La guerra de estos días - Sotanas y uniformes

Por Venezuela Real - 29 de Julio, 2007, 21:15, Categoría: Política Nacional

El Editorial
El Nacional
29 de julio de 2007

Si la política tuviera alguna dosis de sindéresis, si no estuviera condenada al uso y abuso de los lugares comunes, si quienes la practican día tras día, (y dan muestras de querer monopolizarla), fueran un poco más considerados con ellos mismos y con nosotros, los pobres prójimos sin dolientes, quizás nos evitaríamos la pena de ver cómo la degradación avanza sin remedio, y cómo nos asaltan las acometidas del mal gusto.

Lo chabacano se apodera de nuestra cotidianidad. Cualquiera lanza un lugar común con solemnidades de gran profeta. Oír, por ejemplo, que "los obispos deben salir por las calles a buscar votos", es una de esas impropiedades oficiales que traen al debate político de cabeza, y contribuye de manera inevitable a la fatiga y frustración de la gente.

Responder a las observaciones que los señores obispos y arzobispos formulan de tiempo, dentro o fuera de la Conferencia Episcopal, sobre la situación del país, sobre el estado de la economía, sobre el desempleo, sobre las incertidumbres y temores de la educación en Venezuela, mandándolos a "buscar votos" o a "quitarse la sotana", no es más que una confesión deplorable de que se carece de argumentos par a negar sus observaciones y señalamientos y, por tanto, se apela al expediente melancólico de las agresiones infantiles.

Es como si obispos venezolanos le pidieran a los jerarcas de la revolución bolivariana que se "pongan el uniforme" para que suenen más auténticos. Ya dijo Perogrullo que "el hábito no hace al monje", pero hay militares que llevan el hábito en el alma. O sea, tienen el alma uniformada.

Con sotana o sin sotana, (ya un poco en desuso, por cierto), los prelados de la Iglesia tienen todos los derechos constitucionales y humanos para opinar, expresarse, observar, criticar, defender sus principios y abogar por sus causas.

La hipersensibilidad de la revolución gubernamental tiene antecedentes. Cuando en 1957 el arzobispo Arias Blanco criticó la situación reinante en tiempos de Pérez Jiménez, el ministro Vallenilla Lanz no le pidió al prelado que se quitara la sotana sino "que se callara la boca". Viene a ser lo mismo.

De esto hace 50 años, sigue corriendo el agua bajo los puentes, y los gobernantes siguen siendo los intocables de todas las épocas.

Ahora son más intocables que nunca, porque a estos bolivarianos se les ha metido en la cabeza que son más infalibles que el Papa.

Que cualquier leve crítica es una calumnia inventada por los enemigos de la Patria.

A la revolución bolivariana no se le puede tocar ni con el pétalo de una rosa. Si los obispos de ahora hablaran el lenguaje crudo de Arias Blanco, ¿imagina usted qué les pasaría? No los conminarían a quitarse la sotana, sino a ponerse el uniforme a rayas de los presos. A decir misa en la cárcel. Tarda en alumbrar para los hijos de Dios que habitamos la patria de Bolívar el sol de la tolerancia.

Si unos se quitan la sotana y otros el uniforme, en la esquina los puede esperar el fotógrafo Spencer Tunick.





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