Una relación anormal y peligrosa

Por Venezuela Real - 10 de Agosto, 2007, 19:48, Categoría: Política Internacional

Joaquín Morales Solá
La Nación - Argentina
10 de agosto de 2007

¿Por qué extraña razón se trasladó a Venezuela una delegación de funcionarios argentinos si era Chávez el que viajaba a Buenos Aires y no Kirchner a Caracas? ¿Qué debía prepararse con tanto misterio? Primeras y elementales preguntas.

Cuando cualquier otro presidente visita la Argentina, hay, en efecto, una comitiva adelantada, pero representa al país del mandatario visitante y no del visitado. Sin embargo, las cosas siempre son anormales en la relación con Chávez. Los diplomáticos profesionales no existen en ese trato.

El virtual canciller con Venezuela ha sido siempre el ministro de Planificación, Julio De Vido, que luchó hasta el cansancio para nombrar precisamente al renunciado Claudio Uberti como embajador en Caracas. Al final se impuso el pedido del propio Chávez, que respaldó la designación de la actual embajadora, Alicia Castro.

¿Por qué Enarsa contrató un avión privado para llevar a Caracas a dos funcionarios de segunda línea, aunque importantes operadores políticos y económicos de la administración? Roza la frivolidad el argumento de que no existen frecuentes vuelos directos entre Buenos Aires y Caracas.

Hay infinidad de combinaciones posibles en vuelos regulares para llegar rápidamente al país de Chávez. Enarsa no ha hecho grandes negocios aún como para que sus ejecutivos se den semejantes lujos. Esos funcionarios pertenecen, además, a un país cuyos ciudadanos deben sufrir suplicios como torturas para tomar vuelos comunes.

El contraste es patético entre la vida de los que están en el poder y los que están lejos de él. ¿Por qué se consideró en el acto que se trataba sólo de una infracción aduanera cuando estaba en juego semejante cantidad de dinero en efectivo? En todo caso, ésa debió ser la conclusión de una investigación judicial y no la resolución final de las autoridades políticas. La Justicia intervino luego de que la prensa difundiera la noticia, que tardó en ser confirmada por el Gobierno, de que había ingresado en el país ese botín.

Todo el trámite fue muy lerdo, como si respondiera a un gobierno que no sabía qué hacer ante una novedad brutal e inesperada.¿Y si el dueño de la valija era un traficante de drogas? En tal caso, habría podido salir del aeropuerto, hospedarse en un hotel y abandonar la Argentina sin ningún problema. La Justicia comenzó a actuar, remolona y tardía, cuando ya el portador de la valija y de su incógnita, Guido Antonini Wilson, estaba fuera de su alcance.

La versión oficial de que todo se demoró para no molestar a Chávez, que se encontraba en Buenos Aires, indica que con el caudillo venezolano las cosas se hacen siempre al revés.

Si el gobierno argentino no sabía nada, como proclamó hasta el cansancio, debió, por el contrario, protestar seriamente ante el presidente venezolano; funcionarios suyos habían introducido, de acuerdo con la hipótesis oficial, a una persona desconocida, dispuesta a cometer un delito, en un avión argentino en misión oficial.

Pero, ¿es posible aceptar fácilmente la versión de que nadie conociera a uno de los pasajeros, justo el que portaba los ladrillos de dólares, en un avión con sólo ocho personas a bordo? "Falso de toda falsedad", dijo coloridamente Chávez cuando se lo interrogó sobre si su gobierno era responsable de ese tráfico de divisas. "No sabíamos quién era" el dueño de la famosa valija, agregó el gobierno argentino mediante un apurado comunicado de Enarsa.

¿Siete personas no sabían quién era la octava, la que precisamente deambulaba con casi 800 mil dólares? Chávez y Kirchner se ufanan de controlar hasta el movimiento de las hojas en sus respectivos países, salvo cuando las cosas se ponen difíciles o cuando son sospechosas. Debe ser plata fácil.

De otra manera, no se explicaría que la haya dejado abandonada cómodamente quien la portaba. Ni peleó en la justicia argentina por la honradez de ese dinero ni reclamó, al menos, los 400 mil dólares que le correspondían una vez descontada la multa. Algunas cosas deben subrayarse.

Una de ellas es la teoría que cultiva muchas conspiraciones. De hecho, el propio Chávez culpó de entrada al "imperialismo" (se supone que a Washington) de las versiones que luego se confirmaron.

Conspiraciones

Pudo haber conspiraciones internas más que externas -cómo no-, pero la primera pregunta no se refiere a quién conspiró para que se supiera que hubo en el aeropuerto un inexplicable trasiego de dólares en una valija con custodia oficial. El primer interrogante es muy sencillo: ¿qué hacía esa valija en ese avión y a quién estaba destinada? La Justicia difícilmente le podrá hacer ahora esas preguntas a Antonini Wilson porque éste terminó beneficiado por la política oficial de no incomodar a Chávez.

Las conspiraciones políticas están siempre a la vuelta de la esquina, pero el problema se torna grave cuando el hecho en sí mismo es más importante que cualquier confabulación. La ex ministra Felisa Miceli también deslizó en su momento que había sido víctima de una conspiración. Es probable. Pero, ¿qué hacía en el baño de su despacho una bolsa con pesos y dólares de inexplicable origen?

Los escándalos explotan en el despacho de De Vido. La respuesta no es una novedad: él no habla con los funcionarios que caen en desgracia, dicen a su lado.

El primer escándalo que lo salpicó cerca fue el de Southern Winds, que comprometía seriamente al secretario de Transporte, Ricardo Jaime, promotor de una infinidad de subsidios a los dueños de la ex empresa aérea. Jaime depende del Ministerio de Planificación.

De Vido hizo trascender entonces que ellos estaban hasta distanciados. Lo mismo sucedió cuando la Justicia les pisó los talones al ex presidente del Enargas Fulvio Madaro y al ex interventor de Nación Fideicomisos Néstor Ulloa, ambos involucrados en el caso Skanska. De Vido pasa con increíble rapidez de ser un "superministro" a ser un simple "soldado" de Kirchner.

Al fin y al cabo, nadie sabe qué es peor: si De Vido conoce o si no conoce las correrías de los funcionarios bajo su dependencia. Sea como fuere, sobresale otra extrañeza: los que van cayendo, uno a uno, son los interventores de los organismos reguladores de los servicios públicos. Madaro era el titular del ente que regula el gas; Uberti lo era del que regula las autopistas.

Muchos antes, mediante fideicomisos y subsidios directos, indirectos o cruzados, el Gobierno se había hecho cargo de gran parte de los recursos de los servicios públicos. El sistema parece hecho para que sucedan cosas de pasmo en un mundo que ya nadie puede evaluar en sus dimensiones exactas.

En medio de todo, la desmañada relación con Chávez. Ya era grave que un país dependiera de otro para pagar sus deudas o para conseguir la indispensable energía que necesita. Más grave aún es que a eso se le sumen las misteriosas mudanzas, entre dos empresas estatales y petroleras, de dinero aparentemente ilegal.








TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Agosto 2007  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31   

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog