La maldad del sur - El gasoducto enfriado

Por Venezuela Real - 28 de Julio, 2007, 16:57, Categoría: Petróleo/Energía

El Editorial
El Nacional
28 de julio de 2007

Hay propuestas políticas o económicas que se ponen de moda, y que recorren impávidas nuestros países sin que, entre los gobernantes, se atrevan a contradecirla para no quedar mal con sus vecinos y futuros acompañantes en próximas cumbres continentales. Es el caso del bendito mega gasoducto que, desde un primer momento, lució como una locura desproporcionada, pero que el Presidente de Venezuela se empeñó en vender como la solución definitiva a todos los males energéticos de esta parte sur de la América. Ayer, por fortuna, nuestro jefe del Estado pareció aterrizar y admitió que su propuesta se "había enfriado".

Pero la verdad es que nació fría y lo que hizo fue congelarse paulatinamente. Vale la pena revisar las cautelosas declaraciones de los directivos y técnicos de Petrobras, expresadas en el momento inicial del lanzamiento de la iniciativa por parte del presidente Chávez, para darse cuenta de que la iniciativa del Gran Gasoducto del Sur no iba para ninguna parte. Y mucho menos si desde sus comienzos estaba concebido como un proyecto más político que energético, con implicaciones que comprometían la soberanía de las naciones participantes en una alianza contra Estados Unidos, que no todos estaban dispuestos a suscribir.

Tanto en la Argentina como en Uruguay el proyecto se validó porque era una idea etérea y que pasarían muchos años antes de que, por casualidad, los tocara directamente como problema de inversión directa. Lo cierto es que nadie estaba dispuesto a poner un céntimo en algo que, pasado el tiempo, podía convertirse en un puñal colocado en la garganta de todos los países del sur. Imagínense por un momento un gasoducto cuya llave de paso está en manos de una persona tan voluble y cambiante de humor como el presidente Chávez.

Si algo faltaba para convencer a las naciones sureñas de que ese ducto en vez de unirlos los iba más bien a desunir fue la puñalada trapera que Bolivia le propinó a Brasil al nacionalizar y cortar momentáneamente las líneas de suministro de gas a Sao Paulo y el resto del sur industrializado brasileño. Pero lo más desagradable para Lula fue advertir que los asesores de Evo Morales eran venezolanos y, como tales, los mismos que el día de mañana iban a aplicarle la misma medicina desde Venezuela.

Al percatarse de ello, nuestro mandatario ha tratado de menguar las dimensiones del fracaso atribuyendo a los demás una responsabilidad que es suya: "Hay un ataque desde Suramérica contra el gasoducto y han logrado enfriar el proyecto. (...) No hubo más reuniones, pasaron las fechas, en fin. (...) No podemos hacer un gasoducto obligado para el Sur", expresó el presidente Chávez. "Si fuera por ganar dinero, estaríamos pensando en mandar gas para el Norte. Pero somos bolivarianos y queremos compartir nuestra riqueza con Suramérica".

Es el viejo truco que cualquier psiquiatra conoce: en primer lugar, proponerse como un héroe y luego, al ser criticado, asumir el papel de víctima de la incomprensión y la maldad de los demás.








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