Enrique Krauze fue considerado por más de veinte años la mano derecha de Octavio Paz en la dirección de Vuelta, una de las más prestigiosas revistas literarias que haya habido en América latina. Más que eso, siempre se ha dicho de Krauze que fue un álter ego intelectual de aquel gigante de la literatura iberoamericana, a quien en 1990 se distinguió con el premio Nobel por la universalidad de una obra en la que simultáneamente subyacen los valores dominantes en las culturas que han hecho posible ese país único, México.

Ha pasado el tiempo y han declinado las fuerzas editoriales de muchos colegas de emprendimientos literarios. No para Krauze. Desde hace años está al frente de Letras Libres, que publica dos ediciones, una para México y otra para España, y persevera, con el más alto rango cualitativo, entre las principales revistas culturales en lengua española.

Ha correspondido a Krauze el cierre del foro que la Fundación Internacional para la Libertad, que preside Mario Vargas Llosa, realizó en la Casa de América. No pudo haber sido más apropiada esa clausura como expresión del nivel alcanzado por este encuentro de políticos, intelectuales y periodistas convocados por el autor de tantas obras memorables de la novelística contemporánea de América latina y ensayista comprometido con las ideas de democracia y libertad.

Krauze ha tenido la ocurrencia de titular "Rusia con palmeras" al papel de trabajo que destinó a examinar la nueva ola de populismo y de "socialismo siglo XXI" que se vuelca sobre América latina. O sea, sobre una región insuficientemente interesada en comprender las razones del desarrollo y progreso sostenidos de Irlanda, Nueva Zelanda, los países bálticos y otros de Europa del Este o, qué decir, de la India y de China y de la mayoría de los países asiáticos. Por no hablar de lo más obvio, de Europa occidental y los Estados Unidos.

Con cabezas que en tantos países latinoamericanos están puestas en la dirección por la que circulan los petrodólares del presidente Chávez, no hay suficiente espacio mental, tampoco, para comprender lo que significa que en una gran universidad china se haya levantado una estatua en homenaje a Adam Smith. Mármol y piedra perpetúan allí la memoria por el adalid del libre comercio y de la libertad entendida más como impulso natural de la Humanidad que como una ideología. Es probable que Mao haya muerto sin imaginarse que habría un culto por Adam Smith antes de que bajaran su propio retrato de Tiananmen, lo que constituye otro milagro chino.

El cadáver del marxismo

A lo largo de las exposiciones en el foro campeó la coincidencia de que, si como consecuencia de una consunción definitiva de las ideas de Marx, algún día quedara un solo marxista en el mundo, ese ideólogo recalcitrante moriría en alguna de las universidades latinoamericanas. O, lo que sería igual, en alguno de esos espacios donde en nombre de la razón se enseña, de la manera más refractaria, contra el más sano criterio, y se opone la fe del dogma a las más elocuentes evidencias.

Krauze prenunció todo eso con absoluto convencimiento, no sin dejar de admitir que en la Historia hay muertos que gozan de buena salud, como lo demuestra, dijo, que Chávez haya conseguido insuflar vida al cadáver histórico del marxismo.

Putin mismo, a pesar del autoritarismo de su gobierno, ha de haberse sobresaltado a raíz de la nostalgia que expresó el presidente venezolano, en su visita reciente a Moscú, por la desaparición del leninismo, versión agravada del marxismo. Como se sabe, no vaciló, pues, en poner límites a los desplazamientos pretenciosos de aquél por la capital rusa.

Putin tiene, con la decreciente población eslava de su país y el aumento de los habitantes de origen islámico, problemas no menos insolubles que los de otros países europeos y no sólo por Chechenia. De modo que lo que hiciera en Rusia el presidente venezolano debía pasar para Putin por el filtro que requieren las relaciones especiales de su país con los Estados de la órbita musulmana y, específicamente, de vínculos llamativos con el eje latinoamericano que pasa por Caracas. Y, además, por qué habría dejado Putin que se tensaran las delicadas relaciones entre su país y los Estados Unidos por el hecho gratuito de aceptar que Chávez expandiera, más de lo que resultaba admisible, su habitual exuberancia histriónica.

A propósito de la perplejidad que suscita el desenvolvimiento político de Chávez, y de los escollos que éste va encontrando incluso en América latina, en particular por la influencia moderadora de Brasil, Krauze reflexionó que hay razones para trazar un paralelismo histórico entre el pueblo ruso y los pueblos latinoamericanos, considerados éstos como unidad cultural y política.

En Rusia, porque desde el siglo XIX, con Nicolás I, se cerraron por completo las puertas al liberalismo y, por si eso hubiera sido poco, se produjo en 1917 la reverberación antiliberal de la revolución bolchevique. En América latina, porque como consecuencia de la guerra de Cuba, de 1898, el ideario liberal y la admiración de Sarmiento, Martí y sus epígonos hacia los Estados Unidos quedaron desplazados por una reacción antinorteamericana que no se ha apagado. Una de sus primeras expresiones fue la influencia excepcional, a partir de 1900, de Ariel, la obra del uruguayo José Enrique Rodó.

Esos grandes pueblos han compartido por largo tiempo, según la observación de Krauze, una patología colectiva, identificada en la propensión equivalente a adoptar ideologías con fervor teológico. De allí han provenido, dijo Krauze, tiranías y desvaríos ideológicos que deberán ser neutralizados con el fomento de la educación libre más allá de las aulas, con emprendimientos culturales dedicados a la difusión de ideas de libertad de una magnitud, continuidad y eficacia equiparables al esfuerzo con el que Al Gore ha logrado un giro en el alineamiento internacional respecto del clima, la más acuciante cuestión ambiental.

Resultados variables

No hay razones para caer en descorazonamientos definitivos por lo que se ve en Cuba, en Venezuela, en Ecuador, en fin, en Bolivia, y hasta por lo que pueda llegarse a ver en un futuro nada lejano en Paraguay y Guatemala. Y no sólo por la observación, también meteorológica, de que siempre que ha llovido, ha parado.

Después de todo, en los últimos dieciocho meses ha habido en América latina doce elecciones, pero con resultados variables, recordó Plinio Apuleyo Mendoza, periodista y escritor colombiano que en los años cincuenta compartió, desde la dirección de la revista Momento, aventuras periodísticas con Gabriel García Márquez. Don Plinio representó en su tiempo en Colombia a la agencia castrista de noticias, Prensa Latina, asunto del que está, como varios otros participantes de este encuentro, de vuelta en muchos sentidos.

En aquellos dieciocho meses, en Perú fue derrotado Ollanta Humala, el candidato chavista, considerado favorito. Y en Colombia, cuyo PBI crece al 6,8 por ciento anual y con una proyección para el año próximo de un 8 por ciento más, el presidente Uribe triunfó con más del 60 por ciento de los votos. Brasil, Uruguay y Chile se han afirmado, entretanto, en la consideración mundial.

En cuanto a la Argentina, se habló poco, acaso porque hay allí un gobierno que, de acuerdo con palabras dichas de pie por Vargas Llosa, "es un galimatías, imposible de ser definido". Nadie se sintió en la comodidad de contradecirlo.





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