¡No!

Por Venezuela Real - 11 de Julio, 2007, 21:42, Categoría: Política Nacional

HEINZ R. SONNTAG
El Nacional
11 de julio de 2007

Globovisión nos brindó la oportunidad de ver y oír una de las más notables piezas oratorias de la llamada cuarta república: el discurso de orden de Luis Castro Leiva con motivo de cumplirse los 40 años del 23 de Enero de 1958.

Para continuar mis interrogantes de hace dos semanas, pregunto: ¿Usted, Comandante, leyó u oyó ese discurso? Si no, le va a ser difícil ponderar pasado, presente y futuro de lo que hizo con esta República, como nos va a resultar imposible a los ciudadanos venezolanos juzgar su obra de gobierno sin condenarla desde el inicio.

Sobre sus hombros, Comandante, pesan dos intentos de destruir la República que había costado demasiados sacrificios construir desde el año 1810 al año 1958, desde el prócer Juan Germán Roscio hasta Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba: "148 años nos ha costado empezar a descubrirnos capaces de confiar en nuestras facultades para ser libres".

Y el académico Luis Castro Leiva agrega en aquel discurso conmemorativo: “¿Es que acaso, carajo, no vamos a respetar algún día el significado de nuestros muertos civiles?
¿Es que no hay manera de gritar que sí hay y tiene que hacerse patente a la conciencia cívica la diferencia moral y política, de naturaleza sustantiva, que hay entre la paz de Páez, de Monagas, de Guzmán Blanco, de Crespo, de Castro y Gómez y de Pérez Jiménez y esta otra paz que comenzamos a labrarnos hace 40 años aquel 23 de Enero de 1958?”.

¿A cuál lado pertenecerá, Comandante, la “paz” de su régimen autodenominado bolivariano: al de los caudillos decimonónicos (Marcos Pérez Jiménez incluido) o al de la República?
Dos son los fundamentos que diferencian una paz de la otra. El primer fundamento es la de los cementerios, de la obediencia, de la sumisión, de la falta de libertad.

El segundo fundamento es que es “una paz del todo distinta, tal vez no menos costosa en vidas y esfuerzos, cierta y locamente dispendiosa, pero sobre todo es una paz marcada por una razón en todas las demás inexistente: la razón de la libertad y el deseo de construir sobre ella y sus otras libertades el auténtico significado de una sociedad civil”.

El motor central de esta paz, como diría usted, Comandante, si comprende este argumento, es la política, no la antipolítica que usted y los que actuaron y actúan como usted nos impusieron e imponen a los ciudadanos de este país.

Pero nos incumbe también una responsabilidad: “La tentación más grande que nos acecha es que, por no hacerla tan próspera y productiva como debiéramos, venga la creencia autoritaria montada en el caballo de un ‘gendarme necesario’ a ponernos de rodillas para darnos de comer”.

Contra ella ayudan sólo preguntas sencillas: “¿Qué es para nosotros la democracia?
Todo.

¿Qué ha sido ella hasta el presente?
Casi nada, pero lo suficiente como para que haya dignidad en la tarea de hacerla mucho más que algo.

¿Qué exige de nosotros?
Una mejor manera de ser ese ‘todo’ que ya habría llegado a ser para nosotros”.

El último articulo que publicó el académico Luis Castro Leiva antes de su muerte, ocurrida el 9 de abril del año 1999, tenía el título de esta escrito que publica hoy la página de El Nacional, y que es fiel reflejo de su pensamiento.

Como él, yo también digo No a todo lo que destruye o pretenda destruir nuestra democracia.






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