"La violencia es una partera idiota de la historia"

Por Venezuela Real - 21 de Julio, 2007, 14:20, Categoría: Cultura e Ideas

KARINA SAINZ BORGO
El Nacional
22 de julio de 2007

El periodista, historiador y novelista mexicano compartió tribuna en la cátedra Julio Cortázar de Casa de América junto con Carlos Fuentes y Sergio Ramírez. Allí reflexionó sobre el saldo político de la independencia en Iberoamérica, que este año llega a su bicentenario. Ácido, polémico e irónico, el autor de La Guerra de Galio (1990) habla de las ortopedias nacionales y las lesiones ideológicas que aún persisten en América Latina

Nada es indulgencia en las palabras de Héctor Aguilar Camín. Sólo una pluma como la suya es capaz de dar vida literaria al desdichado Carlos Vigil en la que puede considerarse una de sus mejores novelas: La guerra de Galio. Sólo su lengua afilada es capaz de rebanar cualquier tema de la historia de la vida política mexicana, a la que ha dedicado gran parte de su obra. Historiador por accidente y novelista por vocación, como él mismo se define, Aguilar Camín ofrece una conversación compacta. Tiene un hablar manso, aflautado y abdominal. Él dirige la conversación. Desordena las preguntas, afila las respuestas. Reparte jirones. No opina, tritura.

Manual postcolonial.

Para Camín, la única forma de entrar en relación con la historia de forma razonable exige varias cosas. "La primera de ellas -dice- es dejar de utilizarla como una forma de decirse mentiras piadosas. Hay mucho más qué aprender de los fracasos de la independencia que de las gestas heroicas.

Quien se acerca con los ojos abiertos encuentra en ella pocas cosas que celebrar, salvo la independencia misma. Todo lo demás fue un desastre, un desastre magnífico, con grandes personajes y sagas militares que apenas tienen parangón", comenta.

La independencia es materia prima para el historiador, quien ve en sus innumerables costuras y remiendos la explicación de las carencias republicanas, las desdichas ciudadanas y alucinaciones políticas actuales. "Simón Bolívar resumió el asunto, como solía hacerlo, en una frase. Dijo: la independencia es el único bien que hemos conseguido, a costa de todo lo demás".

Tuvimos un parto prematuro del que algunas naciones tardaron en reponerse, un parto que sigue siendo la explicación de algunas de nuestras malformaciones institucionales y políticas, de las que destaco unas cuantas que pudiésemos llamar lecciones de nuestra independencia".

-En todas estas lecciones existía un problema de origen. Algo así como si los rebeldes hubiesen dicho "primero nos emancipamos y después vemos cómo nos gobernamos".
-Nuestras naciones nacen por una crisis de legitimidad política de la Corona española.


-Parece usted afirmar que América Latina fuera una especie de resaca de Fernando VII. -Fernando VII es uno de los grandes productores de ilegitimidad en la historia de las monarquías europeas. De hecho, fue el más grande propulsor de nuestras guerras de independencia. En poco más de 20 años de reinado perdió un imperio e impuso los cimientos de una guerra civil en España. Su instrumento insuperado fue interrumpir la cadena de la legitimidad de la monarquía española: primero, conspirando contra su padre; luego, abdicando de su derecho y despojando a su hermano del suyo. La quiebra de legitimidad creada por la abdicación de Fernando VII precipitó sin rumbo el proceso de la independencia y su restauración absolutista a partir de 1814 rompió la posibilidad de una independencia negociada, que hubiera sido un fruto lógico y deseable ante la decadencia imperial de España. Esto multiplicó los efectos de los movimientos de independencia, que era lo suficientemente alucinada y cruenta.

-Ha mencionado hasta ahora muchos temas: nacionalismos exacerbados, gobiernos débiles y, quizás el más clara de ellos, la violencia como marca de origen.
-Como decía Marx, la violencia es la partera de la historia.


Pero es una partera idiota, que lastima mucho más de lo que ayuda. Apenas puede exagerarse el poder destructor de nuestras guerras de independencia. En México murieron 600.000 personas de una población de 6 millones. Venezuela perdió entre 90.000 y 100.000 hombres de 900.000 habitantes que había entonces en la nación. Es difícil decir para qué sirvió tanta destrucción.

Sólo un patriotismo estrecho, construido con posterioridad a los hechos, puede decir que tanta violencia fue útil, porque de ella salieron los países de los que somos patriotas.

-¿Caudillismo o República?
-Yo no hablaría de caudillismo, sino de cabecillismo. Estos patriotas militares eran capaces de desafiar y derrotar a gobiernos débiles sujetos a la negociación de su fuerza.


Esos mismos caciques son una sombra persistente en nuestra vida pública, que ha llenado de golpes militares nuestra historia.


Los sótanos de Galio

-Según usted, estábamos preparados para todo, excepto para la propia emancipación.
-Las naciones independientes estaban preparadas para todo menos para inventarse una forma de gobierno distinta a la monárquica. La monarquía era su hábito y su horizonte, aunque llevaran décadas forcejeando contra ella. Allí comienza la desdichada historia de nuestros gobiernos independientes.


Tomando formatos de aquí y de allá, de las ideas de la Ilustración y de la experiencia estadounidense, los primeros patriotas inventaron estructuras que tardaron décadas o siglos en llenarse de ciudadanos de carne y hueso. NuesEL UNIVERSAL / GDA
tras instituciones no nacieron de una lenta acumulación de costumbres y prácticas políticas, sino de la quiebra inesperada de legitimidad de una monarquía para la que nadie estaba preparado. Nuestros patriotas regresan desilusionados con el escarmiento de la realidad. Y siempre fueron adelantados a su tiempo, porque en realidad su tiempo los derrotó. Hemos tardado 200 años en parecernos a los países que soñaron nuestros patriotas independentistas, gente de muchos principios con respecto a sus ideales y pocos escrúpulos, según dictaba su realidad.

-La mayor parte de su obra la ha dedicado a la historia política de México, que en cierta forma permea al resto de América Latina. ¿Cómo entender un ser político latinoamericano a partir de dos de sus novelas más agudas: La Guerra de Galio y La conspiración de la fortuna?
-Esos momentos fundadores de los que hablé están reflejados, en parte, en esas novelas.


Tanto el personaje de Vigil de La Guerra de Galio, como los de La conspiración de la fortu na están inmersos en la pugna histórica de un país que no acaba de encontrar su forma.

Esos personajes existen en países inacabados en relación con sus propios ideales. Son herederos de los ciudadanos independientes del siglo XIX por la gran frustración de ser parte de esas naciones.

-Parece que el siglo XIX nunca va a dejar de pasarnos factura.
 -Mientras no corrijamos nuestra herencia del siglo XIX no vamos a poder lograr las cosas que soñábamos en ese mismo siglo.


-Y mientras tanto, ¿qué?
¿Cómo entender lo que ocurre en la América Latina actual? ¿Cómo entender los discursos de gobernantes, por ejemplo, como Hugo Chávez? -Vamos, por Dios, Chávez es la expresión mayor de la demagogia y las mentiras de nuestra independencia. Es la encarnación perfecta de esa demagogia del siglo XIX. La peor herencia de las guerras de independencia fue el militarismo. Militarizó nuestra vida pública. El poder quedó encarnado en caudillos, caciques y cabecillas. Seguimos arrastrando una lesión esquizofrénica. Por ejemplo, México no encontró forma de practicar lo que soñaron sus patriotas en 1824 sino hasta el año 2000. Lo que hubo en medio fue una ortopedia de las viejas costumbres metidas a manotazos en los moldes constitucionales.













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