El socialismo del siglo XXI ES UNA FARSA

Por Venezuela Real - 27 de Agosto, 2007, 19:08, Categoría: Corrupción

Alejandro Botía
TalCual
27 de agosto de 2007

Tanto nadar en el mar de la felicidad socialista para morir en la orilla del capitalismo. Al presentar su proyecto de reforma constitucional Chávez respondió al fin la pregunta sobre qué es el socialismo del siglo XXI: un proyecto ambiguo en lo económico. Más de lo mismo

Cuando finalmente se esperaba que iba a precisar la naturaleza y alcance del socialismo del siglo XXI, el presidente Hugo Chávez, al presentar su propuesta de reforma constitucional en la Asamblea Nacional, dejó intacto el debate tras señalar que "este proyecto en lo económico es ambiguo".

Virtualmente desapercibida, la frase del primer mandatario reavivó la preocupación expresada el 18 de julio por el general Isaías Baduel, cuando entregó el Ministerio de la Defensa y resaltó la "necesidad urgente de formalizar un modelo teórico (...) de socialismo" que "hasta los momentos ni existe, ni ha sido formulado", por lo cual, el término "lamentablemente no tiene un significado uniforme y homogéneo... y de allí quizás la incertidumbre e inquietud que genera".

Cabalgando sobre la crítica a la plusvalía, el enriquecimiento excesivo y la explotación de la clase obrera, Chávez anunció en 2005 que el socialismo en Venezuela se construiría "en concordancia con las ideas originales de Marx y Engels", recordó Baduel.

Sin embargo, el proyecto de reforma presentado el 15 de agosto, mantiene la propiedad privada sobre los medios de producción, no menciona los consejos obreros, omite cualquier regulación a las ganancias de las empresas y no impone límites a la acumulación de capital.

"En mi concepto no se ha definido con precisión el contenido y alcance del llamado socialismo del siglo XXI", sostiene el ex director del BCV, Domingo Maza Zavala, quien plantea que el proyecto de reforma no afecta de ninguna manera las bases estructurales de la economía y la sociedad.

UNA PROLONGADA INDEFINICIÓN

El problema de conceptualizar el socialismo de cara al siglo XXI, obedece en parte a la misma indefinición y múltiples interpretaciones que han acompañado al término durante más de 200 años.


Acuñada a mediados de 1800, la palabra aludió en principio a los idealistas que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, comenzaron a denunciar la miseria moral y material de su tiempo que producía la revolución industrial. Pensadores como Henri de Saint Simon, Robert Owen y Charles Fourier, propusieron reformar la sociedad y sustituir el sistema capitalista por otro más justo, basado en la ayuda mutua y la cooperación.

En su afán de encontrarle explicación a las desigualdades, Saint Simon dividió a la sociedad entre trabajadores y comerciantes y Fourier identificó al comercio como el cáncer de la economía. Posteriormente Pierre Proudhom propuso implantar un sistema no opresivo que fijara el valor de los bienes con base en la cantidad de trabajo invertido en ellos y Etienne Cabet esbozó la primera utopía comunista, que abogó por eliminar la propiedad privada y el dinero.

Todas estas formulaciones, pese al altruismo que las guiaba, adolecían de un mismo mal:
la falta de explicación acerca de cómo alcanzar ese mundo ideal.

Fue entonces cuando apareció en escena Carlos Marx (quien acuñó para sus predecesores el término de utópicos) planteando cual era la ruta "científica" para llegar al socialismo.

Marx sustentó toda su teoría en tres nociones principales: la Teoría del Valor, según la cual toda mercancía deriva su valía exclusivamente del trabajo que contiene. La famosa Teoría de la Plusvalía, que plantea cómo la ganancia que el capitalista obtiene es riqueza que le expropia al obrero, y la Teoría de la Explotación, que ata las dos primeras para explicar que el patrón, al reservarse para sí lo que produce el obrero, explota al trabajador.

Adicionalmente Marx esbozó una concepción materialista de la historia según la cual los cambios tecnológicos y del modo de producción son los factores principales de cambio social, jurídico y político.

En su formulación más simple, la teoría marxista planteó que la lucha de clases y la explotación del hombre por el hombre constituían los ejes centrales en la historia de la humanidad.

Asimismo sugirió que cada ciclo histórico, al agudizar sus contradicciones internas, conllevaba dentro de sí el germen de su propia destrucción.

Para Marx el capitalismo estaba condenado a su extinción, a la toma revolucionaria del poder por parte del proletariado y a la instauración del socialismo. En esta nueva sociedad los medios de producción estarían en manos de la clase obrera, los bienes se fabricarían para satisfacer las necesidades y el mercado, en consecuencia, desaparecería.

LOS ERRORES DE MARX

Antes de finalizar el siglo XIX, la propia historia se encargó de refutar las teorías marxistas y reformadores socialistas como Eduard Bernstein, cuestionaron sus predicciones.

Al fin y al cabo, la lucha de clases no condujo en Europa y Estados Unidos a una división más profunda de la sociedad. El capitalismo no se extinguió y el proletariado no asaltó el poder.

El incumplimiento de la profecía marxista obedeció a las fallas en su formulación: aunque Adam Smith y David Ricardo ya habían identificado al trabajo como una de las fuentes del valor, el determinismo adoptado por Marx al otorgarle un carácter exclusivo, obvió factores como la valoración de los consumidores y el principio de la escasez.

Al no ser el trabajo el único factor que define el valor –sostiene el economista Emeterio Gómez– resultaron también falsas la teoría de la plusvalía y la teoría de la explotación.

Por lo que respecta a la historia, el sostenimiento del capitalismo demostró que el determinismo marxista era errado.

No en vano, al detener la evolución de la humanidad en el socialismo, el materialismo desconoció su propios postulados del ciclo "tesis, antítesis y síntesis" y esbozó con 150 años de anticipación a Francis Fukuyama, una visión desde la izquierda del Fin de la Historia.

Lejos de ser "científico" el marxismo, en definitiva, delineó con sus teorías el más utópico de los socialismos al vender la ilusión de que existía una fórmula inequívoca para superar el capitalismo. No obstante, el triunfo de la revolución bolchevique en 1917 contribuyó a convalidar durante 70 años más el modelo marxista y dividir en dos bloques antagónicos el concepto de socialismo.

Por socialismo real, se asumió el esquema soviético de economía centralizada, propiedad estatal de los medios de producción, eliminación del mercado y sistema de partido único (dictadura del proletariado).

En contraposición, surgió en Europa occidental la socialdemocracia que alimentó el pluralismo político, la economía de mercado, el Estado de bienestar y la propiedad privada.

RETORNO AL SOCIALISMO UTÓPICO

Con sus teorías, Marx pretendió apuntar las claves de un nuevo sistema económico, pero en la práctica sus postulados resultaron errados.

Hoy incluso sus más recios defensores reconocen que el socialismo no es un modelo de producción sino un sistema de reorganización de la sociedad.

La lógica económica en cualquier parte del mundo es en esencia capitalista y se basa en tres principios básicos: la satisfacción eficiente de necesidades ilimitadas en un contexto de recursos limitados, la generación de riqueza (rentabilidad) y la acumulación de capital.

Pese a esto, al formular la noción del socialismo del siglo XXI a mediados de la década pasada, el germano-mexicano Hans Dieterich retomó la teoría del valor (en oposición al mercado) y propuso aplicar un enrevesado sistema de matrices matemáticas para calcular el porcentaje de la cadena de trabajo contenida en la producción de un bien, algo que Federico Engels trató 100 años atrás sin ningún éxito.

Hasta los propios comunistas consideraron inaplicable la idea y hoy Dieterich ha sido relegado por los chavistas, acusado de oportunista.

Más recientemente, teóricos de la revolución como Haiman El Troudi y el español Juan Carlos Monedero, pretenden conceptualizar el socialismo del siglo XXI apelando otra vez a las teorías de Marx.

Con casi media docena de libros publicados sobre el tema, El Troudi y Monedero preconizan la necesidad de desarrollar "modos de producción no capitalista donde la obtención de bienes y servicios se orienten a la producción de valores de uso", promueven el trueque como alternativa para romper la lógica económica del capitalismo y denuncian que la producción orientada la ganancia material esconde las relaciones sociales que hay detrás del proceso. (¿?) Tal formulación, más que un atavismo ideológico, parece esconder un fraude conceptual. Ambos académicos insisten en las teorías del valor, la plusvalía y la explotación pero reconocen que, al menos en una etapa de transición, no puede plantearse la socialización de todos los medios de producción.

Ninguno de los dos ha logrado formular un método para calcular el valor de uso de los bienes y admiten que por ahora el sistema más eficiente es el mercado. Pero al reconocer el derecho a un cierto ámbito para la propiedad privada en la economía, pese a postular que sólo el trabajo genera valor, intrínsicamente avalan la supuesta explotación del hombre por el hombre.

Entrampados en este punto y ante la imposibilidad de encontrarle una definición al socialismo del siglo XXI, optan por explicar lo que no es: "ni capitalista de Estado, ni totalitario, ni practicante de un excesivo centralismo democrático, ni mesiánico-paternalista, ni armamentista, ni ateo, ni unipartidista, ni extrapolador de modelos", dice El Troudi.

MÁS DE LO MISMO

Salvo en su formulación inicial, la mano invisible del mercado descrita por Adam Smith no pudo escapar a la intervención del Estado. No en vano las primeras leyes antimonopolio y contra la competencia desleal en el mundo surgieron, no en países socialistas sino en la expresión más acabada del capitalismo:
EEUU. Ambas leyes se hicieron no para acabar con el mercado sino para garantizar su eficiente funcionamiento.

¿Hasta qué punto la intervención del Estado hace a una sociedad socialista? A partir de John Maynard Keynes se desarrollaron las políticas fiscales y monetarias de las naciones y en consecuencia se le dio luz verde a la injerencia del Estado en la economía. En EEUU, donde las tarifas de los servicios públicos y las tasas de interés (es decir, el margen de ganancia) están reguladas por el Estado, nadie habla de socialismo.

Al no tratarse de un sistema económico, según Emeterio Gómez, el socialismo sólo puede entenderse en dos vertientes: la redistribución de la riqueza y la democratización de los medios para la generación de esa riqueza.Pero la lógica económica siempre será la misma.

Al final, con el proyecto de reforma, el socialismo del siglo XXI sigue siendo lo de siempre: un capitalismo de Estado con altas dosis de intervención estatal discrecional que en lo político, al proclamar un sistema "socialista", una constitución "socialista", una Fuerza Armada que se declara "socialista", y contar con un partido oficialista que expresa la filosofía del Estado, sirve la mesa a la autocracia.







TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Agosto 2007  >>
LMMiJVSD
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31   

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog