¿Trae usted equipaje de mano?

Por Venezuela Real - 19 de Agosto, 2007, 17:20, Categoría: Testimonios

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
19 de agosto de 2007

Este Guido Antonini nos está haciendo una pésima publicidad corporativa. Ahora todo el mundo piensa que los venezolanos somos unos gorditos que hacemos auto-stop en los aeropuertos, que somos ligeros, que tan sólo viajamos acompañados por una maleta llena de billetes verdes.

No me extrañaría que, a partir de estos momentos, comiencen a implementarse nuevos controles en cualquier lugar de tránsito aéreo del planeta.

Ya casi puedo ver a un rudo guardia en Frankfurt mirando mi pasaporte y saboreando de inmediato una suspicacia. Levanta las pupilas y me pregunta, con cierta sorna, si por casualidad viajo con algo de cash para mis gastos personales.

Quizás, más temprano que tarde, algunas aerolíneas también incorporen en sus cuestionarios de seguridad la siguiente pregunta: "¿Ha recibido usted alguna valija o maletín de un ciudadano venezolano en las últimas horas?".

Ya lo hemos dicho antes: una de las grandes tragedias de la revolución bolivariana es, justamente, su falta de épica y de ética. Por más que Chávez se empeñe en mostrarse como víctima de una inminente invasión, por más que desee su propia y heroica Bahía de Cochinos, la realidad fatalmente ofrece otras señales: basta repetir que, en lo que va de año, la adquisición de automóviles importados ha aumentado en 176%. El poeta español Jaime Gil de Biedma construyó una frase maravillosa para retratar a ese tipo de gente: Son de izquierda, pero no ejercen. La estampa de un militante empuñando un fusil Kalashnikov no es tan bolivariana como la imagen del gordito Antonini, en el aeroparque de Buenos Aires, empuñando un maletín lleno de dólares.

Para un liderazgo que se esfuerza en ocupar el puesto de Fidel y que concentra el poder a su alrededor de manera militar, esta experiencia no debe resultar nada gratificante. Asumir que la revolución le debe más al azar del subsuelo que a las hazañas y a las luchas de su historia, supone dinamitar todo el discurso epopéyico con el que el chavismo pretende ordenar y legitimar la realidad.

También en esto el numerito con maletín en Buenos Aires puede ofrecernos algunas pistas. Porque lo más insólito del caso probablemente no tiene que ver tanto con Guido Antonini, sino con la forma en que ha reaccionado el Gobierno venezolano ante lo ocurrido.

En un lapso bastante breve, se pasó de una naturalidad casi grosera, que parecía entender que viajar con 800.000 dólares podía ser tan sólo un descuido de aseo personal, a una contraofensiva trepidante donde el gordo Antonini, de repente y sin maquillaje, pasó a ser un detalle, un arma enemiga, otro oscuro movimiento de los enemigos planetarios de la revolución. El canciller Maduro; el ministro Lara; la presidenta de la Asamblea, Cilia Flores; el ministro Rafael Ramírez... todos los oficialistas, cada quien en su tono y con sus señas particulares, fueron saliendo en bloque a denunciar conspiraciones mediáticas, maniobras periodísticas, estrategias golpistas orquestadas a nivel continental, guerras soterradas cuyo objetivo final, de seguro, es acabar con el plan glorioso del presidente Chávez. Se trata de una resistencia impresionante a aceptar cualquier realidad adversa. Hasta que no sea irremediable, el gordo Antonini no existe. Así de simple.

Lo que estás viendo es mentira. Lo que estás oyendo es falso. Todo es un espejismo enemigo.

Por eso, cuando uno los escucha, siente que, al parecer, sólo hay dos opciones: o ellos piensan que los demás somos imbéciles o efectivamente ellos sí son unos cretinos atómicos. No se puede intentar disfrazar la realidad de manera tan torpe, tan burda. Nadie con medio meñique de frente puede creer, seriamente, que el maletín de Antonini es una "olla" periodística. O nos gobierna la estupidez o debemos suponer que estamos ante una gran gimnasia colectiva del cinismo, ante la más perversa impunidad: la que ya se ha acostumbrado a eludir la realidad, sin pudor; la que ya sabe que puede mentir sin ninguna consecuencia.

Si para algo ha servido la maleta de Antonini es para mostrar cómo se vive, comparativamente, en Venezuela y en otro país, la Argentina en este caso, la experiencia de la información, de la investigación pública, de la participación de las instituciones en los hechos de la vida nacional. Mientras allá la sociedad en pleno asume que se encuentra ante una problema, ante una crisis, y decide activar todos sus posibles mecanismos para resolverla, aquí ocurre todo lo contrario.

Aquí, el gordo Antonini sólo es una ficción del imperio.

Hasta nuevo aviso, aquí no hay conflictos, todos somos felices. Bienvenido al paraíso, ¿trae usted equipaje de mano?





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