"Chávez puede llegar a ser más perverso que Fidel"

Por Venezuela Real - 25 de Julio, 2007, 16:23, Categoría: Testimonios

JAVIER PEREIRA
El Nacional
25 de julio de 2007

Entrevista con Elizabeth Burgos - Reacciones desde Francia

Esta historiadora y antropóloga venezolana, radicada en Paris, augura el final de la larga complacencia de la izquierda europea con el dictador cubano. Celebra el surgimiento de Lula como la nueva referencia latinoamericana y descarta la influencia real del chavismo en el nuevo liderazgo del continente. Define a Chávez como "un engendro del Caribe, una cosa rara, barroca".

Cosas importantes han ocurrido en Paris estos últimos días. La capital francesa fue el escenario de una de las protestas más significativas de los últimos años: la izquierda europea, sobre todo la francesa, rompió su pacto de tolerancia con el régimen de Fidel Castro y recordó el encarcelamiento de decenas de periodistas y escritores disidentes.

En primera fila del Teatro del Rond-Point, en los Campos Elíseos, una venezolana acompañó al grupo de destacados líderes políticos e intelectuales (como Jorge Semprún, Pierre Arditi, Zoé Valdés, Jack Lang, Noël Mamère, Pedro Almodóvar y Catherine Deneuve) que bajo el slogan de "Cuba sí, Castro no" comenzaron a desmontar el mito de Fidel en Europa. La venezolana Elizabeth Burgos da testimonio de un evento que pone fin a la luna de miel de Castro con la izquierda del viejo continente:

–Por primera vez la izquierda francesa hace un acto de repudio contra Castro, y al escuchar los discursos se nota que todavía les cuesta mucho. Fidel es un mito, un gran maestro de la propaganda.

¿Cómo se explica esa condescendencia de la izquierda europea con un dictador que lleva cuatro décadas en el poder?
–Por el discurso de Fidel Castro, como el que tiene Chávez ahora. Los que tratan de defender a Castro siempre argumentan que en Cuba le dan educación y salud al pueblo. En la izquierda europea hay una actitud de condescendencia con América Latina que se revela en una idea: la gente del tercer mundo debería estar contenta con un poco de medicinas y educación. Por eso es que hay cosas que los franceses nunca aceptarían aquí (en Paris) pero que lo ven normal allá.

¿Nos consideran países menores?
–Si. En Europa comparan a Zimbabwe con Honduras o Venezuela. Todos los países que ellos encierra en el cliché de "tercer mundo" son iguales, no conocen la especificidad de la historia: no importa equiparar a los países más subdesarrollados de África con Argentina y Brasil. Y todo eso se combina con el sentimiento de antiamericanismo que hay en Francia, que no es nuevo. Es una manera muy fácil y barata de pelear contra Estados Unidos: aquí nadie pensaría en declararles la guerra, pero les encanta cuando se las declaran en otro lado.

¿Y cuál fue el evento que desencadenó esta reacción?
–El apresamiento de los periodistas. En Cuba se logró crear un espacio de periodismo independiente y el régimen había mostrado una cierta tolerancia. Pero ese es un mecanismo que siempre ha usado Fidel Castro: él permite espacios de libertad y después los reprime, es una técnica que usa desde 1959. Lo que pasa es que la gente estudia muy poco la dinámica del régimen cubano y se preocupa muy poco en conocer su historia. Pero esta ultima ola de represión tocó a personajes conocidos, ya ellos no pueden hablar de "batisteros" (cómplices del régimen de Fulgencio Batista) para justificar sus acciones. Eso ha hecho que mucha gente abra los ojos.

También hubo una protesta el 24 de abril de este año, en la sede de la embajada cubana en Paris, que terminó violentamente. Eso pudo haber exacerbado los ánimos...
–Eso también influyó. Yo participé en esa manifestación y el embajador salió con sus esbirros y nos pegó con cabillas. Los franceses quedaron traumatizados con ese evento, decían "si esta gente era capaz de hacer eso en Paris, imagínense lo que hacen en La Habana". Eso ayudó a la reacción.

¿Y cómo quedan personalidades como Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú, al mantenerse al lado de Castro?
–Ellos tienen esa posición por ignorancia, apoyando la premisa del desarrollo de la salud y la educación. No se molestan en saber como era La Habana antes de 1959, no conocen que el porcentaje de analfabetismo en Cuba era uno de los más bajos del continente, similar al de Argentina y Uruguay; no saben que Cuba tenía el mismo ingreso per capita de Venezuela, que es un país petrolero. Ellos no saben estas cosas, ni están interesados en saberlas.

Se mueve el centro de gravedad

Burgos sostiene que la red de poder castrista se basa, casi exclusivamente, en el Ejército y el Ministerio de Interior de Cuba, desde donde se desarrollan todos los mecanismos de control social contra la población. Sostiene que Lula ya desplazó a Fidel Castro como el referente de la izquierda latinoamericana.

–Lula abrió la brecha de la izquierda sensata y democrática en Latinoamérica. Se ha ganado el respeto de Bush y de Europa, su manera de hablar y de manejar las relaciones ha despertado simpatía. Comprende que es un jefe de un gran país, que tiene problemas muy graves que debe resolver; pero al mismo tiempo tiene una gran conciencia del equilibrio de las fuerzas en el planeta. Esa sensatez es la que debe impregnar algún día a toda la izquierda latinoamericana. Y eso parece no gustarle mucho a Fidel, porque le ha quitado el protagonismo.

Pero en los últimos días hubo un acercamiento importante entre Lula y Castro. Después de la Asamblea General de la ONU, Lula visitó la Habana y luego Fidel fue a Brasil...
–Lo que pasa es que la relación que Lula sostuvo con Castro antes de ser electo presidente de Brasil, no le permite asumir una postura radical de un día para otro. Ni tampoco creo que le convenga. Debe dejar una puerta abierta y mantener los canales de comunicación con el poder cubano.

¿Entonces ese acercamiento es más por conveniencia que por complicidad?
–Eso es algo que en América Latina nos cuesta entender: los países no sólo actúan por ideología, sino por intereses. Eso lo están empezando a comprender Chile, Argentina y Brasil. Además, Lula cuenta con una escuela de diplomacia de primera clase: Itamaratí, donde saben que los países primero tienen intereses y después amigos.

¿Cómo visualiza la estrategia de exportación de ideología que todavía desarrolla Castro sobre América Latina?
–En un primer momento Castro intentó penetrar a Latinoamérica con la guerrilla, pero eso no le resultó. Y después, como es una persona muy hábil, encontró otro medio para alcanzar su objetivo: la caridad. Las organizaciones no gubernamentales son los nuevos misioneros del mundo, los estados tienen cada vez menos relaciones bilaterales de desarrollo y concentran los recursos en grupos de este tipo. Yo diría que es la nueva forma de neocolonialismo, y Fidel usa esa estrategia imperialista, porque en el fondo el modelo de Castro es el modelo norteamericano. Él siempre tuvo esa rivalidad con Washington, pero adoptó su modelo y lo combinó con elementos del leninismo, como el aparato del partido único y del líder único. Castro ha intentado imponer al resto de Latinoamérica el trauma cubano de la guerra de 1898, cuando Cuba obtuvo su independencia gracias a la intervención militar de Estados Unidos.

Según su punto de vista ¿Cuál es el elemento ideológico más peligroso que ha logrado filtrar Castro en Latinoamérica?
–Sin duda que los más perjudicial es el modelo del estado pretoriano, el estado en manos del Ejercito. Los militares latinoamericanos, en general, consideran que tienen una misión salvadora y que son los únicos que pueden hacerse cargo del estado. Por eso el modelo cubano es perfecto para ellos. La poca economía que hay en Cuba está en manos de los militares; el Ministerio de Interior y el Ejército son el verdadero estado en Cuba, las otras instancias son figurantes. Cuando se muera Fidel hay que tomar en cuenta eso.

¿Cómo visualiza a Cuba después de Fidel Castro?
–No sé si Raúl Castro será el nuevo hombre fuerte, porque parece que él está más enfermo que el hermano; pero en todo caso surgirá de los militares y del Ministerio de Interior, que son los que mantienen un control férreo de la población. Por eso es que me parece difícil que cuando muera Castro cambie de inmediato la situación, porque la gente tiene el miedo sembrado. Precisamente, a estos periodistas independientes los apresan porque perdieron el miedo contra el régimen, y eso es inaceptable para Castro.

¿Percibe a Néstor Kirchner también como un exponente de esa sensatez que expresa Lula?
–Kirchner no es un líder de la misma naturaleza de Lula. Los brasileños son mucho más sensatos que los argentinos. Además, Lula es un sindicalista que, por definición, sabe negociar. Es un hombre que se ha forjado a si mismo. Eso le ha dado una gran sabiduría. Argentina siempre ha sido un país menos sereno, aunque parece que el equipo que está en el poder con Kirchner se inclina menos a la sensualidad del poder y más a atender las responsabilidades. Ha mostrado una gran capacidad para negociar con el FMI y con Bush y eso hace pensar que va por buen camino.

Las decisiones contra los represores de las dictaduras militares también ha favorecido su imagen...
–Bueno, eso habría que analizarlo con mayor detenimiento. Obviamente se deben castigar a los violadores de derechos humanos, pero de todos los bandos. Por ejemplo, en el mismo caso de Argentina: un líder de izquierda que haya mandado a la muerte desde Paris a muchachos para desencadenar guerras allá, mientras ellos se quedaban aquí tranquilos, eso habría que analizarlo. Sanaría mucho la situación. No es que yo trate de equiparar las violaciones de los militares con las del otro sector, pero esas también existen y eso hay que saberlo.

Castrismo a la llanera

Al reflexionar sobre el caso venezolano, Burgos califica a la revolución chavista como una farsa del castrismo. Compara el discurso de Hugo Chávez con el populismo de Jean-Marie Le Pen y descarta cualquier influencia del primer mandatario venezolano en dirigentes importantes de la izquierda latinoamericana.
–Si se busca un ejemplo de irracionalidad y de desequilibrio mental, habría que nombrar el caso de Venezuela. Ese es un país que sólo necesitaba un equilibrio mínimo administrativo para que fuera viable; pero allí se ha desencadenado una locura colectiva, irracional, desequilibrada, sin noción de lo que es administración de un país moderno. Ahora allí hay un enfrentamiento entre un mundo rural y anacrónico, contra una población que ha llegado a la época más moderna. Y lo que está pasando en Venezuela desde el punto de vista institucional es muy interesante: esa guerra civil que se está dando allí, sin armas sino a punta de ideas desde el lado de la oposición, me parece ejemplar. Tratar de llegar a una solución sin un enfrentamiento armado es ejemplar. Uno se siente orgullosa de ser venezolana en estos días.

Usted comparó el discurso de Chávez con los planteamientos de Jean-Marie Le Pen ¿Qué pueden tener en común dos personajes identificados con dos puntos ideológicos radicalmente contradictorios?
–En Francia hay una situación, guardando las proporciones, muy similar a la de Venezuela. Hay una crisis muy fuerte de los partidos tradicionales. El Partido Socialista y los dirigentes de la izquierda están en plena crisis. Le Pen hablaba en favor al pueblo pequeño, contra las elites, con una demagogia peligrosísima con un antiamericanismo marcado; el mismo discurso de Chávez, que es en definitiva el discurso del fascismo. Y en Francia el problema sigue. Ahora hay dos factores que suben en las encuestas: la extrema izquierda por un lado, y la hija de Le Pen, Marie, por el otro.

Algunos analistas señalan que uno de los puntos débiles al argumentar que Chávez es un tirano, es la libertad con la que actúan los medios de comunicación ¿Por qué cree que Chávez no ha desarrollado mecanismos autoritarios más efectivos para consolidarse en el poder?
Simplemente porque no ha podido. Te lo explico con un ejemplo: cuando el Che Guevara entró a La Habana, antes de Fidel, comenzó a ordenar los fusilamientos contra los funcionarios y policías del gobierno de Fulgencio Batista. En ese momento pudieron justificar esa medida de fuerza porque había una dictadura. Después comenzó también la represión contra una guerrilla nacida de las mismas filas del ejército revolucionario, en 1959, que desató una guerra contra Fidel cuando pactó con los antiguos miembros del Partido Comunista para darles los puestos claves del poder. Esa fue quizás la guerrilla más intensa de Centroamérica, pero esa guerra fue silenciada por Castro para evitar la solidaridad de la comunidad internacional y para no manchar su imagen. Por otro lado, en Venezuela nunca hubo una situación de dictadura como esa para que Chávez justificara esa represión similar. Por eso es que no pudo desarrollar mecanismos para aterrorizar a los venezolanos y eso ha marcado su desempeño hasta ahora.

¿Cómo define entonces el modelo político que aplica Chávez en Venezuela?
Como decía Karl Marx, la historia cuando se repite lo hace en forma de farsa. Chávez es una farsa del castrismo, pero hay que estar claro en algo: Chávez puede llegar a ser más perverso que Fidel. Porque Fidel es un hombre culto, con nivel universitario y alguna formación intelectual; en cambio Chávez es un engendro del Caribe, una cosa rara, barroca. Fidel es él mismo, no tiene ningún modelo; pero Chávez quiere copiarlo, es una persona con graves problemas de personalidad.

¿Cuál es la verdadera influencia tiene Chávez en el liderazgo de la izquierda latinoamericana?
En general no veo ninguna, con la excepción de ciertos dirigentes como Evo Morales en Bolivia, quien está fascinado con Chávez porque le da status. De hecho, yo visité La Paz recientemente y allá se dice que Evo Morales tiene su oficina y despacha desde Caracas, porque en Bolivia corre peligro de muerte. Chávez despierta solidaridad en algunos estratos de la población, en los indígenas; pero no en la izquierda latinoamericana, que tiene cierto nivel intelectual y que, a pesar de haber cometido muchos errores, no se deja impresionar.

 
¿Quién es?
 
El curriculum de Elizabeth Burgos explica la importancia de su análisis sobre el castrismo. Nacida en Caracas, en el seno de una familia de alcurnia, dejó la comodidades para unirse a los movimientos de izquierda en los años sesenta. En esos avatares conoció a su futuro esposo, el filosofo francés Régis Debray, autor del libro Revolución en la revolución (obra obligada de la insurrección en Latinoamérica) y quien llegó a Venezuela para entrevistar a Douglas Bravo.

Sus avatares por Latinoamérica la llevaron a Colombia, Ecuador, Perú (donde fue detenida, por sus supuestas vinculaciones con movimientos de izquierda) y Chile, donde trabajó de cerca con Salvador Allende. Participó en la famosa Conferencia Tricontinental de La Habana (1966) y recibió, junto a Debray, entrenamiento militar en Cuba. A los pocos años encabezó una campaña internacional que logró la liberación de su esposo, quien fue detenido y condenado en Bolivia a 30 años de cárcel después de –según la versión de Jhon Lee Anderson– delatar la ubicación del Che Guevara. Posteriormente dejó la agitada vida de revolucionaria y se radicó en Francia.

En 1982 lanzó a la fama a una joven indígena guatemalteca con un libro nacido de una entrevista: Me llamo Rigoberta Menchú: así despertó mi consciencia (Siglo XXI - 1982); obra que jugaría un papel fundamental en el Premio Nóbel de la Paz que ganó la centroamericana. Años después repitió el ejercicio con Daniel "Benigno" Alarcón Ramírez, compañero de Castro y el Che Guevara en la Sierra Maestra: Memorias de un soldado cubano (Tusquets – 1997). Hace poco su firma apareció junto a la de Isabel Allende y Costantin Costa-Gravas en un proclama exigiendo a las FARC la liberación de Ingrid Betancourt.





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