¿Votar NO, o no votar?

Por Venezuela Real - 25 de Agosto, 2007, 15:13, Categoría: Electorales

Eduardo CASANOVA
Literanova
25 de agosto de 2007

Ya es un hecho que lo único que quiere Chávez es perpetuarse en el poder. Aunque aún su régimen se permite el lujo de parecer democrático a quienes no lo ven de cerca, apela a una especie de dictadura del proletariado, con no menos de un siglo de atraso, para lograr su meta teñida de soberbia y egoísmo. Le importa un bledo el destino de los venezolanos. No tiene la más mínima intención de variar, de hacer algo por el pueblo. El poder por el poder es su verdadero objetivo. Y Chávez en el poder significa corrupción, atraso, abusos continuados, dictadura, pronto descarada, y un pésimo uso de los recursos petroleros que deberían utilizarse para el desarrollo del país y no para corromper pueblos y engañar incautos.

Desde luego que se debe hacer todo lo posible para evitar que Chávez y los suyos impongan su abuso dictatorial. En ese sentido está claro que la única respuesta de quienes creemos en la democracia y nos oponemos a la dictadura es un NO contundente. Pero no se trata de algo automático y porque sí, sino de algo que debe estudiarse y reflexionarse con calma, luego de responderse en particular una interrogante: ¿El sistema organizado por el régimen militaroide, mediante el cual, nos guste o no, ha propiciado más de un fraude, va a respetar nuestro voto negativo? Todo indica que cuando el famoso “Referéndum” hubo un fraude descarado. Y que en la “reelección” del teniente coronel hubo también fraude para aumentar una ventaja que, posiblemente sí tenía, pero que no era ni la décima parte de lo que apareció oficialmente. Y nadie puede negar que con el mayor cinismo y la mayor desfachatez todo lo fraudulento del sistema electoral chavista quedó comprobado al nombrar a uno de sus organizadores, el tal Carrasquero, Juez del Tribunal Supremo, y al otro, el tal Jorge Rodríguez, Vicepresidente de la República.

En eso Chávez ha actuado con la mayor impudicia y sin siquiera cubrir las apariencias. Y todo el mundo sabe que la actual es tan sumisa al teniente coronel como lo fueron los otros dos. De manera que el problema hay que planteárselo en términos muy precisos: si la mayoría del NO es tan fuerte que no va a poder ocultarse y puede imponerse, podría pensarse en hacer el sacrificio, en obligar a los gobierneros a que violen todas las normas y pongan a la vista del mundo su condición de tramposos y antidemocráticos como lo hizo Pérez Jiménez en 1952 y 1958.

De hecho, Chávez y los suyos han violado sistemáticamente la Constitución desde el mismo día en que fue aprobada, y votar, el simple hecho de votar, puede ser afianzar ese inmenso estupro. De modo que NO votar podría ser una forma –quizás la única forma- de manifestar la voluntad democrática del pueblo. Puede alegarse que hay que contarse, que sólo la cantidad de votos por el NO constituye prueba de la voluntad popular. Pero si se va a seguir el jueguito un tanto idiota de Insulza y el nada idiota de los gobernantes latinoamericanos que esperan ganar dinero, mucho dinero, con Chávez en el poder, podría ser preferible demostrar que somos mayoría NO votando. Es arriesgado y linda el suicidio, pero puede pensarse que a la vista de centros de votación desiertos ¿cómo van a proclamar los oficialistas que obtuvieron muchos votos? Y, sin embargo, son muchas, demasiadas, las dudas que me asaltan. Votar NO, o no votar.

Todo parece conducir a una terrible suerte de violencia indispensable e indeseable, porque hagamos lo que hagamos, volvemos al círculo vicioso: si es clara y contundente la mayoría de votos por el NO, pero el poder electoral confiscado hace el fraude e impone el SÍ, o, si habiendo visto que no hubo votantes y se falsearon las cifras, la comunidad internacional reacciona con tan poca voluntad democrática como lo hicieron en su momento Carter, Gaviria e Insulza, Chávez habrá vuelto a ganar y de nuevo se premiará a quien delinque y se castigará a las víctimas. La democracia habrá muerto de inanición, de caquexia, de tristeza. Y, entonces sí que las perspectivas son tenebrosas, porque la democracia muerta sólo podrá resucitar mediante la más radical y atroz de las formas de resucitar que se conocen: la sangre colectiva. Y eso es terrible.





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