Hablan los presos políticos - El hombre que vio llorar al Presidente

Por Venezuela Real - 16 de Julio, 2007, 18:18, Categoría: Derechos Humanos

Patricia Clarembaux
TalCual
16 de julio de 2007

Más de doce años de prisión le impusieron al capitán Otto Gebauer por obedecer las órdenes de sus superiores en abril de 2002. Hoy espera que pasen los meses en Ramo Verde y que Hugo Chávez algún día diga la verdad de lo que pasó

Son siete las puertas de seguridad que llevan a la celda del capitán del Ejército (r) Otto Gebauer. Su esposa Ana Mercedes las traspasa semana a semana. Esta vez intenta subir por las escaleras el carrito del mercado, cargado con acemitas, dulces, galletas de pasta seca, pepsi cola light y algo de pan. En las escaleras, alguien se ofrece y la ayuda. Ella sube el primer piso y saluda a algunos militares de bajo rango; sube dos y ahí está él tras la reja, de franela y blue jeans, esperándola pues desde su ventana la vio llegar: "¡Guardia, puerta!", grita. El guardia saluda y pasa la llave que abre el candado.

Los esposos se abrazan por unos instantes, él le acaricia los cabellos, ambos se besan y él le da la bienvenida, una vez más, al espacio que se ha convertido en su hogar.

Dos años y ocho meses ha estado Gebauer en el frío Centro Nacional de Procesados Militares de Ramo Verde, un lugar cuyas paredes son inalcanzablemente blancas.

Su celda, termina por un lado con las rejas que dan hacia el exterior y, por el otro, con las que dan hacia el oscuro pasillo común, aquel que cruza con frecuencia para conversar con su vecino del frente, el general Francisco Usón.

Tiene ciertas comodidades: una cama bien tendida; un escaparate de madera para su ropa; un escritorio donde lucen fotos de su hija en diversas edades que no ha disfrutado; una mesa plástica para comer; una nevera pequeña para conservar la comida y un baño que funciona de vez en cuando. Pero ninguno de estos accesorios podría sustituir a la casa que abandonó forzosamente. A los pies de su cama, una pila de cobijas dobladas y dispuestas una sobre la otra dan fe de que las noches han sido frías para el capitán.

Parte de su condena la compartió con el presidente de la CTV, Carlos Ortega, pero un día la cuenta diaria dio a su compañero de celda por fugado. A Gebauer le quedan algo más de nueve años para completar los 12 años, seis meses, 22 días y 12 horas de pena que le impuso el tribunal militar primero de juicio (accidental) por la comisión de los delitos de insubordinación y complicidad en la privación ilegítima de libertad del ciudadano Hugo Chávez Frías los días 11, 12 y 13 de abril de 2002. Sin embargo, hay quienes dicen que la verdadera razón del encierro es que Gebauer fue el único hombre que vio llorar al Presidente.

LAS HORAS DEL GOLPE

Era 7 de abril de 2002. El capitán del Ejército comenzaba unas vacaciones que sólo le durarían dos días. Al tercero, los planes familiares quedaron deshechos pues el 10 de abril, producto del paro convocado por la CTV y Fedecámaras, recibió una llamada de acuartelamiento tipo A: el 100% del personal debía reportarse en la unidad del batallón de inteligencia en Caracas.Y así lo hizo sin novedades, hasta el 11 de abril.

"Circulaba mucha información en Fuerte Tiuna. El 11 las cosas se complicaron y me bajaron para reforzar la seguridad del Ministro de la Defensa. Había mucha información de que se estaban pronunciando militares", recuerda.

A las 3:00 pm el comandante del batallón, Luis Gustavo Medina Acosta, lo llamó: "Tiene que reforzar la alcabala de Cumbres de Curumo", pues por ahí ingresaba el Alto Mando Militar y se encontraba además la residencia ministerial en la que vivían las tres hijas y el hijo del presidente Chávez. Quedaron en la alcabala él, 16 soldados, un teniente y un sargento.

Pero la madrugada del 12 de abril una decisión cambió el curso de las cosas: "Se presentó el mayor Luis Santiago Rodríguez González, quien para entonces estaba encargado de la seguridad de los hijos del Presidente. Me preguntó si podía confiar en mí y me dijo que había muchos problemas, que el Presidente iba a renunciar y que tenía que salir con sus dos hijas, su nieta y su hijo porque se iban al exilio.

Yo dije que por mí no había problema, que mi función era la de prestar seguridad. Pero agregó el mayor:
"Todo el mundo se nos volteó y no tenemos en quien confiar"". No pensó él que las cosas podrían ponerse peores, pero sucedió.

"A eso de las 5:30 am me llama el capitán Obando Pérez, quien era el oficial del día del Batallón Caracas, era el guardia al que estaba subordinado y me dice que por órdenes de Medina Acosta me tengo que retirar de la alcabala y que me va a pasar buscando el capitán Carlos Blondell Tineo (ex-jefe de seguridad del ministro de la Defensa), que tengo que irme a cumplir otra labor de seguridad. Cuando me dice eso, le pido más información y sólo me dice: "Va a custodiar a alguien detenido", pero no me dice quién es". A partir de este momento, las órdenes que obedeció sumaron años a su condena.

¿CUÁL PRESIDENTE?
A las 8:50 am del 12 de abril se presentó Gebauer en el 35 Regimiento de la Policía Militar para cumplir una misión de seguridad, de resguardo de un detenido. En minutos, las puertas de la oficina se abrieron y se percató: "Estaban dos fiscales militares: el teniente de navío Aniole Infante (fiscal tercero y hoy juez de ejecución de sentencia) y Carmen Corina Abariano (fiscal quinto). Le levantaban un acta a Hugo Chávez Frías. En ese momento fue cuando me enteré de quién era el detenido", recuerda el oficial de inteligencia, quizás con los mismos ojos de asombro que explayó en aquel momento.

"Nunca Chávez manifestó que era Presidente ni que había que respetarlo como tal, tampoco que quería irse a Miraflores. Él estaba resignado a lo que estaba viviendo", describe Gebauer. "Cuando el capitán Salazar Bohórquez y yo nos entrevistamos con el coronel Rodríguez Salas, quien era el encargado, nos dice que éramos los responsables de darle a Hugo Chávez todo lo que necesitara. Éramos garantes de sus derechos humanos e integridad física", dice Gebauer.

A las 11:00 de la mañana tuvo su primer contacto con el detenido.

Aquel, sentado en la cama veía con atención la televisión: "Estaba muy golpeado anímicamente, quebrado emocionalmente y con la cara hinchada, se veía que estaba sufriendo y parecía que en verdad le afectaba lo que veía. No era el Chávez que pega gritos". El Presidente en un esfuerzo se levantó de la cama, se presentó, lo saludó, le preguntó su nombre y Gebauer prosiguió a explicarle su función. "Me dijo que no me preocupara. De verdad me inspiraba mucha lástima. No era el mismo de cuando daba cadenas.

En la cara se le notaba que estaba llorando, se le veían las lágrimas.

Esa situación nos hacía velar más por su seguridad, por el respeto a su integridad y por su investidura.

No era recomendable que vieran en esas condiciones a un teniente coronel".

—¿Cómo fue el traslado del presidente Chávez a La Orchila?
—En la tarde llegaron los fiscales militares, el coronel Díaz Semprum, "segundo comandante del 35 regimiento), y una comisión de la Fiscalía General de la República a la oficina de Segovia Rojas, se entrevistaron con él (Chávez) y con Vahamonde Rojas, quien era el jefe de seguridad porque Rodríguez Salas tuvo que abandonar el servicio. Se quedó en la oficina el abogado, un coronel y Vahamonde y éste dice: "Me mandan un abogado para garantizar los derechos humanos a Hugo Chávez" .

No sé qué hablaron, pero luego se retiraron. En la noche, el coronel Vahamonde ordena el traslado de Hugo Chávez a Ramo Verde y nos dice que nos preparemos.

—En ese momento se fueron.
—Sí. Recuerdo que no teníamos armamento sino chalecos y pregunté: "¿Y la seguridad?" Entonces se nos informó que estaría a cargo del regimiento de la Policía Militar y de la dirección de Inteligencia del Ejército.

Como cumplíamos órdenes nos preparamos y nos fuimos en un vehículo hasta la sede del Ministerio de la Defensa. Nos recibió el personal de la alcabala y nos dirigimos al Batallón Caracas donde nos esperaba Medina Acosta. El coronel Vahamonde Rojas le dijo a Medina que por instrucciones superiores Chávez iba a pasar la noche en el Batallón y que le prepararan una habitación. Entramos con Chávez y lo acompañamos.

Al rato Vahamonde dijo que no iba a pernoctar, que lo trasladarían nuevamente.

—¿Qué hizo Chávez?
—Me miró y me replicó que él era un buen soldado porque cumplía las órdenes. Después sí le dijo al coronel Vahamonde que qué mamadera de gallo era esa. El coronel le respondió que se trataba de una orden que debía acatar. Nos desplazamos entonces hasta el helipuerto de la Comandancia General y allí nos estaba esperando un helicóptero de la Marina. Vahamonde nos dio la orden de montarnos y nos dijo que lo acompañaríamos.

Estábamos el capitán Blondell, Aguilar Marrero, el coronel Díaz Semprum, los capitanes Ricardo y Alfredo Salazar Bohórquez y Hugo Chávez. Despegó el helicóptero y luego de 45 minutos aterrizamos en un sitio costero. Yo me quedé sorprendido.

Le pregunté al piloto dónde estábamos y me dijo que en Turiamo.

Eran las 10:00 pm.

—¿Qué pasó en Turiamo?
—Al bajarnos del helicóptero, se aproximó un soldado con una carta.

Díaz Semprum, Chávez y yo nos quedamos hablando. Chávez le regaló unos libros a los hermanos Salazar y sacó un par de botas. Le preguntó a Blondell cuánto calzaba y él le dijo que 45, otro soldado dijo 40 y entonces me preguntó a mí "¿y usted mi capitán?" .

Le dije 43 y me dijo: "A ti sí te sirven. Te voy a regalar estas botas norteamericanas" . Yo le pregunté que a qué se debía eso y me dijo:
"Por el trato que me has dado y porque no me van a hacer falta porque no me voy a volver a poner el uniforme" .

Estuvo un rato hablando de cuando era soldado, se quedó viendo el horizonte y dijo: "Otra vez preso.

¡Qué desgracia!" . De pronto llegó una comisión de sargentos del Batallón de Infantería Generalísimo Francisco de Miranda y al mando el capitán de corbeta Baccari Álvarez. Se le presentó al coronel Díaz Semprum y dijo que Chávez se quedaba.

Ahí Díaz Semprum dijo que nos retirábamos, que nuestra misión había concluido. A mí me pareció extraño porque estábamos a cargo, pero como oficial subalterno no puede uno estar preguntando.

—¿Y La Orchila?
—Una vez que llegué a Caracas fui al Batallón y me le presenté a Medina Acosta, le di novedades de todo lo ocurrido. En ese momento llegó el ministro de la Defensa, José Vicente Rangel, y Medina Acosta me dijo que lo acompañara para darle novedades sobre el comandante Chávez. Cuando llegó el carro en el que se suponía que estaría Rangel mi sorpresa fue cuando se bajó Ramírez Pérez. Ellos dos se fueron hablando y a las 3:00 pm me mandó a llamar otra vez Medina Acosta. Me dijo que me le presentara al general de brigada del Ejército José Esteban Godoy Peña, director de DDHH de la FAN. Me presenté y me mandó a alistarme para irme en una comisión. Regresé al Batallón, me uniformé.

A las 6:30 pm llegamos al helipuerto de Charallave y había un avión esperándonos.

Luego de 40 minutos volando le pregunté al general Godoy a dónde íbamos y me respondió que a hablar con Chávez. Llegamos a La Orchila. Ahí estaba Chávez, el almirante Echeto Romero, varios oficiales superiores y subalternos y un grupo de entre 20 y 25 comandos de la Marina. En la residencia presidencial estaba Chávez hablando con varios marines. Yo me quedé sentado afuera. Al rato salen Echetro y Rodríguez Salas y dicen que se le van a hacer unas modificaciones, planteadas por el mismo Chávez, al acta de renuncia. Se entendía que la firmaría y que se trasladaría a Cuba, como había dicho.

Minutos después, recuerda Gebauer que aterrizaron dos helicópteros y Chávez los abordó, con la comisión nacional de seguridad y defensa de la Casa Militar General de División Alí Uzcátegui Duque, diciendo: "Los necesito porque no sé qué me puede esperar en Caracas". Recuerda el capitán Gebauer, con el rostro bastante afligido, que cuando pisó Caracas el domingo 14 de abril de 2002 "comenzó este calvario".

UNA PRUEBA DE FAMILIA

No fue Ramo Verde el primer lugar que separó a Otto Gebauer de su familia. Uruguay, Chile y Perú marcaron aquellos primeros kilómetros de distancia, pero también un cierto aire de tranquilidad, de resguardo, de no tener que huir más.

De vuelta a Venezuela la suerte lo abandonó. El 10 de noviembre de 2004 lo capturaron en una ferretería en San Agustín mientras buscaba trabajo. "El dueño llamó a la Guardia Nacional, llegaron y me capturaron.

En ese momento me quité un peso de encima. Estaba solicitado, no podía llevar una vida normal, no tenía cómo financiarme y no iba a robar. Lo importante es que a pesar de todo me capturaron buscando empleo", asegura mientras asiente con la cabeza.

Sin embargo, la condena no es sólo del capitán (r) Otto Gebauer.

Su esposa y su pequeña también viven las consecuencias: "A la pequeña tuve que decirle que éste era mi trabajo, pero ¡qué va!, ella se dio cuenta de que esto era una cárcel y le preguntó a su madre.

Ojalá me entienda que estoy aquí por su futuro, por un país en democracia.

Espero que pueda entender algún día que no podía doblegarme y callarme".

Sabe la familia que la condena será larga. Que le quedan a Ana muchos mercados por hacer y a la pequeña muchos cumpleaños sin papá en casa. Lo único que pide el capitán retirado es que sea el Presidente quien algún día le diga al pueblo la verdad de lo que pasó en esos días". Su condena piensa vivirla día a día, con dignidad.







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