Digno pragmatismo

Por Venezuela Real - 23 de Agosto, 2007, 14:11, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

RAMÓN PIÑANGO
El Nacional
23 de agosto de 2007

De nuevo, en relación con el próximo referendo constitucional, se plantea si vale la pena participar en una consulta que supone contar votos.

Ciertamente la participación constituye un elemento clave en una democracia. Pero, esa participación debe incluir la posibilidad de decir algo en la formulación de las decisiones, por lo que no puede restringirse a un simple "sí" o "no", en relación con asuntos planteados por un líder o por el equipo de especialistas que lo asesoraron.

De ninguna manera puede justificarse el desprecio de la opinión de los ciudadanos de oposición con argumentos tales como "la revolución no puede abrirse a tantas consultas" o "los que quieren opinar son las oligarquías y no el pueblo".

Es indigno que se nos quiera hacer participar en una farsa, cuyo propósito es bien conocido. Pero si hacernos participar en la farsa de un referendo desdice inmensamente de quienes lo preparan, ¿qué puede decirse de quienes argumentan que debe participarse en el referendo para que la opinión del país quede registrada? Quienes así opinan están incurriendo en la indignidad de aceptar un trato indigno, lo cual no contribuye a construir una democracia. Pero, más allá de esta consideración –que algunos tildarán poco realista o moralismo– puede afirmarse que participar en el anunciado referendo constituiría una flagrante demostración de que el régimen se sostiene gracias a la coreografía montada por el Gobierno y seguida diligentemente por la oposición. Así, en la práctica, ambos sectores se complementan perfectamente para mantener el statu quo.

El régimen ha sido hábil para hacer que la oposición baile al ritmo que le conviene.

Poner eso en duda sería una demostración de ceguera, tal vez explicable por el orgullo que impide reconocer que se ha sido un tonto útil. Pero, en esta oportunidad está quedando claro que al oficialismo se le está agotando el repertorio de trucos. Cada vez es más burda la utilización del CNE y otros poderes públicos; es demasiado evidente la urgencia de hacer el referendo porque la regaladera de plata está más amellada como arma de convencimiento político, las misiones ya no dan para mucho, la promesa del socialismo del siglo XXI luce más vacía, los escándalos se tornan más incontrolables y la decepción aumenta en los mismos simpatizantes de la revolución. ¿No le dirá nada a los participantes de la oposición que el Gobierno ofrezca jornada laboral de seis horas para lograr el apoyo popular al referendo? ¿Por qué recurrir a tan obvio chantaje? De nuevo emerge el argumento de que hay que votar para demostrar fuerza y no repetir la experiencia de la abstención en las elecciones parlamentarias, como si mucho hubiésemos ganado con ocho o nueve parlamentarios de oposición, como si nada significase que, aun cuando condena el autoritarismo del régimen, la prensa extranjera titubea porque supuestamente el Gobierno ganó limpiamente el sufragio, sin pasearse por el grosero ventajismo ni el turbio registro electoral.

La dignidad ciudadana en que se fundamenta una democracia exige que no se acepte nada que sea impuesto, por muy buena que sea la propuesta. Un ciudadano libre no acepta ir halado por la nariz, aunque le prometan llevarlo al propio paraíso. En la democracia, como en tantas otras cosas, los medios que se utilicen importan y deben ser dignos. Por ello, es mala noticia que unas cuantas almas estén dispuestas a sacrificar la dignidad democrática por un supuesto pragmatismo político. Pero la buena noticia es que la inmensa mayoría de la oposición se abstendrá en el referendo precisamente por un digno pragmatismo.







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