Chávez de Héroe a a Tirano

Por Venezuela Real - 27 de Julio, 2007, 18:24, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Alice O'Keefe
Revista Newstatesman / Noticias 24
27 de julio de 2007

Las polémicas medidas que adopta regularmente el Presidente Chávez convierten a sus amigos en enemigos. Algunos opinan que su estridente retórica corre el riesgo de provocar un guerra civil. Alice O'Keefe elaboró, desde Caracas, un informe para la revista británica NewStatesman, de la cual Noticias24 presenta la versión en castellano.

En un esquina de una juguetería de Caracas, reposa una pila de polvorientos muñecos parlanchines de Hugo Chávez. El Presidente, vestido en traje militar, da un discurso sobre la Revolución Bolivariana al tocar un botón. "Oferta: Mitad de Precio", dice un cartel encima de ellos. La vendedora les echó una mirada despectiva. "Me gustaria compralos todos", me dice de modo conspirativo, "para poder quemarlos".

Una cosa que puede decirse con certeza del presidente de Venezuela es que provoca fuertes emociones. La gente en Caracas ofrece sus posturas políticas incluso antes de ser presentada. En mi primera incursión en las calles de la ciudad, le pregunté a un vendedor de libros donde podría comprar un mapa, y el hombre me tomó del brazo con fervor para responderme: "Lo único que tiene que saber sobre Caracas es que somos revolucionarios". La población entera se ha politizado, y se ha polarizado en bandos ferozmente hostiles, los Chavistas y los peyorativamente llamados Escuálidos. El tono del debate es tan iracundo que a menudo se describe como una "guerra civil fría".

Con un Chávez enloquecido de poder en el timón, se teme que deje de ser fría.

Como muchas ciudades latinoamericanas, Caracas se caracteriza por el fuerte contraste entre sus zonas prósperas, tranquilas y espaciosas, y los barrios pobres e infestados de pandillas que cuelgan de las colinas que la rodean.

Desde el intento de golpe de derechas que brevemente depuso a Chávez en 2002, se ha ido desarrollando un peligroso enfrentamiento entre ambas. Carlos Caridad Montero, un cineasta caraqueño, me llevó a ver uno de los frentes de batalla de la ciudad: la autopista que corre entre Petare, el barrio más grande, y la zona de clase media Terrazas del Avila. De un lado de la vía, los ranchos de ladrillo de Petare están apiñados uno sobre otro como bloques de Lego de brillantes colores. Del otro lado, se levantan torres de apartamentos grises pero ligeramente mejor asentadas.

"En estos edificios, todos están armados en caso de que las pandillas de Petare intenten invadir la zona", me dijo Carlos. "Y del otro lado, las bandas de Petare - que también están fuertemente armadas. En Petare, a los que viven de este lado los llaman gringos, como si fueran americanos en lugar de venezolanos".

William Ury, experto en resolución de conflictos de la U. de Harvard, identifica tres síntomas típicos en un país que está al borde de la guerra civil. El primero es que la población comienza a armarse; el segundo, es que cada lado comienza a deshumanizar y a imputar intenciones maléficas en el otro y el tercero es la politización de los medios. La Venezuela contemporánea tiene esas tres condiciones en abundancia. Ury sugiere que la clave para eliminar la amenaza es fortalecer al "tercer bando": aquellas organizaciones o personas que simpatizan con ambos lados del conflicto y animan a otros a resolver las diferencias sin violencia.

El régimen de Chávez está haciendo cada vez más difícil la permanencia en ese "tercer bando". Carlos tiene buenas credenciales de izquierdista (fue entrenado en Cuba). Siente amplia simpatía por Chávez pero le preocupa el efecto de la polarización política. Sin embargo, trabajando en la Villa del Cine - una organización patrocinada por el gobierno -, se espera que produzca lo que el ministro de cultura llama "cine con una tendencia ideológica". Los films que parezcan críticos al gobierno o que retraten a Venezuela con una óptica desfavorable no serán bienvenidos. "Yo coopero poeque creo que hay un trabajo importante que hacer que no implica criticar a Chávez", dijo. "El problema es que apenas le menciono a alguien para quien trabajo, asumen que mi obra es propaganda. Te obligan a estar en un lado o en el otro".

Otro prominente director de cine, Alejandro Bellame, me dijo que "es cierto que todavía tenemos una nominal libertad de expresión. Pero lo que digas tendrá consecuencias. Si te atreves a ser crítico, cada vez más y más puertas se cerrarán para tí. Este sistema premia más la lealtad que el talento o el trabajo duro".

A pesar de la retórica revolucionaria, muchos profesionales de clase media apoyan la determinación de Chávez para integrar a las comunidades más pobres a la política venezolana. Yanay Arrocha, una publicista que trabaja en la televisora antichavista RCTV, recientemente cerrada, me dijo: "El logro de este gobierno ha sido que la mayoría de las personas ahora discute sobre política. Los pobres entienden que tienen derechos, y los ricos que tienen una responsabilidad, y que hay problemas por resolver". Pero el precio ha sido una erosión dolorosa de los valores comunes, me dijo. "La actitud que se transmite desde arriba es que si piensas diferente a mí, eres mi enemigo".

La ruptura social de Venezuela se hace sentir en muchas formas, una de ellas es el aumento de un 80% desde 2000 del número de venezolanos viviendo en los EEUU - en su mayoría, profesionales educados que son necesitados desesperadamente en cualquier nación en vías de desarrollo. El crimen y la delincuencia también han crecido de manera alarmante. De acuerdo a las Naciones Unidas, Venezuela acaba de destronar a Brazil como el país con el mayor índice de violencia por arma de fuego en el mundo, entre las nacionas que no están en guerra.

En Caracas, el homicidio se ha convertido en la mayor causa de muerte para los hombres entre 15 y 25 años. Mucha de esa violencia está contenida en los barrios más pobres, aunque los secuestros "expréss" y robos de vehículos son una preocupación significativa en toda la ciudad. "Hemos sido sujetos a una retórica política que en cierto modo justifica el uso de la violencia como respuesta a la pobreza", dijo Bellame. "Lo que Chávez no ha comprendido es que no puedes crear solidaridad por decreto".

Caos e inquietud

Hasta hace poco, la oposición a Chávez era caracterizada como "derechista", o en la terminología empleada por el presidente y sus partidarios, "imperialista". Desde mayo, cuando el gobierno cerró RCTV, el canal de TV más popular del país, esto comenzó a cambiar rápidamente. Los cargos en contra de la estación fueron de inclinación contra el gobierno, en particular, su negativa a transmitir las protestas que devolvieron a Chávez al poder tras el golpe de 2002. Sin embargo, RCTV fue predominantemente un canal de entretenimiento, que transmitía algunas de las telenovelas favoritas del país.

En un país joven, sus 53 años de historia le dieron estatus de herencia nacional, un conocido me lo describió como "parte de nuestra conciencia colectiva". Las encuestas muestran que 70% de los venezolanos estuvieron en desacuerdo con la decisión de sacarlo del aire.

RCTV fue reemplazada por TVes, pronunciado como "té vés" o "verte a tí mismo", un canal gubernamental que tiene la aparentemente loable meta de alejarse de la agenta consumista occidental, reflejando la Venezuela "real". Pero cuando lo sintonicé en prime time un sábado por la noche, estaba transmitiendo un programa de una hora acerca de las fuerzas armadas, animando a inscribirse en las Reservas. Un general del ejército explicaba, por encima de un video de insurgentes iraquíes sosteniendo armas, que los venezolanos comunes debían entrenarse en tácticas de "resistencia asimétrica".

"Lo que el país necesita es unidad, unidad completa entre pueblo y fuerzas armadas", dijo el general. El periodista que le entrevistaba sonrió y asintió con la cabeza.

"Chávez es por encima de todo, un militar", explicó Ivo Hernández, un profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolívar, una institución pública en las afueras de Caracas.

"La política para él es una batalla, no hay grises, sólo blanco y negro". "La idea de hacer las cosas por consenso no entra en su cabeza. De ninguna manera beneficia esta situación a los venezolanos de ningún grupo social. Ha causado demasiado caos e inquietud como para que el país se desarrolle". La universidad misma está hirviendo de descontento, con grafitis que dicen "libertad de expresión" en los muros y los automóviles de este ajardinado complejo. Los estudiantes, con camisetas amarillas, van de un lado a otro pegando afiches que anuncian las protestas y concentraciones.

El cierre de RCTV ha sido el catalizador de una nueva ola de oposición, cuya punta de lanza es un movimiento nacional estudiantil. Casi a diario, los estudiantes han marchado a través de las calles de la capital protestando contra los ataques a la libertad de expresión y crucialmente, la autonomía de las universidades (Chávez ha anunciado sus planes de reemplazar las agrupaciones estudiantiles independientes por concejos del "Poder Popular Estudiantil" leales al gobierno). Los manifestantes - que son de universidades tanto públicas como privadas, y por ende de orígenes sociales muy diversos - no utilizan la retórica antichavista utilizada por la oposición de derecha. En su lugar, promueven la idea de "reconciliación nacional", que simbolizan al pintar sus manos de blanco.

Asistí a una concentración estudiantil en un estadio de beisbol en el centro de Caracas. Miles de jóvenes de todo el país estaban apiñados, blandiendo banderas de Venezuela y cantando: "somos estudiantes, no somos golpistas".

Allí se encontraba Sindy López, una joven de 19 años y de rostro fresco, estudiante de la U. Simón Bolívar, junto a su amiga María González. "Cuando cerraron RCTV, me sentí desesperada, furiosa, por la falta de libertad de expresión y diversidad de pensamiento", dijo. "Nos dimos cuenta de que no podíamos permitir que esto continuara. No es como dice el Presidente, que soy de la élite. Mi familia ni siquiera es dueña de una casa. No puedo seguir viendo que ésto le pase a mi país".

Chávez ha respondido a las protestas afirmando que los involucrados en ellas son "representantes de la burguesía internacional", manipulados por la derecha. Llamó a los que viven en los barrios "a defender la revolución de esta agresión fascista", un comentario que fue interpretado por muchos de los que apoyan a RCTV como una incitación a la violencia.

"Hemos procurado que se escuche nuestra voz sin violencia", dijo un marchista. "El problema es que el presidente quiere violencia". Hasta ahora, las marchas han sido pacíficas.

Los estudiantes han sido bautizados como "la generación de 2007″ por los medios venezolanos, y se han convertido en un foco para otros grupos de oposición, incluyendo periodistas. Su agenda se centra en la política de la inclusión; puesto que han crecido bajo el gobierno de Chávez comprenden que no podrán tener éxito sin el apoyo de las comunidades pobres. Están intentando crear un diálogo, animando a los estudiantes que viven en barrios a organizar debates y consultan que retroalimentan al movimiento.

"Cada uno de nosotros debe llevar el debate a su trabajo, a su familia, a su barrio", dijo uno de los líderes estudiantiles, Stalin González. "No queremos imponerle a nadie una idea o una ideología. Todo lo que queremos que cada venezolano tenga voz y voto en la forma en la que construimos este país".

Chávez tendrá que escucharles su mensaje — muy pronto.

(Versión en castellano de Noticias24)





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