Que nunca amanezca

Por Venezuela Real - 26 de Agosto, 2007, 10:43, Categoría: Oposición/Resistencia

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
26 de agosto de 2007

Puedo imaginar a Luis Miquilena golpeando suavemente el apoyabrazos de la butaca donde se encontraba cuando escuchó al Presidente de la República insultarlo llamándolo infiltrado (en la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1999). Había llegado el momento de dirigirse a la opinión pública. Pero no por haber sido aludido con afrentas. No cabe esperar demasiada susceptibilidad en un hombre que, ya cercano a los 90 años y con 11 de ellos en el presidio político, se ha paseado por todas las galerías de la infamia. Luis Miquilena salió de su retiro en plena conciencia de que no es ni será candidato a nada. Tampoco es la voz que moverá a las masas, ni el dueño del gesto que cambiará las conciencias. Lo que sí tiene es suficiente trayectoria de venezolanidad como para saber la gravedad del peligro que se cierne sobre el país con esta tragedia que se conoce con el eufemismo de "reforma constitucional" y que no es sino la pretensión de legalizar el retroceso a las formas más brutales de la dictadura y la precariedad económica.

He dicho que imagino a Miquilena en el trance sugerido porque no he hablado con él para indagar con respecto a sus circunstancias. Los policías cubanos que espían sus comunicaciones telefónicas pueden dar fe de que no lo he contactado por esa vía ni solicitado una cita para que confirme estas suposiciones. No es necesario.

Miquilena conoce muy bien a Venezuela y conoce muy bien a Chávez. De hecho, Miquilena le debe ésa al país: le debe a Chávez. Que no es poca deuda. Y, como es de imaginar que no quiere verla duplicada, se ha echado a la arena pública para deslindarse lo más claramente posible del Chávez dictador (ya que el Chávez presidente es acreencia de la que no podrá zafarse con facilidad).

Chávez quiere apropiarse de toda la nación, de su territorio, de sus instituciones, de su historia y también de sus conciencias. No le basta ser un monarca absolutista, quiere serlo con el lustre de la ley y con la anuencia de la misma sociedad que lo eligió presidente luego que irrumpiera contra el orden institucional en febrero de 1992 y que ha venido tolerándole escandalosas violaciones a la Constitución, que finalmente le ha salido sobrando.

El día que presentó "sus" reformas a la Asamblea Nacional estuvo más de cinco horas perorando. No sorprendió a nadie. Sus anuncios correspondieron exactamente con lo que se sabía. Ha podido, pues, ahorrar esas cinco horas a los pobres asistentes a aquella farsa, convenientemente alineaditos y humillados por enésima vez, y limitarse a citar un verso del bolero "Reloj", el que dice: "Haz esta noche perpetua".

Porque no otra era la orden que Chávez fue a impartir. Venezuela está sumida en la noche de Chávez. Una noche puntuada de parrandas a las que muchos se han anotado.

Los familiares del Presidente, por ejemplo, enriquecidos súbita y ostensiblemente sin que un solo revolucionario se pregunte cómo ha sido posible ese prodigio. Buena parte de la sociedad venezolana ha aceptado la proliferación de fortunas forjadas en desmedro de la nación; ¿no ha justificado el oficialismo en pleno la errancia de un maletín repleto de dólares que se saben robados al erario público? No hay límites para lo que se puede aceptar.

Y si los había, se van venciendo. Porque de lo que se trata es de reformar la moral del país y que éste, en bloque, se avenga a que Chávez gobierne mientras viva y que lo haga según su voluntad, desbocada, arbitraria y terriblemente perjudicial para Venezuela. Se trata de que esta noche que habitamos se perpetúe todo lo que pueda vivir un hombre.

A esta hora no me cabe duda de que hay una buena parte de la sociedad venezolana capaz de entregar el país atado de pies y manos a un gobernante cuyo único talento es el de suspender el pudor durante las horas de cháchara. ¿Acaso no hay una Asamblea fajada en el simulacro de legislar a partir de las reformas? Como no se avizora el despertar de esa otra parte de la sociedad que está horrorizada con lo que vendrá si no se detiene esta locura, es el momento de las individualidades. Por eso Luis Miquilena convocó una rueda de prensa. Y cabe esperar que otros interrumpan sus silencios. Si la mayoría dice sí a la aberración, que al menos haya quien dé la cara por el no.

Quien firma, por cierto, está en ello: no. Y punto.





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