Rupert et Ignacio

Por Venezuela Real - 13 de Agosto, 2007, 20:03, Categoría: Libertad de Expresión

Ibsen Martínez
TalCual
13 de agosto de 2007

Escribo esta bagatela del lunes pensando en las decenas de periodistas venezolanos que han sido señalados por Eva Golinger como agentes bajo contrato de una potencia extranjera que les ha encomendado el derrocamiento y, si es posible, el magnicidio del presidente Chávez.

Las acusaciones se desprenden, si he entendido bien, de que documentos desclasificados recientemente por los National Archives son para Golinger la prueba fehaciente de que los periodistas venezolanos incluidos en su lista –todo espíritu inquisidor elabora una lista– son mercenarios del imperio yanqui desde el momento en que, en el pasado, aceptaron invitaciones de diversa calidad que implicaban percibir viáticos, dietas, remuneración, becas, subvenciones, argent de poche y cosas así por parte de organismos gringos, oficiales o privados, en trance de organizar congresos, conferencias, publicaciones, simposios y talleres profesionales.

La bien probada vocación de este gobierno para amordazar la información que, buena o mala, debe circular en una democracia digna de ese nombre, se dejó ver en los epítetos que volaron en la Asamblea Nacional en ocasión de discutir si se interpelaba, se imputaba ante la Fiscalía o se despellejaba vivos a los integrantes de la lista: "traición a la patria" fue la acusación más menuda que se llegó a escuchar.

Mientras el multitudinario tribunal de inquisición escuchaba a Golinger antes de entregarse a la gesticulación y la oratoria llena de mostrencas moralinas con que los diputados intentan remedar un Parlamento independiente del Ejecutivo, el titular del Ministerio de Comunicación e Información, tanto en diversos eventos que contaron con su concurso personal, como en su columna de El Nacional, nos hizo saber sus pareceres sobre la reciente adquisición que el mogulde las comunicaciones, la industria del entretenimiento e Internet, Rupert Murdoch, ha hecho del matutino gringo Wall Street Journal. Cito en lo que sigue la información que al respecto ofreció en su momento la website "Noticias 24" :

"... este periódico –afirmó el ministro–, propiedad de tres familias, tenía una política editorial informativa en línea con la política exterior de EEUU, pero con un mínimo grado de apertura a informaciones con un enfoque central de la ética del ejercicio del periodismo." Se remontó a una edición pasada del impreso, "este periódico, hace cuestiones de una semana, divulgó una noticia sobre un estudio realizado por un centro académico estadounidense especializado en política y economía respecto al comportamiento de la economía venezolana en los ocho años de gobierno del presidente Hugo Chávez y debo reconocer que el periódico reflejó la verdad en su nota informativa, es favorable en sus conclusiones a las políticas económicas venezolanas".

Según el ministro, la compra del Wall Street Journal por parte de Rupert Murdoch, reduce las probabilidades de difundir una noticia positiva de Venezuela "es probable –reiteró– en alto grado que de ahora en adelante sea en prensa escrita una réplica de la cadena Fox en televisión e Internet también propiedad del señor Rupert Murdoch".

Lara resaltó que el hecho de que el multimillonario Murdoch adquiriera el Wall Street Journal, representa la acumulación de los medios de comunicación en manos de un pequeño grupo de magnates. "Es evidente que la concentración de propiedad en pocas manos es un proceso antidemocrático".

Y aunque la nota es más extensa y abunda en otras consideraciones, hasta aquí llega mi cita de su pésima sintaxis. Conviene añadir que en el caso concreto de la publicación neoyorquina, Rupert adquirió a la familia Bancroft, que controlaba el 64% de los derechos de voto del grupo Dow Jones.

Pagó 5.000 millones de dólares por ellos.

La verdad, resulta difícil no estar de acuerdo con las aprensiones que, en todas partes, despiertan las operaciones del novelesco Murdoch. Cuando lo llamo novelesco lo hago porque, sencillamente, Rupert ha inspirado ya media docena de villanos de ficción. Una navegación superficial en Internet permite advertirlo:
desde editoriales de la gran prensa mundial hasta las columnas de chismes coinciden en que los días en que el WSJ era "favorable en sus conclusiones a las políticas económicas venezolanas" podrían estar contados, vista la filosofía que Rupert infunde a los medios que adquiere.

Por no citar el editorial del Washigton Post, citaré un medio más frívolo: Vanity Fair, otrora la revista favorita de Boris Izaguirre, antes de emigrar a España.

Uno de sus columnistas, Michael Wolff, escribe: "El periodismo del Wall Street Journal equivalía a la Ivy League de la profesión". Con eso de la "Ivy League", Wolff alude a la "liga" de universidades A-1 de la costa este de los EEUU, como Harvard o Princeton, y a sus proclamados estándares de excelencia, legitimidad y respetabilidad. Según Wolff, ahora tendremos "The Murdoch Journal" y, con él, "una cierta chatura, se perderán unos cuantos puntos de cociente intelectual, la cadencia de las páginas se hará más rápida, aumentará el sentido de lo dramático, la noticia será quizá menos exacta pero menos tediosa, también y, muy probablemente, mostrará un fino instinto para seguir el dinero". Si no supiera que Wolff  habla del WSJ, juraría que se refiere al grupo Cisneros de comunicaciones, paradigma este último, hasta donde sabemos, de lo que, según Chávez, debe ser un grupo de medios privado. Por lo demás, Lara acierta al decir que "es evidente que la concentración de propiedad en pocas manos es un proceso antidemocrático". Esto es justamente lo que ocurre con el Grupo de Telecomunicaciones Chávez (GTC), mucho más vasto y financieramente musculado que la operación del "incomprendido" señor Cisneros.

En el GTC "la concentración de propiedad en pocas manos –tal como advierte Lara– es un proceso antidemocrático".

Concedido que los tipos como Rupert Murdoch son dañinos para el principio de información "oportuna y veraz" y que el periodismo es una actividad comercial sui generis puesto que sus fines a menudo se injertan en los de un servicio que se entiende como valioso para el público y el funcionamiento ideal de una democracia. Queda hacer la pregunta qué tipo de periodista no "reduce las probabilidades de difundir una noticia positiva de Venezuela".

Sospecho que el arquetipo se llama Ignacio Ramonet quien en el último número de su "publicación-franquicia", Le Monde Diplomatique, firma en agosto un suelto titulado "Hugo Chávez", cuyo comentario merece dejarse para el lunes que viene.





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