Retorno dinamizador

Por Venezuela Real - 26 de Julio, 2007, 14:28, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
El Nacional
26 de julio de 2007

La Eucaristía (Misa) es la celebración que la Iglesia realiza como culmen y fuente de su misión evangelizadora en el mundo. Fue instituida por Jesús mismo en la Última Cena y ha de ser, como lo recuerda Pablo en su primera carta a los Corintios (11, 26), conmemoración permanente de los cristianos, hasta que Jesucristo retorne.

En el rito eucarístico hay una oración que se reza inmediatamente después del Padre Nuestro; implora la liberación del mal y concluye con las siguientes palabras: "Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo".

Cada vez que los cristianos nos congregamos en esta asamblea de oración, confesamos, por tanto, que Jesús ha de regresar al fin de los tiempos, de modo glorioso, para inaugurar lo definitivo, la plenitud del Reino de los Cielos, centro de su predicación y sentido de su presencia en la historia.

En la concepción materialista de Marx lo religioso viene a ser alienación humana, la cual desaparecerá por "inanición" cuando, modificadas las condiciones materiales de producción, lo religioso se evaporare, como algo superfluo, fantasioso y nocivo.

No dudamos que en no pocas interpretaciones individuales y grupales de creyentes, y en determinadas etapas históricas, la concepción marxista ha tenido motivos argumentales a su favor.

Pero, en todo caso, a través de toda su historia, la Iglesia ha entendido que el mensaje cristiano tiene ineludibles implicaciones en cuanto a fraternidad y solidaridad, especialmente con los más necesitados.

Lo cierto es que la renovación de la Iglesia, en su teoría y su praxis, ha puesto de relieve, con creciente insistencia, cómo la construcción de una nueva sociedad, en el sentido de la verdad y la justicia, la libertad y la caridad, la hermandad y el amor, forma parte integral del quehacer encomendado por el Señor Jesucristo, hasta que Él regrese.

Más aún, que esa construcción, desde la relación interpersonal hasta las transformaciones macro de la política, la economía y la cultura, estará en el corazón mismo del criterio del Juicio Final, según lo subraya el evangelista Mateo (25, 31-46).

Por eso, a los oídos cristianos suena extraño y contradictorio lo que desde ciertos círculos influenciados por el marxismo se pide a la Iglesia: que ésta se recluya en las sacristías, en un ámbito sofisticado de espiritualidad, en la predicación insustancial del evangelio y deje el mundo, la convivencia humana, los problemas de la justicia y de la paz a "otros". ¿Quiénes y cuáles son los otros? No es tarea propia de la Iglesia católica el formular modelos de organización social, económica, política y cultural. Esto corresponde a quienes tienen la específica tarea de elaborarlos bajo su propia responsabilidad y en la conciencia de trabajar en un campo siempre plural y perfectible.

Lo que sí le toca a la Iglesia, como comunidad de creyentes y en su representación oficial, es formular y enseñar principios, criterios y orientaciones para la acción, que estimulen y sirvan a la elaboración de esos modelos.

Las Iglesia católica ha de animar la edificación de un mundo mejor. Que prepare en alguna forma la humanidad que Jesús quiere encontrar cuando Él regrese, para llevarnos a la plenitud de su Reino, que ya no será ningún "paraíso terrestre", sino don maravilloso de Dios, en el cual encontraremos lo mejor que en este mundo hayamos podido realizar, vivir y convivir.





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