El proyecto presidencial de reforma es cubano y dictatorial

Por Venezuela Real - 26 de Agosto, 2007, 14:51, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

ASDRÚBAL AGUIAR
EL UNIVERSAL
26 de agosto de 2007

Los cambios consolidarán la omnipotencia del Estado La reforma constitucional es hija de la frustración y de la rabia contenida, en el decir textual de su redactor

El pasado miércoles 15 de agosto, no más, el soldado -así se identificó para la ocasión- Hugo Chávez Frías, suerte de cadáver de una historia que se niega a la sepultura, vino por los fueros del socialismo marxista y anunció que los instalaría aquí, a contrapelo del sentimiento de los venezolanos.

En otro de sus discursos luengos, aliñado de ocurrencias y de desvaríos, explicó ante la Asamblea Nacional su proyecto de "reforma constitucional bolivariana" y confesó haberlo consultado con los dictadores de Cuba y Belarús, y también con el nicaragüense Daniel Ortega.

Les habría pedido ilustrarlo acerca del camino exacto para reincidir en el modelo marxista, despejado de los errores y falencias que provocaran su derrumbe global a finales del siglo XX.

Ortega, ¡qué duda cabe!, le solicitó cuenta de su revés como conductor de la Revolución Sandinista y de la pérdida del poder -a pesar de la muleta de Jimmy Carter- ante la señora Violeta Chamorro.

De modo que, como consta en el texto de la reforma en cuestión, Chávez abordará la construcción de un nuevo Estado y sociedad socialistas en Venezuela: qué de novedoso tendrá su matización histórica y quizás el estilo -léase, el llamado intento de "humanización" de la dictadura del proletariado- pero que de viejo acopiará lo inevitable: la consolidación de la omnipotencia del Estado, el dominio total sobre la sociedad por el autócrata y la servidumbre de cada hombre -varón o mujer- al pensamiento único socialista y a quien lo administra dictatorialmente.

I. Hija de la rabia
En cuanto a lo doméstico, como parece, la reforma cristalizará el sueño frustrado de aquella izquierda criolla que se engolosinara con la Revolución Rusa de 1917, y que se hizo de un primer y escueto espacio durante el derrocado gobierno de Isaías Medina Angarita (1941-1945). Y quienes por vía de la revancha, luego, contando con el apoyo de la Cuba comunista, tomaron el camino de la guerrilla urbana y rural y de la insurgencia armada militar durante el gobierno de Rómulo Betancourt, en los años 60.
No por azar, en su discurso ante la Asamblea, Chávez abrió los fuegos rindiéndole homenaje al capitán de navío Víctor Hugo Morales, allí presente, otrora actor del cruento Porteñazo y esta vez diputado revolucionario, presidente en funciones del Parlamento Andino. La reforma constitucional, por lo mismo, es hija de la frustración y de la rabia contenida, en el decir textual de su redactor.

No es ella un saludo a la bandera. Son 33 los artículos objeto de reescritura por este inquilino sin término del palacio de Miraflores: que numéricamente representan el 10% de la Carta, pero que, en sus alcances y como lo reconociera éste a la sazón, incidirán sobre la plenitud de la ingeniería constitucional aprobada en 1999.

Aun así, la vía escogida es la reforma, violentándose la Constitución vigente, que manda la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente cada vez que se pretenda afectar el esqueleto y los principios superiores del Texto Fundamental. Y es que la ética marxista se apoya sobre una regla invariable: ¡El fin justifica los medios! Fue lo mismo que ocurrió en 1999 cuando Hugo Chávez convocó a una Constituyente desafiando las reglas de la Constitución de 1961, sin que nadie se lo impidiera.

Abundó hasta la saciedad sobre las razones de su reforma y se detuvo en explicaciones minuciosas acerca del significado de algunos de los artículos reformados; aun cuando dio por vistos otros, que consideró de poca importancia o a los que no quiso otorgarles, por comprometedores, la significación que merecían. El caso de la norma reformadora del artículo 230 constitucional sobre la reelección continua y el aumento del período presidencial desde 6 hasta 7 años - que fuera de 5 años cuando resultara electo por vez primera, en 1998- fue emblemático. Le bastó a Chávez ajustar que el asunto será objeto de decisión por el pueblo. Y punto.

El modelo inédito -para nuestra tradición constitucional y republicana- que subyace en la reforma proyectada, lo repetimos ahora con mayor convicción, es una variante musical de la Constitución de Cuba de 1978, enmendada en 1992. Y esto es así aun cuando su autor insista en la idea de que se trata de un proyecto de socialismo a la venezolana, propio, endógeno, inspirado incluso en el ideario del Padre Libertador, Simón Bolívar.

La Constitución cubana, tengámoslo presente, no fue ajena a tal disparate. Anudó también, desde su preámbulo, el pensamiento de Marx, Engels y Lenin con "el ideario de José Martí".

Las premisas de la reforma chavista, en todo caso, no son el fruto de la improvisación. Intentó verterlas su hacedor en la Constitución de 1999: como consta en el proyecto original. Las esbozó luego con trazos más precisos y reveladores luego del referendo revocatorio, en 2004, a propósito de su discurso sobre La Nueva Etapa: El Nuevo Mapa Estratégico de la Revolución Bolivariana. Y recién volvió sobre ellas al anunciar "Los cinco motores de la revolución socialista", en 2007.

"Abrir paredes que hasta ahora no habíamos podido abrir" es el desiderátum, declaró Chávez ante la Asamblea. No caben las sorpresas. "Ya llevamos tres mapas estratégicos (desde 1994, cuando estaba en Yare, en la prisión), son una evolución del mismo mapa", observó antes en La Nueva Etapa.

La reforma, en concreto, transita sobre cuatro ejes básicos para afirmar la vía "venezolana" hacia un socialismo marxista de estirpe cubana: (1) Trastoca y acota los derechos humanos, en particular los políticos y económicos, y sobre la expresión e información libres; (2) ata el régimen económico y su funcionamiento a la voluntad absoluta del Estado y al proyecto de economía socialista; (3) modifica la estructura vertical del poder, para vaciarlo de equilibrios y mediatizaciones institucionales; (4) define el sistema de seguridad popular para el sostenimiento del modelo de Estado y de sociedad socialistas planteado: el pueblo en armas, como a título de orientación lo dispuso el artículo 3 in fine de la Constitución de Cuba y que repite Chávez con obsesión y miedo.

Veamos, en grueso, los elementos de tal reforma.

II. Propiedad como la de Cuba
En cuanto a los derechos, la idea de la participación política popular tiene un propósito unidireccional y no pluralista: "la construcción del socialismo", según reza el artículo 70 reformado. Y será la ley nacional, que al paso dictará Chávez en su condición actual de "legislador habilitado", la encargada de definir el contenido de las distintas formas de participación para el novel ejercicio de "soberanía directa" propuesto.
Habrá, en suma, participación popular, conforme al dictado venido desde el poder presidencial y dirigido hacia la base de la pirámide, y no a la inversa. En todo caso, para corregir las desviaciones ideológicas eventuales, la reforma del artículo 156 (incisos 29 y 30) precisa que será de la competencia nacional del Estado controlar el espectro electromagnético, la telefonía por cable, inalámbrica y satelital, así como la televisión por suscripción.

El carácter unidireccional de la participación política -"la construcción del socialismo"- dejará sin efecto, por vía de consecuencias, la prédica sucesiva del artículo 100 reformado, que apunta al carácter intercultural de la venezolanidad: hecha de raíces europeas, indígenas y africanas. Trátase, pues, de un saludo a la bandera, cuya única razón es sugerir oblicuamente que el experimento socialista es extensible a la "Gran Nación Suramericana".

El principio de la libre iniciativa económica, por su parte, cede con la reforma propuesta del artículo 112. Se le morigera ab initio señalando, de manera engañosa, que su objetivo es el "desarrollo de un modelo económico productivo, intermedio, diversificado e independiente", donde cabría la mixtura entre el Estado, el sector privado y el llamado poder comunal; pero a renglón seguido se anuncia lo sustancial y veraz: la construcción, por vía cooperativa y colectiva, de una "economía socialista", que de intermedia nada tendrá.

En pocas palabras, la libertad de iniciativa privada llevará por límite y en lo sucesivo al socialismo y a la radical "preponderancia de los intereses comunes (o colectivos) sobre los indi- viduales", como se lee en el indicado artículo objeto de la reforma.

Por consiguiente, en el texto del artículo 115 siguiente y reformado se reconoce la existencia de distintas formas de propiedad sujetas a la voluntad y control estatales (a saber, la propiedad pública, la social con sus variantes de propiedad comunal y propiedad ciudadana, la colectiva y la mixta), y se acepta la propiedad privada -que deja de ser "derecho" de propiedad, como lo previó el artículo 115 original- disponiéndose que ha lugar sobre "los bienes de uso y consumo", y "medios de producción legítimamente adquiridos" a juicio del Estado, se entiende.

Sin embargo, unas y otra formas de propiedad se justifican dentro del molde estricto y exclusivo que claramente identifica la reforma del artículo 114 propuesta: La iniciativa económica privada y el uso de la propiedad privada no podrán separarse de "los métodos y sistemas de producción social y colectiva" inherentes a la economía socialista ni incidir, afectándolas, sobre "la propiedad social y colectiva", a tenor del artículo 113 reformado; en cuyo defecto los bienes del caso serán expropiados y ocupados de inmediato por el Estado, sin esperar el dictamen judicial, como lo señala el citado artículo 115 de la reforma.

Dicho lo anterior en términos rupestres, todo venezolano tendrá libre iniciativa y asimismo propiedad sobre sus bienes; pero será el Estado socialista quien le indique cómo usar de esa libertad y como disponer de sus bienes, si aspira a conservarlos o librarlos de cargas y gravámenes públicos onerosos.

Así las cosas, como bien corresponde a la economía que se precie de socialista y de marxista, el Estado, al prohibir los monopolios privados -mediante el artículo 113 reformado- se reserva para sí y para su propiedad pública, social o mixta, bajo "control del Estado", la explotación de los recursos naturales y los bienes que considere estratégicos a su arbitrio.

Según lo indican los artículos reformados 112, 113, 115, 156 en sus incisos 34 y 35, y 321, corresponderá al Estado no sólo planificar -promover o fomentar- la construcción de dicha economía socialista, señalando las formas de producción y ejecución económicas pertinentes, sino disponer directamente del desarrollo y del control e intervención necesarios al aseguramiento de los propósitos de "producción y/o distribución social" socialistas, como "defender la estabilidad económica" y evitar su vulnerabilidad.

Nada distinto de lo anterior consta en los artículos 14 a 27 de la Constitución de Cuba, que le entrega al Estado la planificación central de la economía socialista, la propiedad sobre los medios de producción "fundamentales" y que admite la llamada "propiedad personal".

Nada diferente de tales postulados es cuanto da sustento doctrinal e histórico al socialismo marxista. Así de claro.








TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Agosto 2007  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31   

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog