Ante todo, la mayoría

Por Venezuela Real - 19 de Julio, 2007, 10:53, Categoría: Oposición/Resistencia

Diego Bautista Urbaneja
El Universal
19 de julio de 2007

Lo que el país necesita es que se cree un sentimiento mayoritario en contra de la reforma

El país debe prepararse desde ya para encarar la reforma constitucional. La idea de que Chávez pueda retardar la reforma para el año que viene, tal como anunció en algún momento no es creíble. Chávez no puede darse ese lujo. El año que viene puede ser muy complicado, que va a inaugurarse con la problemática reforma monetaria, cuyos efectos políticos y de opinión son impredecibles. Además, día que pasa, día que permite a los numerosos adversarios que la reforma tiene entre los mismos hombres del régimen diseñar acciones o situaciones que hagan cada vez más cuesta arriba la aprobación de la reforma. Porque, a los efectos de ese mundo oficialista, la reforma tiene dos ejes centrales que a muchos de sus habitantes no les debe hacer ninguna gracia: la reelección indefinida o continua, y la máxima concentración de poder en la persona del comandante.

Así pues, la cosa es ya. Lo que el país necesita es que se cree y se sostenga un sentimiento mayoritario en contra de la reforma. Los argumentos básicos son sencillos. Esa es una reforma por completo innecesaria, que no va a resolver ninguno de los problemas que el país tiene.


Ninguna de las cosas que hay que hacer para mejorar los problemas del país, requiere de una reforma. Todo lo que hay que hacer se puede llevar a cabo perfectamente con la Constitución de 1999.

Al contrario, una reforma centralizadora y concentradora de poder, como la que Chávez quiere imponer, lo que va a hacer es agravar los problemas del país. El único que está interesado en esa reforma en el mismo Chávez, que es su verdadero y exclusivo beneficiario, en términos de que tendrá más poder del inmenso que ya tiene y que obtendrá lo único que verdaderamente está buscando, como lo es la reelección indefinida. Dentro de estos términos básicos, el transcurso del debate irá indicando qué ir añadiendo o qué ir enfatizando.

En todo caso, el objetivo es construir una opinión mayoritaria en contra de la reforma. En mi opinión es necesarísimo entonces evitar caer en debates secundarios o de detalle. Que si los cambios que Chávez quiere introducir requieren la convocatoria de una constituyente. Que si no se puede ir a referéndum con este CNE y que por lo tanto hay que pedir un cambio del CNE. Que si hay que votar en el referéndum aprobatorio o que hay que abstenerse en él. Que si no se puede aceptar este cambio o el otro, como si los demás sí pudieran ser aceptados. Creo que todo eso enreda el debate y confunde a la gente.

Hay ante todo que crear una situación donde esté claro que la mayoría del país está en contra de la reforma, y que eso sea del conocimiento público. A partir de esa situación podrán entonces tomarse las otras decisiones, en caso de que Chávez decida desafiar ese sentimiento mayoritario, lanzando su reforma en los meses que quedan del año.

Es de suponerse que Chávez querrá crear a propósito de la reforma una situación plebiscitaria de "estás conmigo o estás contra mí". Querrá hacer ver que quienes se oponen a la reforma son los escuálidos de siempre. Esas dos jugadas están cantadas. En este momento las encuestas dicen que la mayoría de la población está en contra de la reforma, porque la percibe innecesaria y no respalda la reelección indefinida.

Esa mayoría incluye a muchos venezolanos que han venido respaldando a Chávez y es a ellos a los que éste va a querer someter al chantaje plebiscitario. Pues bien, es necesario construir sobre esa mayoría el rechazo a la reforma y protegerla de la tenaza a la que Chávez va a querer someterla en la campaña que vendrá por ahí.

La campaña de rechazo a la reforma constitucional no puede ser convertida en una cruzada en contra de Chávez. Es en contra de una propuesta de Chávez que sólo le conviene a él, que el país no necesita y que es negativa para el país. Tampoco es una bandera de "la oposición". De hecho, quienes se oponen a la reforma lo hacen en nombre de la Constitución del 99, la misma que Chávez prohijó.

Para solidificar y aumentar esa mayoría que hoy por hoy se opone a la reforma es necesario plantear ese debate en términos amplios y nacionales, muy por encima del plebiscito "con Chávez o contra Chávez". Plantearlo bajo el cobijo de la tan incumplida, la tan violada, la tan aclamada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, bajo la cual se puede muy bien hacer todo lo que el país necesita que se haga, sin entregarlo a las ansias de poder total y "continuo" de un hombre.






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