Hablan los presos políticos - No hay buenas noches para los hijos de Simonovis

Por Venezuela Real - 18 de Julio, 2007, 14:41, Categoría: Derechos Humanos

Juan Pablo Arocha
TalCual
18 de julio de 2007

Dos años y ocho meses lleva recluido en la Disip Iván Simonovis, protagonista de un proceso político al que califica como “el más largo de la historia judicial venezolana”. Tanto, que ya han fallecido dos de sus abogados defensores.
A través de una carta, TalCual conversó con el ex secretario de seguridad ciudadana, quien duerme en un cuarto que apenas sobrepasa el metro de ancho

El comisario Iván Simonovis se acuesta todas las noches con la esperanza de despertar justo en el momento que pueda salir en libertad. Quiere que los días pasen rápido en el calendario. Pero aunque procura extender sus horas en la cama, el esfuerzo es en vano. El ex funcionario policial se despierta todas las mañanas en el mismo lugar:
una celda rectangular que se extiende 50 metros a lo largo, pero que apenas alcanza un metro 30 centímetros de ancho.

En este largo pasillo hay espacio para una cama, un televisor, un pequeño escritorio y un ventilador.

También para un corcho lleno de fotos familiares que Simonovis mira constantemente en busca de compañía. Eso le ayuda a respirar profundo para levantarse de la cama cada día, porque “siento que hay una familia que me espera allá afuera”.

El ex secretario de seguridad ciudadana de la Alcaldía Metropolitana lleva dos años y ocho meses recluido sin sentencia en la División de Servicio de Inteligencia Policial (Disip). Lo acusan, junto a los comisarios de la Policía Metropolitana Lázaro Forero y Henry Vivas, por los supuestos delitos de homicidio calificado, frustrado y en grado de complicidad necesaria, así como de lesiones graves y gravísimas por su presunta vinculación con las muertes de simpatizantes chavistas el 11 de abril de 2002.

A Simonovis el tiempo lo ha obligado a crear una rutina. “Es necesario, porque de lo contrario te vuelves loco”, asegura. La treintena de reclusos que se encuentran en la Disip improvisaron un gimnasio para drenar la paciencia, pero que “enrarece” el aire por la sudoración de los hombres en un lugar sin ventilación.

Incluso, a veces debe reparar junto a sus compañeros las viejas máquinas que se dañan por el excesivo uso.

Son estas situaciones las que han permitido crear mayor compenetración entre la mayoría de los reclusos. Ya han pasado varios cumpleaños, navidades y días del padre juntos. Simonovis cuenta que han tenido que compartir la comida, un vaso de agua e, incluso, un trozo de hielo. “Hay momentos de mucha tensión donde aprendes a ver el dolor o la tristeza de tus compañeros. En la mayoría de las oportunidades no puedes hacer nada más que brindar una palabra de aliento o escuchar con paciencia”, dice el comisario.

ENTRE PRESOS TE ENTIENDAS

Los dos años y ocho meses que lleva Iván Simonovis tras las rejas han variado tanto como quienes han sido designados como Director de la Disip. “Tres personas han ocupado ese puesto y cada uno de ellos le imprime su toque personal”, dice el ex secretario de seguridad ciudadana.

El segundo director que conoció Simonovis quiso imponer su autoridad con medidas radicales.

Le decomisó el televisor “por considerarlo un privilegio”, lo mantuvo encerrado en su calabozo por un mes y sólo lo dejaba ir al baño dos veces al día.

La estadía en la Disip se ha “regularizado”.

El trato que recibe de los funcionarios de la policía política es “bastante parco” – según define Simonovis – “ellos se limitan a cumplir con su trabajo y como yo vengo de una institución jerarquizada acato las órdenes e instrucciones sin problemas”.

El ex secretario de seguridad ciudadana entiende que es “un preso político y contra eso no hay ley que valga.”. Eso también lo ayuda a comprender lo que ocurre con sus compañeros detenidos. En los ocho calabozos que comparten los detenidos en la Disip, Simonovis recuerda que han permanecido curas, jueces, funcionarios públicos, comerciantes, militares, chavistas, opositores y ni-ni-es, pero que todos “somos presos de este gobierno con formas distintas de pensar que logramos aceptarnos para sobrevivir decentemente”.

LA SILLA DE BASTIDAS

Iván Simonovis fue detenido el 22 de noviembre de 2004 momentos antes de subir a un vuelo comercial con destino a Miami, Estados Unidos. Nunca le leyeron sus derechos ni le enseñaron una orden de captura. El comisario emprendería un viaje de negocios ese día, pues no pesaba sobre él ninguna prohibición de salida del país.

Del aeropuerto internacional de La Chinita, en Maracaibo, fue trasladado en un avión de la Disip hasta la sede principal del organismo en Caracas. Cuando ingresó a las instalaciones su reloj marcaba las ocho de la noche.

Sería un año y cuatro meses después cuando se inició el juicio:
el 20 de marzo de 2006. “El más largo de la historia judicial venezolana”, como lo define Simonovis.

Tanto, que a finales de 2006 fallecieron dos de los abogados defensores: Carlos Tamayo y Carlos Bastidas.

En la actualidad el juicio se encuentra en la fase de evacuación de pruebas de los acusadores.Ya han acudido a 136 audiencias, 240 experticias; escuchado a 148 testigos, además de 44 expertos; y observado 34 documentales.

Simonovis sufre una mezcla de sentimientos cada vez que sale del juzgado. “Pienso en todo lo que hemos perdido”, dice. Pero una fuerza espiritual le da ánimos. Quizás sea –como dice su esposa y abogada, María del Pilar– el alma de Carlos Bastidas “que no descansará hasta que me vea en libertad”.

Por eso, en todas las audiencias, al lado del comisario aguarda una silla vacía para el fallecido defensor:
“él nos acompaña siempre”.

BUENAS NOCHES

Quienes más han sufrido por el encierro de Simonovis son sus tres hijos. Al inicio de la reclusión debieron cargar por la empinada cuesta de El Helicoide, la sede de la Disip en Caracas, los mercados de comida y la ropa limpia para su padre. “A veces se les bajaba la tensión por el esfuerzo y vomitaban” - dice el comisario – “fue terrible verlos pasar por eso”.

Pero no sólo eso debieron soportar.

Al caer la tarde estos muchachos esperaban impacientes el repicar del teléfono, era la llamada diaria que hacía Simonovis para desearles “buenas noches”. Luego que colgaban el auricular sus muchachos se iban a dormir tranquilos.

Así, el comisario lograba cumplir con una tradición familiar que cada noche repetía cuando estaba en libertad. Pero durante los dos años y ocho meses que ha estado detenido no sólo han variado las condiciones de reclusión, también se ha roto esta rutina.

Ahora los hijos de Simonovis cuentan los días para que su padre les dé las “buenas noches”. Una orden en la División de Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) restringió las llamadas a sólo dos veces por semana. “Honestamente, de todas las restricciones que tengo, esa es la que más me afecta”, confiesa el ex funcionario policial.

Es por eso que Simonovis asegura que ahora espera con ansias los domingos, ese día se le permite ver a sus hijos por cinco horas.

Durante la semana revisa varias revistas de tecnología e informática para poder conversar de ese tema con Iván, el único descendiente varón aficionado a esa materia.

HISTORIA PARA UN LIBRO

Los días en la cárcel para Simonovis también pasan leyendo trabajos de investigación criminal, y otros relacionados con aviones, carros clásicos y de autoayuda.

Pero un lugar especial tiene la Biblia y un conjunto de oraciones que le han hecho llegar personas que desconoce. “Eso lo agradezco infinitamente”, con todas estas cosas ha logrado llenar una caja entera.

Eso ayuda al comisario a alejarse de la soledad. Una “campañera” que le permite reflexionar, pero que también lo desespera: “Te asfixia, te ahoga más que el aire enrarecido de los dos metros cuadrados del encierro en el calabozo”.

Simonovis recuerda que cuando estuvo al frente de la secretaría de seguridad ciudadana en la Alcaldía Metropolitana, los índices de homicidio disminuyeron en un 27,39% . Su función administrativa era coordinar los organismos de seguridad, por lo que dice que nunca tuvo en su control la dirección operativa de los uniformados el 11 de abril.

Hoy, el comisario prepara su defensa. Lo hace sentado en el pequeño escritorio que tiene en su celda. Desde allí busca rebatir cada uno de los “inexistentes elementos de convicción” que ha presentado la Fiscalía en su contra.

Tiene tantas cosas que escribir que podría llenar un libro, “pero después habrá tiempo para eso”. La rutina dice que es hora de dormir, intentará descansar profundo para despertar más cerca del día en que se le permita salir en libertad.

 " Hay momentos de mucha tensión donde aprendes a ver el dolor o la tristeza de tus compañeros."
En la mayoría de las oportunidad es no puedes hacer nada más que brindar una palabra de aliento o escuchar con paciencia



 







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