Invitaciones imperiales

Por Venezuela Real - 5 de Agosto, 2007, 18:25, Categoría: Libertad de Expresión

Gloria Cuenca
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05 de agosto de 2007

Quien escribe fue invitada por un imperio. En la época de la Banda de los Cuatro, China pagó todo para que fuéramos a convencernos de las maravillas revolucionarias. Ocurrió como consecuencia de estar casada con quien fue corresponsal de la agencia de noticias Xinjua por siete años. En dos oportunidades fui como cónyuge de Adolfo Herrera a conocer y a investigar sobre las maravillas de la revolución maoísta.

En la primera oportunidad sufrí grandes decepciones. No era lo que la propaganda decía.

No pude ir con mi hijo menor, en aquellos años de meses de nacido. Los propios chinos lo aconsejaron, y durante 3 meses recorrimos casi todo ese inmenso territorio que es China, desde Pekín hasta Jarbin, pasando por Kuilin y Hang Chow, llegando a Shangai y Cantón en la búsqueda de la utopía. En el segundo viaje, llegamos al Tíbet a Lasha –tenemos el honor de ser los primeros venezolanos que llegaron al Tíbet comunista– en la búsqueda del Shangrilá revolucionario. ¡Qué tristeza! ¡Qué cantidad de mentiras! ¡Qué cuentos tan chinos! Algunos los creímos, otros no.

En el primer viaje, daba pena decirles cómo era de difícil creer esos cuentos. En el segundo, ellos mismos se encargaron de desmontar la propaganda, que tan bien habían orquestado durante el primer viaje, para que nos aproximáramos a la realidad de lo que era la llamada dictadura del proletariado, en donde Mao era un terrible y siniestro dictador. ¡Qué vergüenza he sentido frente a mis amigos, familia, alumnos, colegas que como yo creyeron en la propaganda temible del imperio comunista chino, cuando me hice divulgadora de ese pensamiento.

Es bueno llegar a viejo, lo contrario es la muerte. Lo triste es llegar a vieja pendeja, de eso me salvé cuando la luz se hizo en mi conciencia y descubrí la verdad del socialismo real y el horror de los más de 80 millones de chinos asesinados por el gran timonel. La historia de su amor por los campesinos pobres, puras pamplinas. Él llegaba a las ciudades en donde su ejército arrasaba, guardaba para sí la mejor de las mansiones y las chicas más bellas e ingenuas. Creer en eso a los 18 y a los 28 años se puede entender, pero llegar a los 50 sin entender nada y sin darse cuenta de la verdad de la historia es una idiotez y una terquedad. ¡Depende del criterio personal cuando se acepta o no la propaganda de los imperios! Periodista/Prof. universitaria










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